Donde Termina El Deber

17

Jason llegó a la zona poco después de recibir la dirección.

El lugar no parecía particularmente diferente a decenas de bares que había conocido durante años de trabajo.

Un edificio apartado.

Estacionamiento amplio.

Música que podía escucharse incluso desde la carretera.

Personas entrando y saliendo.

Nada que, a simple vista, indicara lo que podía ocurrir detrás de aquellas paredes.

Pero Jason sabía que las apariencias no significaban nada.

El inspector ya había recibido toda la información de Jon y varios agentes vigilaban el lugar desde distintos puntos.

—No podemos entrar sin saber si Anderson está ahí —le explicó—. Si tienen gente armada y descubren movimiento policial, podrían trasladarlo.

Jason apretó la mandíbula.

Cada minuto le parecía demasiado.

—Entonces confirmen que está ahí.

—Eso estamos haciendo.

Jason miró hacia el establecimiento.

—Yo puedo reconocerlo.

El inspector lo observó.

—Y usted no es policía.

—Soy el hombre que lleva meses protegiéndolo.

—Precisamente por eso no está pensando con claridad.

Jason sostuvo su mirada.

Tal vez tuviera razón.

Pero no pensaba quedarse dentro de un automóvil mientras Dave podía estar a pocos metros.

—No voy a provocar nada —respondió—. Solo necesito verlo.

El inspector soltó el aire.

—Si entra, no hace nada. Observa y sale.

Jason asintió.

—Entendido.

Aunque no estaba completamente seguro de poder cumplirlo si encontraba a Dave en peligro.

Entró algunos minutos después.

El ambiente era pesado.

Música.

Alcohol.

Luces bajas.

Demasiadas personas para analizar a todas con rapidez.

Jason se acercó a la barra y pidió una cerveza que no tenía intención de beber.

Se obligó a aparentar tranquilidad.

Observó.

Una entrada lateral.

Dos hombres cerca de ella.

Otro junto a una escalera que descendía.

Seguridad excesiva para un simple bar.

Jason permaneció allí.

Diez minutos.

Veinte.

El tiempo parecía avanzar deliberadamente despacio.

Entonces vio entrar a cinco hombres.

No encajaban con el resto.

Trajes oscuros.

Ninguno parecía interesado en beber.

Hablaron brevemente con uno de los hombres de seguridad.

Después descendieron por la escalera.

Jason sintió que cada músculo de su cuerpo se tensaba.

Sacó discretamente el teléfono.

Cinco hombres acaban de bajar al sótano.

Envió el mensaje al inspector.

La respuesta llegó poco después.

Estamos listos. No intervenga.

Jason guardó el teléfono.

Esperó.

Pero la sensación en su pecho empeoraba con cada segundo.

—Despierta, princesa.

Algo golpeó el pie de Dave.

Abrió los ojos.

Tardó unos segundos en recordar dónde estaba.

Entonces todo volvió.

Las ataduras.

El dolor.

El hombre.

La amenaza.

Levantó la cabeza.

Había varias personas frente a él.

Cinco hombres que no había visto antes.

Uno de ellos era considerablemente mayor.

Cabello gris.

Traje perfectamente ajustado.

Lo observó como si Dave fuera un objeto colocado frente a él para ser evaluado.

Dave sintió náuseas.

—¿Es él? —preguntó el hombre.

El ruso que había entrado anteriormente asintió.

—Anderson.

El hombre mayor se acercó.

Dave retrocedió hasta donde la tubería se lo permitió.

—No me toque.

El desconocido sonrió.

—Tiene carácter.

—Váyase al demonio.

La sonrisa se hizo mayor.

—Sí. Servirá.

Dave sintió un escalofrío.

Uno de los hombres sacó un sobre y se lo entregó al ruso.

—Negocio terminado.

Dave abrió los ojos.

—¿Qué?

Nadie le respondió.

Dos hombres se acercaron.

Dave comenzó a luchar.

—¡No me toquen!

Uno intentó sujetarlo.

Dave levantó una pierna y consiguió golpearlo.

—¡Hijo de…!

El hombre se abalanzó sobre él.

—¡Suéltenme!

Dave pateó nuevamente.

No iba a facilitarles nada.

Aunque estuviera muerto de miedo.

Aunque le doliera cada parte del cuerpo.

Uno de ellos consiguió sujetar sus piernas.

Otro apareció con una jeringa.

Dave sintió verdadero pánico.

—¡No!

Forcejeó.

—¡NO!

La aguja entró en su brazo.

Dave intentó seguir luchando.

El cuerpo comenzó a responder cada vez más lentamente.

La habitación se movió.

—Jason…

No sabía si había pronunciado el nombre o únicamente lo había pensado.

Intentó mantener los ojos abiertos.

Vio el rostro de su abuela.

A Lola.

Después a Jason.

El bosque.

La cocina.

Una cama.

Un beso.

Tenemos tiempo.

Los ojos finalmente se cerraron.

Jason llevaba casi media hora esperando cuando hubo movimiento.

Los hombres reaparecieron.

Primero dos.

Después otros.

Y finalmente…

Jason dejó de respirar.

Dos hombres transportaban a alguien.

Cabello oscuro.

Cuerpo delgado.

Cabeza caída hacia un lado.

—Dave.

El nombre escapó como un susurro.

Estaba vivo.

Tenía que estarlo.

Jason dio un paso.

Se detuvo.

Había demasiados hombres alrededor.

Si atacaba allí podía provocar exactamente aquello que intentaban evitar.

Sacó el teléfono.

—Lo tienen —dijo en cuanto el inspector respondió.

—¿Confirmado?

—Sí. Están sacándolo. Está inconsciente.

—No intervenga.

Jason vio cómo lo metían en un vehículo.

—Se están moviendo.

—Tenemos unidades preparadas.

—Los sigo.

—Lee…

Jason ya caminaba hacia la salida.

—No pienso perderlo otra vez.

El convoy no regresó hacia la ciudad inmediatamente.

Jason mantuvo suficiente distancia.




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