Donde Termina El Deber

12

Jason permaneció sentado frente al mar mucho después de que Dave dejara de hablar.

El joven se había quedado dormido contra su hombro.

La música de la fiesta apenas llegaba hasta ellos, ahogada por el sonido constante de las olas.

Jason debería haberlo despertado.

Llevarlo al hotel.

Comprobar que Lola estuviera bien y terminar la noche.

En lugar de hacerlo, seguía allí.

Mirándolo.

Dave respiraba tranquilamente, con la cabeza apoyada contra él y parte del cabello todavía húmedo por la caída en la piscina.

Jason bajó la vista.

Y volvió a recordar el beso.

Sam acercándose.

La mano sobre la cintura de Dave.

Los labios de ambos juntos.

La rabia que había sentido.

No.

Rabia no.

Jason conocía perfectamente la rabia.

Aquello había sido otra cosa.

Algo más incómodo.

Más irracional.

Celos.

La palabra apareció en su cabeza y la rechazó inmediatamente.

—Ridículo —murmuró.

Dave se movió ligeramente contra él.

Jason quedó inmóvil.

Había pasado años protegiendo personas. Había visto clientes casarse, separarse, tener amantes, discutir con parejas y cambiar de relación tantas veces que había dejado de prestar atención.

Nunca le había importado.

Entonces ¿por qué demonios le había importado Dave?

Además, ni siquiera sabía qué significaba para el joven aquel beso.

Dave mismo había admitido que estaba descubriendo esa parte de sí.

Jason cerró los ojos.

Ese no era siquiera el verdadero problema.

El problema era él.

Jamás se había sentido atraído por un hombre.

Nunca.

No tenía prejuicios al respecto. Simplemente no había ocurrido.

Hasta Dave.

Abrió los ojos.

La mirada se le fue involuntariamente hacia su rostro.

Después hacia sus labios.

Y apareció una pregunta que consiguió tensarle todo el cuerpo.

¿Qué se sentiría besarlo?

Jason apartó inmediatamente la vista hacia el océano.

—Mierda.

Aquello sí era un problema.

Dave era su cliente.

Tenía veintiún años.

Él estaba allí para protegerlo.

No para preguntarse cómo sabrían sus labios.

Dave volvió a acomodarse contra él.

Jason soltó lentamente el aire.

Tenía que detener aquello antes de que comenzara.

El problema era que no tenía idea de cómo hacerlo.

Dave abrió los ojos con dificultad.

Lo primero que percibió fue una habitación desconocida.

Lo segundo, calor.

Mucho.

Frunció el ceño.

Giró la cabeza.

Y se quedó completamente inmóvil.

Jason dormía a su lado.

Dave tardó varios segundos en comprender la situación.

Hotel.

Fiesta.

Playa.

Alcohol.

Sam.

El beso.

Jason.

Recordó haberse quedado dormido junto al mar.

Después nada.

Debía haberlo llevado hasta allí.

Dave intentó incorporarse.

No pudo.

Un brazo de Jason descansaba alrededor de su cintura.

Abrió ligeramente los ojos.

No puede ser.

Probó retirándose despacio.

Jason respondió dormido acercándolo todavía más.

Dave terminó con la espalda pegada contra su pecho.

Su corazón comenzó a golpearle las costillas.

—Jason…

Nada.

—Jason.

El brazo continuaba allí.

—Jason, necesito levantarme.

Un sonido incomprensible fue toda la respuesta.

Dave cerró los ojos.

—Por favor. Necesito ir al baño.

Jason abrió finalmente los ojos.

Durante unos segundos pareció no comprender dónde estaba.

Después miró a Dave.

Luego su propio brazo.

Lo retiró inmediatamente.

—Perdón.

Dave se sentó.

—Buenos días.

—Buenos días.

Ambos evitaron mirarse.

Dave se levantó y prácticamente huyó hacia el baño.

Solo cuando cerró la puerta apoyó ambas manos sobre el lavabo.

—Dios…

Habían dormido abrazados.

No quería ni imaginar lo que Lola diría cuando se enterara.

Cuando Dave salió, Jason ya estaba de pie.

—Voy a bañarme.

—Claro.

—Después podemos desayunar antes de regresar.

Dave asintió.

—Perfecto.

Jason desapareció en el baño.

Dave observó la puerta cerrada.

Todo parecía normal.

Jason no estaba actuando diferente después de haberlo visto besar a Sam.

No parecía incómodo.

No parecía rechazarlo.

Aquello debería haberlo tranquilizado.

Entonces ¿por qué una parte de él deseaba que hubiera algo diferente?

Encontraron un restaurante pequeño frente al mar.

Antes de llegar, Dave llamó a Lola.

—¿Dónde estás?

Su prima respondió con una voz que parecía venir directamente del más allá.

—En casa de Ara.

Dave rio.

—¿Te quedaste con Michael?

Hubo una respuesta ininteligible.

—No quiero detalles.

Otra queja.

—Vamos a desayunar. ¿Quieres algo?

Pausa.

—Sí, ya sé que tienes resaca.

Jason sonrió mientras conducía.

Dave lo vio de reojo.

—Bueno, te recogemos en un rato. Y báñate antes.

La respuesta de Lola fue ofensiva.

—Yo también te quiero. Adiós.

Colgó.

—¿Sobrevivió? —preguntó Jason.

—Apenas.

—Eso cuenta.

Dave sonrió.

El camino transcurrió entre conversaciones pequeñas.

Jason comenzó a hablar sobre el mar. Algunas zonas que había conocido durante sus años de servicio, animales que había visto, costas que todavía recordaba.

Dave escuchaba fascinado.

Le gustaba cuando Jason hablaba de sí mismo.

No ocurría demasiado.

Cuando lo hacía, parecía transformarse.

La dureza de su expresión disminuía y aparecía algo del hombre que quizá había sido antes de que la vida le quitara tantas cosas.

Dave lo miró.

Demasiado.

Jason giró ligeramente.

Dave volvió inmediatamente hacia la ventana.

El mar se extendía junto a la carretera.




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