Donde tu voz aún vive

✨ CAPÍTULO 8

“Como si no pesara nada (otra vez)”
POV: Eleanor Whitmore

Todavía sentía esa ligereza.

Esa sensación de que algo dentro de mí… había cambiado.

Como si una parte que siempre había sido pesada, incómoda, difícil…

se hubiera quedado flotando allá arriba.

—Esto fue increíble —murmuré, caminando a su lado mientras salíamos del ala de simulación—. De verdad. No sé cómo voy a volver a mi vida normal después de esto.

—No tienes que hacerlo de inmediato.

Lo miré.

—Eso suena peligrosamente como una invitación a quedarme aquí para siempre.

—No sería un problema.

Mi corazón—

No.

No vamos a analizar eso.

Seguí caminando.

Intentando parecer una persona funcional.

Spoiler: no lo soy.

Porque en el segundo siguiente—

Mi pie se enredó.

—¡Ah—!

Cables.

Claro.

Porque aparentemente el universo no estaba satisfecho con hacerme flotar… ahora también quería verme caer.

Y caí.

Mal.

El dolor subió desde mi tobillo como una descarga.

—¡Maldición! —solté, apretando los dientes.

—Eleanor.

Alex ya estaba frente a mí.

Agachado.

Evaluando.

Serio.

—Estoy bien —mentí automáticamente.

—No lo estás.

—Estoy perfectamente—

Intenté apoyar el pie.

Error.

Grave error.

—…bien —terminé en un susurro, con la voz rota.

Me quedé quieta.

Respirando.

Intentando no hacer un escándalo.

—Es solo un mal paso —dije rápido—. Nada grave. Puedo caminar.

Intenté dar otro paso.

No pude.

Genial.

—No —dijo él.

—Sí.

—No.

—Alex, en serio, no tienes que—

Y entonces—

Me levantó.

Sin aviso.

Sin esfuerzo.

Sin drama.

Al estilo princesa.

Mi cerebro dejó de funcionar.

—¿QUÉ HACES? —susurré, entrando en pánico inmediato.

—No puedes caminar.

—¡Puedo arrastrarme con dignidad!

—No.

—¡Bájame!

—No.

—¡Hay gente!

—No me importa.

—¡A mí sí!

Pero ya estaba caminando.

Y yo…

yo estaba en sus brazos.

Como si no pesara nada.

Como si fuera fácil.

Como si—

—Alex —dije, completamente roja—. Te juro que puedo caminar.

—No.

—Te juro que esto es innecesario.

—No lo es.

—Te juro que me voy a morir de vergüenza.

—No te vas a morir.

—Eso no ayuda.

Silencio.

Pero no incómodo.

No para él.

Para mí sí.

Mucho.

Demasiado.

—¿Dónde está el doctor? —preguntó a alguien que pasaba.

—Al fondo, a la derecha.

—Gracias.

Seguía caminando.

Seguro.

Rápido.

Decidido.

Como si nada más importara.

Como si yo…

fuera lo único importante.

Y eso…

eso era un problema.

Uno grande.

—No tienes que hacer todo esto —murmuré, más suave esta vez.

—Sí tengo.

—No.

—Sí.

—¿Por qué?

No respondió de inmediato.

Pero sus brazos…

se ajustaron ligeramente.

Más firmes.

Más seguros.

—Porque te lastimaste.

Y ya.

Sin drama.

Sin frases grandes.

Solo eso.

Y fue suficiente para que mi pecho hiciera algo estúpido otra vez.

El consultorio era pequeño.

Simple.

El doctor nos miró.

Luego me miró.

Luego miró a Alex cargándome.

Y sonrió.

NO.

—Ponla aquí —dijo, señalando la camilla.

Alex me bajó con cuidado.

Demasiado cuidado.

Como si fuera frágil.

Spoiler: emocionalmente, sí.

Físicamente… también en este momento.

—¿Qué pasó? —preguntó el doctor.

—Se torció el tobillo —respondió Alex antes de que pudiera abrir la boca.

Claro.

Por supuesto.

¿Por qué hablaría yo?

—Estoy bien —añadí rápidamente—. En serio, no es para tanto.

El doctor ignoró completamente eso.

Traición.

Revisó mi tobillo.

Presionó.

Movió.

Yo hice sonidos poco dignos.

—Duele —confirmé, apretando los dientes.

—Pequeña laceración —dijo finalmente—. Nada grave.

Suspiré de alivio.

—Pero —añadió— necesitas evitar moverte mucho.

Genial.

—Reposo —continuó—. Nada de esfuerzos innecesarios.

Miró a Alex.

Y entonces—

—Cuídala bien.

Pausa.

—Tu novia necesita descanso.

Silencio.

Mi cerebro dejó de existir.

—Oh— —empecé— no, nosotros no—

—Claro —respondió Alex.

¿QUÉ?

Giré la cabeza hacia él.

Lentamente.

Muy lentamente.

Pero el doctor ya se había ido.

TRAICIÓN DOBLE.

Silencio.

Uno peligroso.

—…¿acabas de—? —empecé.

—Se fue.

—Eso no responde nada.

—No iba a cambiar nada.

—¡Sí iba!

—No realmente.

Lo miré.

—Acabas de aceptar que soy tu novia.

—No lo negué.

—¡Eso es lo mismo!

—No.

—¡Sí!

Silencio.

Uno largo.

Uno… extraño.

Porque no estaba molesta.

No del todo.

Lo cual era aún peor.

—Esto es muy problemático —murmuré, mirando mi tobillo.

—¿Por qué?

—Porque ahora tengo que procesar dos cosas.

—¿Cuáles?

Lo miré.

—Que me cargaste por medio edificio como si no pesara nada…

Pequeña pausa.

—Y que no corregiste eso.

Silencio.

Y entonces—

—No me molestó.

Mi corazón.

Otra vez.

Maldita sea.

—A mí sí debería —respondí, débilmente.

—¿Debería?

—Sí.

—¿Por qué?

No respondí.

Porque no tenía una buena respuesta.

Porque en el fondo…

no quería que lo negara.

Y eso…

eso era el verdadero problema.

—No vas a caminar sola —dijo finalmente.

—Alex—

—No.

—Puedo—

—No.

—Eres muy mandón.

—Solo cuando es necesario.

—Esto no es necesario.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.