Dave despertó al día siguiente con la sensación de no haber descansado.
Permaneció algunos minutos mirando el techo.
Durante unos segundos no recordó por qué sentía aquella presión en el pecho.
Entonces regresó todo.
El estudio.
Su padre.
La bofetada.
Y aquellas palabras.
Hubo momentos en los que deseé que ella estuviera viva en lugar de ti.
Dave cerró los ojos.
Había pasado toda su vida sospechándolo.
Debería haber sido un alivio saber finalmente la verdad.
No lo era.
Se levantó y entró al baño.
Dejó que el agua caliente cayera sobre su cuerpo mientras intentaba pensar en cualquier otra cosa.
Funcionó.
Solo que su cabeza eligió precisamente aquello en lo que tampoco quería pensar.
Jason.
El parque.
Sus brazos alrededor de él mientras lloraba.
La cena.
Aquella sonrisa poco frecuente.
El abrazo frente a las escaleras.
Y finalmente su voz.
Voy a cuidar de ti.
Dave apoyó ambas manos contra la pared de la ducha.
—Dios…
No entendía qué le estaba ocurriendo.
Cuando Jason se acercaba demasiado, lo notaba.
Cuando lo miraba, también.
Y cuando Lola hablaba de lo atractivo que era, sentía unas ganas completamente irracionales de hacerla callar.
Aquello ya no podía atribuirlo al alcohol.
Ni al dolor.
Ni a los medicamentos.
Jason le atraía.
Solo reconocerlo dentro de su propia cabeza consiguió acelerarle el corazón.
Dave cerró el agua.
No.
No quería pensar en eso.
Toda su vida había escuchado exactamente qué opinaba su padre de hombres que se relacionaban con otros hombres. Había aprendido desde niño que existía una línea que no debía cruzar.
Pero una pregunta apareció inmediatamente.
¿Por qué seguía permitiendo que su padre decidiera también eso?
Dave apretó los labios.
No tenía respuesta.
Y tampoco quería encontrarla aquella mañana.
Tomó una toalla.
—Solo es atractivo —murmuró para sí mismo—. Nada más.
Sonaba bastante sencillo.
El problema era que comenzaba a sospechar que estaba mintiéndose.
Jason terminó la última serie de flexiones y se quedó unos segundos apoyado sobre las manos.
Había dormido poco.
No por el trabajo.
Por Dave.
El abrazo de la noche anterior había regresado varias veces a su cabeza.
También las palabras que había pronunciado sin pensarlo demasiado.
Voy a cuidar de ti.
Era cierto.
Ese era exactamente su trabajo.
Había repetido variaciones de aquella frase durante años.
Estará seguro.
Yo me encargo.
No se preocupe.
No significaban nada fuera de lo profesional.
Con Dave había sonado diferente.
Jason se incorporó.
No le gustaba analizar sentimientos que no comprendía.
Había aprendido hacía años que algunas puertas funcionaban mejor cerradas.
Madison ocupaba una de ellas.
Su hijo, otra.
Después de perderlos, había conseguido construir una vida ordenada.
Trabajo.
Familia a cierta distancia.
Contratos.
Nada que pudiera acercarse lo suficiente como para arrancarle algo nuevamente.
Había conocido mujeres.
Algunas le habían gustado.
Había salido con ellas una, dos, quizá tres veces.
Nunca más.
Cuando alguna conversación empezaba a parecerse demasiado a una relación, Jason encontraba una manera de desaparecer.
Era mejor así.
No era feliz.
Pero podía funcionar.
Y durante mucho tiempo había confundido ambas cosas.
Jason miró la hora.
Dave tenía clases dentro de una hora.
Entró a la ducha.
Aquella mañana tenía cosas bastante más importantes que hacer que preguntarse por qué un muchacho de veintiún años comenzaba a ocupar demasiado espacio dentro de su cabeza.
Dave estaba en la sala cuando Jason bajó.
Tenía el teléfono cerca del rostro y escuchaba un audio.
La voz de uno de sus amigos llenó el espacio.
—¡Dave! La fiesta de Ara es este fin de semana. Va a ser en la casa de playa de sus padres. Tienes que ir. Ya está todo organizado.
Dave presionó el botón para responder.
—No sé. No estoy de humor. Todavía faltan varios días, luego les digo.
Envió el mensaje.
Se quedó mirando la pantalla.
Normalmente, no habría tenido ninguna duda.
Fiesta.
Casa de playa.
Alcohol.
Dos noches fuera.
Era exactamente el tipo de plan que siempre aceptaba antes de preguntar siquiera quién asistiría.
Ahora no tenía tantas ganas.
Lo ocurrido con su padre seguía demasiado reciente.
Y después de la noche del asalto, la idea de volver a beber hasta perder la noción de lo que ocurría a su alrededor ya no parecía tan divertida.
—¿Estás listo?
Dave levantó la cabeza.
Jason estaba frente a él.
Camisa oscura.
Pantalón negro.
Cabello todavía ligeramente húmedo.
Dave lo observó un segundo.
Después otro.
—Sí.
Se levantó demasiado rápido.
—Vamos.
Jason tomó las llaves.
Dave caminó hacia la salida intentando ignorar que acababa de confirmar, una vez más, que su guardaespaldas le parecía demasiado atractivo.
El trayecto hasta la universidad fue silencioso.
Jason lo observó un par de veces de reojo.
Dave miraba por la ventana.
—¿Estás bien?
—Sí.
Respuesta automática.
Jason no insistió.
—Si necesitas regresar antes, me llamas.
Dave lo miró.
—Lo sé.
—Estaré cerca.
—También lo sé.
Jason estacionó frente al edificio.
Dave tomó su mochila.
—Nos vemos después.
—Dave.
Él se volvió.
Jason parecía querer decir algo.
Finalmente, solo hizo un gesto con la cabeza.
—Que tengas un buen día.
Dave sintió una pequeña sonrisa aparecer.
—Tú también.