Donde se detiene el miedo

Capítulo 12: ¿Y si me quedo?

Luna no esperaba que ese día se torciera.

Era sábado por la tarde y, por primera vez en mucho tiempo, se sentía bien.

Ligera.

Como si el mundo, por fin, le estuviera dando tregua.

Había quedado con Eren para caminar por los callejones menos turísticos, los que huelen a humedad y a historia vieja, los que se cruzan con canales estrechos y balcones llenos de ropa colgada.

Nada especial, nada planeado.

Solo eso.

Caminar. Hablar. Estar.

Y para Luna, eso ya era mucho.

Eren la esperaba en la esquina del embarcadero, apoyado en una farola con las manos en los bolsillos y esa media sonrisa que parecía guardada solo para ella.

—Hoy no hay casco rosa —bromeó al verla.

—Una lástima, lo echaba de menos —respondió, y le sorprendió lo fácil que le salía ahora bromear con él.

Caminaron sin prisa. Se reían.

Hablaban de todo y de nada.

Luna no recordaba la última vez que se había sentido cómoda con un chico sin fingir nada.

Sin tener que disimular miedo.

Sin medir cada palabra.

Y entonces, sin previo aviso, el pasado decidió aparecer.

---

Lo vio de lejos.

Al principio pensó que era una coincidencia. Una ilusión. Una mala jugada de la memoria.

Pero no.

Tom.

Cruzando la calle, con ese andar arrogante que reconocería aunque tuviera los ojos cerrados.

El mismo abrigo negro.

El mismo pelo perfectamente desordenado.

El mismo gesto de superioridad.

Y lo peor: los mismos ojos.

Vacíos.

Fríos.

Peligrosos.

Luna se quedó paralizada.

Sintió que el aire se volvía más espeso.

Que las piernas no le respondían.

Que el corazón le golpeaba el pecho como si quisiera salir corriendo sin ella.

Eren se dio cuenta enseguida.

—¿Qué pasa? —preguntó, acercándose un poco más.

—No... no es nada —murmuró Luna, sin mirarlo.

Pero Tom ya los había visto.

Y, como siempre, fue directo.

Se acercó con esa sonrisa de lobo disfrazado de cordero.

Miró a Eren de arriba abajo y luego se centró en ella.

—Vaya, Luna Ferrara... Pensé que no te gustaban los chicos con pintas de héroe frustrado —dijo, con veneno en cada palabra.

Eren no respondió. Solo la miró.

Esperando.

—Vete, Tom —susurró Luna, sin fuerzas para alzar la voz.

—¿Y dejarte en tan buena compañía? Vamos, no seas ingrata. ¿No le has contado lo mucho que llorabas por mí? ¿Las noches en las que no podías respirar? ¿Las veces que...?

—¡He dicho que te vayas! —gritó, por fin, temblando.

Y Eren dio un paso al frente.

—Tienes cinco segundos para irte, antes de que me olvide de que no vale la pena ensuciarme las manos contigo —dijo Eren, con una calma tan peligrosa que hizo que incluso Tom vacilara.

El exnovio la miró una última vez.

Con rabia.

Con ese desprecio tan familiar.

Pero se fue.

Desapareció entre la gente.

Como si nunca hubiera estado.

---

Luna no se movía.

Sentía el cuerpo congelado.

La boca seca.

Los ojos al borde.

Eren no dijo nada. Solo se acercó.

No para abrazarla.

No para consolarla.

Solo para estar ahí.

—¿Estás bien? —preguntó, bajito.

Luna asintió, aunque era mentira.

Y en ese instante, algo dentro de ella se rompió.

O tal vez se liberó.

Lo miró.

Y se encontró con esos ojos marrones que tanto había evitado mirar por miedo.

Y esta vez no desvió la mirada.

—Gracias —dijo, apenas audible.

Eren solo asintió.

Y entonces, sin pensarlo, sin calcularlo, sin planearlo…

Lo besó.

Fue un beso corto.

Inocente.

Suave.

Pero lleno de cosas que no se dijeron.

De miedos.

De cicatrices.

De promesas que todavía no eran promesas… pero podían serlo.

Cuando se separaron, ninguno dijo nada.

Eren la miró con esa mezcla de sorpresa y ternura que solo alguien herido puede ofrecer.

Y Luna, con la voz temblorosa pero firme, dijo:

—No sé si estoy lista.

Eren la miró sin prisa.

—Yo tampoco. Pero aquí estoy.

Y por primera vez, en mucho tiempo…

Luna no quiso irse.




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