Donde termina la música

El día en que todo terminó

Nunca pensé que el sonido más fuerte de mi vida sería el silencio.
No los gritos.
No las sirenas.
No siquiera el disparo.
Fue ese segundo exacto después, cuando todo se quedó quieto y entendí que ya era demasiado tarde.
Lía estaba en el suelo.
No sangraba como en las películas. No hubo dramatismo ni música de fondo. Solo su cuerpo inmóvil, su cabello oscuro extendido sobre el mármol frío del salón de fiestas y esos ojos abiertos que ya no me miraban.
Yo había prometido que no iba a pasar.
Había jurado que no la tocarían.
Mis manos temblaban tanto que apenas podía sentirlas. Alguien gritaba mi nombre, pero sonaba lejano, como si viniera de otra vida.
—Álex… —susurró alguien.
Gael.
Mi hermano.
El mismo hermano que acababa de descubrir que yo existía… y que ahora me miraba arrodillado junto al cuerpo de la chica que amaba.
Porque sí, él la amaba.
Y yo también.
El mundo se partió en dos justo ahí.
Horas antes, la escuela estaba llena de luces, risas, vestidos caros y copas que nunca podría pagar. La fiesta de fin de curso era el lugar perfecto para que todo terminara… o para que todo empezara.
Yo sabía que algo iba a salir mal.
Siempre lo supe.
Desde que acepté la beca. Desde que crucé esas rejas blancas fingiendo ser un chico normal. Desde que me reencontré con el rostro de un hermano que no me recordaba.
Desde que me dieron la orden.
“Es ella o sos vos.”
Bruno nunca hablaba de más. Y cuando mandaba a matar a alguien, no había segundas oportunidades.
Yo había intentado retrasarlo. Mentir. Protegerla.
Pero el pasado siempre cobra sus deudas.
Y esta vez, cobró con sangre.
Me acerqué a Lía, apoyé mi frente contra la suya y cerré los ojos con fuerza.
—Perdóname… —susurré, aunque sabía que ya no podía oírme.
Las sirenas comenzaron a acercarse. Los profesores gritaban. La música seguía sonando, absurda, cruel.
Y Gael seguía mirándome como si yo fuera un extraño… o un monstruo.
Tal vez era las dos cosas.
Ese fue el momento exacto en el que entendí algo que me iba a perseguir para siempre:
No importa cuánto intentes huir de quien fuiste,
el pasado siempre encuentra la forma de alcanzarte.
Y cuando lo hace…
arrastra a todos contigo.




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