Donde tú estés

Capítulo 14

En la mañana siguiente

Ariadna: no puedo creer que ya amaneció, pero si cumple su palabra seguramente deberá de venir en camino y además yo todavía no me levanto de mi cama, espero no equivocarme con él.

Ella se levanta de su cama y se dirige al baño a tomar una ducha. Ariadna tiempo después sale para hacerlo con mucho cuidado de no caerse, ella toma su peine para empezarse a peinar su cabello y después de que termina se hace una coleta. Ella se acerca a su clóset y toma la ropa que estaba ganchada para posteriormente cambiarse y menos mal que había terminado antes de que su madre llegara a su recámara, Ariadna escucha que abren la puerta y sabía que era ella

Rebeca: me doy cuenta de que te levantaste más temprano, hija. No quiero que estés nerviosa con su presencia, porque tu padre y yo estaremos a tu lado cuando él llegue.

Ariadna: no se lo pienso demostrar. El día de mi boda está demasiado cerca, aunque él nunca me ame seré su esposa y no puedo esperar a que él lo haga.

Rebeca: siempre quise que tuvieras otro destino. Además, si quieres casarte yo te apoyare, pero no quiero que sufras en la obscuridad de tus ojos.

Ariadna: te prometo ya no sufrir más. Solamente seré su esposa de nombre y después de un tiempo me imagino que el mismo solicitara el divorcio para poder seguir con su vida.

Rebeca: entonces no debes de aceptarlo si eso es lo que piensas de tu futuro matrimonio. No debo de olvidar que en su familia no ha existido el divorcio.

Ariadna: por supuesto que existirá, madre. Ahora quiero que estés feliz por mí, nada más te pido que no le digas nada a mi padre de lo que acabamos de hablar, por favor.

Rebeca: está bien. Respetare tus deseos de casarte y ahora debemos de bajar al comedor a desayunar antes de que tu futuro esposo llegue a pedir tu mano en matrimonio.

Ella sale de su recámara en compañía de su madre sin olvidar su bastón, ellas bajan las escaleras y llegan al comedor para después tomar asiento

Fernando: buenos días, hija. Espero que hayas dormido bien, no me gustaría que te enfermaras, porque el clima de este día te puede hacer mal.

Ariadna: dormí bien y por eso me he levantado temprano. Además, no me he sentido mal y últimamente he tenido una buena salud, porque sé que si me enfermo de la gripa ahora estuviera en mi recámara y no aquí con ustedes.

Fernando: tienes razón. Debemos de desayunar y no se te olvide tomarte tu jugo de naranja y más con este clima que de repente ha comenzado a cambiar.

Ariadna: se perfectamente que tengo bajas las defensas y por eso me lo tomo todos los días en la presencia de mi familia y lo que menos quiero es que me lleven con el doctor.

Ellos empiezan a desayunar, ella iba a extrañar estar con su familia compartiendo estos momentos con ellos. Ariadna sabía que casarse con él sería lo mejor, así sus padres no se preocuparían por ella, nada más que eso lo dudaba y estarían más al pendiente de ella

Abuela: ahora que hemos terminado de desayunar. Debemos de esperar a que llegue el prometido de mi nieta y lo único que falta es que pasemos a la sala.

Fernando: tienes razón, madre. Solamente que esta vez no será nada fácil para él, porque la felicidad de mi única hija está de por medio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.