Donde Termina El Deber

16

El olor fue lo primero que Dave percibió cuando recuperó completamente la conciencia.

Humedad.

Alcohol rancio.

Tuberías.

Y algo más desagradable que prefirió no identificar.

Sintió una arcada.

La tela que cubría su boca le impidió respirar con normalidad y durante unos segundos tuvo que concentrarse únicamente en no vomitar.

Cerró los ojos.

Respira.

Por la nariz.

Despacio.

Otra vez.

Cuando consiguió controlar las náuseas intentó observar alrededor.

Había poca luz.

Una bombilla vieja colgaba en algún punto lejano y apenas alcanzaba a iluminar parte de la habitación.

Parecía un almacén.

Cajas.

Botellas.

Estanterías metálicas.

Por encima de él llegaba el sonido amortiguado de música.

Graves.

Risas.

Personas.

Un bar.

Dave intentó gritar.

El sonido murió detrás de la mordaza.

Nadie podría escucharlo con semejante ruido arriba.

Movió las manos.

Un dolor intenso atravesó sus muñecas.

Estaban atadas detrás de él alrededor de una tubería gruesa pegada a la pared.

Volvió a forcejear.

Inútil.

—Mmm…

El movimiento hizo que otro dolor apareciera en el costado.

Mucho peor.

Dave se quedó completamente quieto.

Le costaba respirar profundamente.

Cada vez que lo intentaba, una punzada recorría sus costillas.

No sabía si tenía algo roto.

Recordaba los golpes.

Demasiados.

Recordaba también el automóvil.

Su padre conduciendo.

La discusión.

Todo había ocurrido tan rápido.

—Necesitas entender que hay cosas de mis negocios que se complicaron —había dicho Jon.

Dave lo observó desde el asiento del copiloto.

—¿Por eso me sacaste de casa sin decirme a dónde íbamos?

—No quiero que Elizabeth se involucre.

—Entonces ¿por qué me involucras a mí?

Jon apretó las manos sobre el volante.

—Porque esto también puede afectarte.

Aquello consiguió que Dave dejara de mirar por la ventana.

—¿Qué significa eso?

Su padre no respondió.

—Papá.

—Hay unas personas con las que hice negocios.

—¿Qué personas?

—No importa.

—Si pueden afectarme, sí importa.

Jon soltó el aire con frustración.

—Son rusos.

Dave sintió algo incómodo en el estómago.

Inmediatamente recordó los comentarios de Elizabeth sobre los negocios de su padre.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—Cuando tú dices “nada” normalmente significa exactamente lo contrario.

—Dave.

—¿Te están amenazando?

Jon permaneció callado.

Eso fue suficiente.

—Ve a la policía.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque no entiendes cómo funciona esto.

—Entonces explícame.

Jon aceleró ligeramente.

—Estoy intentando arreglarlo.

—¿Arreglar qué?

—Déjalo.

—¡Me sacaste de casa para decirme que unos tipos peligrosos pueden involucrarme y ahora quieres que lo deje!

—¡Cállate un momento!

Dave se quedó mirándolo.

—No vuelvas a gritarme.

Jon respiró profundamente.

—Solo necesito reunirme con alguien.

—¿Y yo para qué estoy aquí?

Su padre no respondió.

Dave comenzó a sentir verdadero miedo.

—Detén el auto.

—Dave…

—Quiero regresar.

—No podemos.

—¿Por qué?

Entonces aparecieron los vehículos.

Uno adelante.

Otro detrás.

El corazón de Dave se detuvo.

—Papá…

Jon pisó el freno.

El automóvil delantero se atravesó sobre la carretera.

El segundo bloqueó la salida.

—Mierda.

Dave apenas tuvo tiempo de entender.

Varios hombres descendieron.

Armas.

Gritos.

Una puerta abriéndose.

Alguien lo sujetó.

—¡Suéltenme!

Intentó golpear.

Una mano lo lanzó contra el vehículo.

El dolor explotó en su costado.

Escuchó a su padre gritando.

—¡Él no tiene nada que ver!

—Entonces paga.

Una voz con fuerte acento.

—Te dimos tiempo, Anderson.

—Tendrán el dinero.

—Ya no creemos tus promesas.

Dave intentó levantarse.

Dos hombres lo sujetaron.

—¡Déjenlo! —gritó Jon.

Otro golpe.

Dave vio a su padre caer.

—¡Papá!

Intentó llegar hasta él.

No pudo.

—¡Papá!

Uno de los hombres lo arrastró hacia una camioneta negra.

Jon permanecía en el suelo.

Inmóvil.

Dave gritó hasta que un golpe terminó con todo.

Ahora estaba allí.

No sabía cuánto tiempo había pasado.

Horas, seguramente.

Tal vez un día.

No tenía teléfono.

No sabía dónde estaba.

Nadie sabía dónde encontrarlo.

Entonces pensó en Jason.

La noche anterior.

Sus brazos.

Su voz.

Tenemos tiempo.

Dave sintió que los ojos comenzaban a arder.

—Jason…

El nombre apenas consiguió atravesar la tela.

Cerró los ojos.

No.

No podía pensar que quizá nunca volvería a verlo.

No podía.

Su abuela estaría desesperada.

Constanza.

Lola.

Y Jason…

Jason encontraría la nota.

Sabía que había salido con su padre.

Lo buscaría.

Dave se aferró a aquella idea.

Me encontrará.

Tenía que creerlo.

Porque si dejaba de hacerlo, el miedo terminaría por destrozarlo.

Una lágrima bajó por su mejilla.

—Por favor…

No sabía si se lo decía a Jason, a Dios o a cualquiera que pudiera escucharlo.

—Encuéntrame.

Jason sentía que el tiempo se había convertido en su enemigo.

Cada minuto sin noticias era uno más en el que podían estar haciéndole algo a Dave.

Habían pasado toda la noche buscando en la zona donde encontraron a Jon.

Nada.

Ninguna señal del joven.

Ningún teléfono.

Ningún objeto personal.

Los agentes habían ampliado la búsqueda mientras otros revisaban cámaras, matrículas y llamadas.




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