Los meses habían pasado más rápido de lo que Dave habría imaginado.
Desde aquella tarde en el bosque, su relación con Jason había cambiado por completo.
Y, al mismo tiempo, para todos los demás seguía exactamente igual.
Jason continuaba siendo su guardaespaldas.
Lo llevaba a la universidad.
Lo acompañaba cuando salía.
Revisaba horarios, vehículos, accesos y cualquier detalle que pudiera afectar su seguridad.
Delante de Elizabeth, Constanza o cualquier otra persona, la distancia entre ambos era perfectamente profesional.
Pero cuando estaban solos…
Era diferente.
Una mirada podía durar demasiado.
Una mano encontraba discretamente a la otra debajo de una mesa.
A veces, cuando Jason estacionaba frente a la universidad y no había nadie cerca, Dave robaba un beso antes de bajar del automóvil.
Otras noches se escabullía hasta la habitación de Jason cuando toda la casa estaba en silencio.
No siempre ocurría algo.
La mayoría de las veces hablaban.
Veían películas.
Dave estudiaba mientras Jason leía.
En ocasiones simplemente permanecían acostados uno junto al otro.
Era extraño que algo tan sencillo pudiera hacerlo sentir tan feliz.
Ni siquiera Lola sabía la verdad.
Dave había pensado muchas veces en contárselo.
Sabía que su prima probablemente gritaría, saltaría y después le recordaría durante meses que había tenido razón.
Pero todavía quería conservar aquello un poco más.
Solo para ellos.
Un lugar en el que no existieran su padre, las opiniones de los demás ni las preguntas sobre qué iba a ocurrir en el futuro.
Solo Dave y Jason.
Aquella noche, Dave terminó de estudiar mucho después de la medianoche.
Los exámenes finales estaban consumiendo prácticamente todo su tiempo.
Cerró el último libro.
Miró la hora.
Después miró hacia la puerta.
Sonrió.
Cinco minutos más tarde caminaba silenciosamente por el corredor.
Se detuvo frente a la habitación de Jason y entró con cuidado.
La luz estaba apagada.
—¿Jason?
Nada.
Dave cerró la puerta detrás de él.
—¿Ya te dormiste?
Se acercó a la cama.
Jason permanecía de lado, con los ojos cerrados.
Dave hizo una pequeña mueca.
—Bien.
No quería despertarlo.
Se volvió para marcharse.
Una mano atrapó su muñeca.
—¿Ya te ibas?
Dave apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Jason tiró suavemente de él y terminó cayendo sobre la cama.
—¡Jason!
La risa del mayor quedó muy cerca de su rostro.
—Pensé que querías verme.
—Pensé que estabas dormido.
—Estaba descansando los ojos.
—Eso es exactamente lo que dice la gente cuando se queda dormida.
Jason rodeó su cintura.
—Te extrañé hoy.
La frase consiguió borrar cualquier intención de continuar discutiendo.
Dave sonrió.
—Yo también.
—Casi no te vi.
—Los finales están acabando conmigo.
—Te dije que podías estudiar aquí.
—Y no estudiaría nada.
Jason levantó una ceja.
—¿Por qué?
Dave lo miró como si la respuesta fuera evidente.
—Porque estás tú.
Jason sonrió.
—Eso suena como un problema de concentración.
—Exactamente.
Dave acarició lentamente su rostro.
Jason llevaba algunos días sin afeitarse completamente.
Le gustaba.
Pasó los dedos por su mandíbula.
—Me gusta así.
—¿La barba?
Dave asintió.
—Raspa.
—Eso normalmente sería una queja.
—No para mí.
Jason inclinó ligeramente la cabeza y rozó su mejilla contra la de Dave.
El joven soltó una pequeña risa.
—¡Jason!
—¿No que te gustaba?
—Sí, pero…
No terminó.
Jason lo besó.
Dave respondió inmediatamente.
Al principio fue lento.
Habían aprendido durante aquellos meses a besarse sin la urgencia de las primeras veces.
Pero esa noche algo cambió.
Quizá porque llevaban varios días sin tener un momento realmente solos.
Quizá porque ambos habían estado conteniendo demasiado.
Dave rodeó el cuello de Jason con los brazos.
El beso se hizo más profundo.
Jason lo acercó contra su cuerpo.
Dave sintió la mano del mayor recorrer su espalda por debajo de la camisa.
El contacto de sus dedos directamente sobre la piel le provocó un escalofrío.
—Jason…
Él volvió a besarlo.
Dave respondió con más necesidad.
Jason cambió de posición cuidadosamente hasta quedar sobre él.
Se detuvo un instante.
—¿Estás bien?
Dave abrió los ojos.
—Sí.
—¿Seguro?
—Sí.
Lo atrajo nuevamente.
—Bésame.
Jason obedeció.
Los cuerpos quedaron cada vez más cerca.
Dave podía sentir el calor del hombre sobre él y aquella cercanía despertaba cosas que llevaba meses intentando comprender.
Ya no era únicamente curiosidad.
Lo deseaba.
Y saber que Jason también tenía que contenerse lo hacía sentir todavía más.
Dave escondió los dedos entre su cabello.
—Jason…
El mayor se apartó apenas.
—¿Qué?
Dave estaba completamente sonrojado.
Dudó.
—Quiero estar contigo.
Jason permaneció inmóvil.
Sabía perfectamente lo que significaba.
—Dave…
—No estoy diciendo algo que no quiera.
—Lo sé.
—Entonces…
Jason cerró los ojos unos segundos.
Deseaba decir que sí.
Su cuerpo definitivamente quería hacerlo.
Pero aquella no podía ser una decisión tomada únicamente porque ambos estaban demasiado excitados para pensar.
Era la primera relación de Dave con un hombre.
También sería la primera experiencia de Jason con otro hombre.
Y para él aquello significaba mucho más que simplemente llegar hasta el final.
Abrió los ojos.
—No esta noche.
La expresión de Dave cambió.