“Di mi nombre”
POV: Alex Carter
—Señor Carter, necesitamos su opinión sobre—
El teléfono vibró.
No debía mirarlo.
No en medio de una reunión con gente que tomaba decisiones más grandes que él.
Pero lo hice.
Eleanor.
Algo en mi pecho…
se tensó.
Respondí.
—Eleanor—
Un sonido.
No una palabra.
Un intento.
Roto.
Ahogado.
—A… A—
Mi cuerpo se puso rígido.
—Eleanor, habla.
Un golpe seco.
Algo cayendo.
Silencio.
—ELEANOR.
Nada.
El mundo se redujo a un punto.
—Alex— dijo alguien a mi lado—, ¿todo bien?
No respondí.
Ya me estaba levantando.
—ELEANOR.
Entonces—
Un susurro.
Débil.
Forzado.
Como si le costara todo.
—…Alex…
Y la línea quedó abierta.
Pero ella ya no estaba.
Corrí.
No pedí permiso.
No expliqué.
No miré atrás.
—¿Qué pasó? —escuché a alguien decir.
No importaba.
Nada importaba.
Solo una cosa.
No sabía dónde vivía.
Maldita sea.
No sabía.
Saqué el teléfono con manos que no eran firmes.
Marqué.
—¡Contesta!
—¿Hola?
—Necesito la dirección de Eleanor. Ahora.
Silencio al otro lado.
—¿Qué pasó?
—AHORA.
Me la dió.
No esperé.
Tomé un vehículo.
No era mío.
No tenía autorización.
No importaba.
Encendí el motor.
Y conduje.
Rápido.
Demasiado rápido.
Luces rojas.
Ignoradas.
Señales.
Irrelevantes.
Nada importaba.
Nada excepto—
—Resiste.
No sabía si me escuchaba.
Pero lo dije.
Igual.
—Resiste, Eleanor.
La puerta.
Cerrada.
—¡ELEANOR!
Nada.
Un segundo.
Dos.
No esperé más.
La forcé.
Y la encontré.
En el suelo.
Su cuerpo…
no respondía.
Una mitad rígida.
La otra temblando.
Sus dedos contraídos.
Su rostro—
Su boca torcida hacia un lado.
Sus ojos abiertos.
Aterrados.
Pero conscientes.
Demasiado conscientes.
—No— susurré.
Me arrodillé a su lado.
—Eleanor.
Intentó hablar.
No pudo.
Solo un sonido roto.
—Shh… no hables.
Mi mente trabajaba.
Rápido.
Frío.
Entrenado.
Pero esto—
esto no era una simulación.
—Mírame.
Sus ojos se movieron.
Lentos.
Con esfuerzo.
Pero me encontraron.
—Bien. Bien.
Tragué.
—Necesito que te quedes conmigo, ¿sí?
Su respiración era irregular.
Su pecho subía…
demasiado rápido.
—No te duermas.
No sabía si podía entenderme.
Pero no iba a dejar de hablar.
—No te duermas, Eleanor.
Saqué el teléfono.
Emergencias.
Ubicación.
Síntomas.
Mitad del cuerpo sin respuesta.
Dificultad para hablar.
Rostro asimétrico.
Cada palabra que decía…
pesaba más.
—Vienen en camino.
Colgué.
La miré.
De verdad.
Y algo dentro de mí…
se rompió.
—Oye… oye, escúchame.
Mi voz ya no era firme.
—No te vayas.
Su mano—
la que sí respondía—
se movió.
Débil.
Buscando.
La tomé.
Sin dudar.
—Aquí estoy.
La apreté.
Fuerte.
—Estoy aquí.
Sus ojos…
se llenaron.
No de lágrimas.
De miedo.
Y eso—
eso fue peor.
—No pasa nada —mentí—. Estás bien.
No estaba bien.
Sabía que no.
Pero no podía decirlo.
No a ella.
No así.
—Respira conmigo.
Inhalé.
Exhalé.
—Así.
Otra vez.
—Bien… así.
Su respiración intentó seguirme.
Desordenada.
Pero intentando.
—Eso es.
Acerqué más mi mano a la suya.
—No te voy a soltar.
Y no era una promesa ligera.
Era—
absoluta.
El sonido de la sirena.
Lejos.
Luego más cerca.
Pero no lo suficientemente rápido.
Nunca lo suficientemente rápido.
—Solo un poco más.
Mi pulgar rozó sus nudillos.
—Te prometo que no te dejo.
Sus ojos no se apartaban de mí.
Como si yo fuera—
lo único que la mantenía aquí.
—Eso es… mírame.
Su respiración tembló.
—Eleanor.
Pausa.
—Quédate.
Y por primera vez en mucho tiempo…
tuve miedo de verdad.
No a fallar.
No a perder el control.
Sino a perder—
a alguien.
🚑💔🚀
(Silencio… pesado… necesario)