“Evidencia circunstancial (y gente que no sabe quedarse callada)”
☕ POV: Eleanor Whitmore
—Te cargó.
Silencio.
—Sí.
—¿Como princesa?
—Sí.
—¿POR TODO EL EDIFICIO?
—Sí.
—…
—…
—Estoy tratando de no gritar.
—No lo hagas.
—NO PUEDO PROMETER NADA.
Me dejé caer en el sofá, tapándome la cara con un cojín.
Esto era un error.
Todo esto.
Contarlo era un error.
Existir era un error.
—No puedo creer que esto esté pasando —murmuré.
—Yo sí puedo —dijo Lila, cruzada de brazos, completamente tranquila—. Era cuestión de tiempo.
Giré la cabeza.
—¿Cómo que “era cuestión de tiempo”? ¡Si casi no nos conocemos!
—Exacto —respondió ella—. Y aun así te carga, te lleva al médico y acepta que eres su novia sin corregirlo.
—NO LO ACEPTÓ.
—No lo negó.
—¡ESO NO CUENTA!
—Cuenta muchísimo.
—Cuenta TODO —añadió Marina, ya doblada de la risa en la silla—. Amiga, ese hombre ya está en otra dimensión contigo.
—NO.
—SÍ.
—NO.
—SÍ.
—NO.
—Eleanor —dijo Lila, con esa voz peligrosa de persona que siempre tiene razón—. Los hombres como él no hacen eso por cualquiera.
Silencio.
Tragué.
—Tal vez… es amable.
Marina soltó una carcajada.
—¿AMABLE? Ese tipo parece que pelea con puertas automáticas por deporte.
—No es así.
—Lo estás defendiendo.
—NO LO ESTOY DEFENDIENDO.
—Lo estás defendiendo.
—Lo estás defendiendo —repitió Lila.
—ESTOY DICIENDO LA VERDAD.
Silencio.
Ambas me miraron.
Igual.
Como si supieran algo que yo no.
—¿Te gusta? —preguntó Marina de repente.
Mi cerebro:
Error 404.
—No.
Muy rápido.
Demasiado rápido.
—Eso fue sospechoso —dijo Lila.
—Eso fue culpable —añadió Marina.
—Eso fue una respuesta honesta.
—Eso fue una mentira con pánico —Marina se levantó, señalándome—. ¡SEÑORAS Y SEÑORES, TENEMOS SENTIMIENTOS!
—CÁLLATE.
—No puedes ni mirarnos.
—PUEDO MIRARLAS PERFECTAMENTE.
No podía.
—Eleanor —dijo Lila, más suave esta vez—. ¿Qué sientes cuando estás con él?
Silencio.
Tragué.
—…tranquila.
Pausa.
—Y eso es raro.
Más silencio.
—Y aterrador.
Marina dejó de reír.
—Eso no suena casual.
—No lo es.
Y eso…
eso era lo peor.
🚀 POV: Base Espacial
—¿Qué le pasó?
—No sé.
—Eso no es normal.
—Para nada.
—¿Está… sonriendo?
—No.
—Sí.
—NO.
—Sí está.
Silencio.
Todos miraban.
A él.
A Alex.
Que caminaba por el pasillo.
Con cara seria.
Como siempre.
Pero—
—Tiene cara de… humano.
—Eso es preocupante.
—Eso es NUEVO.
—Eso es ilegal.
—Eso es romántico.
—Eso es ridículo.
—ESO ES GRACIOSO.
La risa explotó.
—No puede ser —dijo Daniel, apoyándose en la pared—. ¿El tipo de hielo… enamorado?
—No digas eso tan alto —respondió otro—. Puede oírte y congelarte.
—Míralo bien.
—Lo estoy mirando.
—Está distinto.
—Está peor.
—Está mejor.
—Está ENAMORADO.
—CÁLLATE.
—No, escuchen —dijo Daniel, bajando la voz—. Ayer pidió un ala completa solo para él.
—¿En serio?
—Sí.
—Eso no es normal.
—Eso es sospechoso.
—Eso es cita.
—ESO ES CITA.
—¡ESO ES CITA!
—¡ESO ES CITA!
Risas otra vez.
—¿Y la chica?
—No sé.
—Debe ser especial.
—Tiene que serlo.
—Porque ese tipo no respira por nadie.
—Y ahora respira raro.
—Eso son sentimientos.
—Eso es peligroso.
—Eso es hermoso.
—Eso es motivo de burla.
Daniel sonrió.
Mal.
Muy mal.
—Oh, esto se va a poner bueno.
—No empieces.
—Ya empecé.
—No lo hagas.
—Lo voy a hacer.
—Daniel—
—Voy a hacer comentarios sarcásticos hasta que se rinda.
—Te va a ignorar.
—No esta vez.
—¿Por qué?
Daniel miró de nuevo a Alex.
Y luego—
Sonrió más.
—Porque ahora tiene algo que perder.
Silencio.
—…ouch.
—Sí.
—Eso dolió.
—Eso es verdad.
—Eso es peligroso.
—Eso es real.
Y en el fondo del pasillo…
Alex se detuvo un segundo.
Como si supiera.
Como si sintiera.
Como si—
—Oh no.
—Ya lo sabe.
—Corre.
—CORRE.