Donde se detiene el miedo

Epílogo: Algunas cosas no se apagan

Han pasado 47 días.

Desde que me dijeron que Eren no volvería.

Todavía no sé cómo se sobrevive a algo así.

Hay mañanas en las que me cuesta respirar.

Y noches en las que me despierto creyendo que todo fue una pesadilla.

Pero no lo fue.

Murió.

Murió una tarde cualquiera.

Después de darme un beso suave, después de prometerme que no correría, después de subir a esa moto que tanto amaba.

Murió porque alguien no frenó.

Porque alguien no miró.

Porque la vida a veces no tiene justicia.

Dicen que fue instantáneo.

Que no sufrió.

Que ni siquiera tuvo tiempo de sentir miedo.

Como si eso debiera consolarme.

Pero no lo hace.

Lo único que me consuela, a veces, es saber que me amó.

Que nos amamos.

No por mucho tiempo.

No como los libros o las películas.

Pero de verdad.

Me enseñó que podía ser yo, con todo lo roto.

Que podía hablar.

Llorar.

Y aún así, ser amada.

Y eso… eso no se borra.

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Mía sigue ingresada.

Sigue con altibajos, aunque ahora sonríe más.

El otro día me pidió que le llevara uno de los libros que Eren estaba leyendo.

Dice que necesita entender qué había en su cabeza.

Ara va a verla casi a diario, aunque no lo diga.

Y Mía… Mía la busca con los ojos incluso cuando no se atreve a nombrarla.

Bruno y Lorenzo intentan mantenernos a flote.

Organizan cenas.

Nos recuerdan que reír también es memoria.

Yo he vuelto a dibujar.

Lo hago todas las noches.

A veces bocetos sin sentido, otras veces retratos de Eren que solo yo reconozco.

Guardo su casco.

El rosa.

El mío.

No sé por qué.

Supongo que porque alguna parte de mí no quiere soltarlo del todo.

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El amor no siempre es para siempre.

A veces llega tarde.

A veces se va demasiado pronto.

Pero Eren…

Él fue real.

Fue presente.

Fue bueno.

Y aunque no esté, aunque la vida siga con su ruido, su velocidad, sus accidentes…

él se queda.

En mis recuerdos.

En mis cicatrices.

En mi forma de seguir respirando.

En cada vez que me atrevo a querer sin esconderme.

Lo amé.

Lo amo.

Y aunque el mundo siga girando,

yo no lo olvidaré.

Porque hay personas que, incluso cuando se van,

nos salvan para siempre.




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