“Consecuencias”
POV: Eleanor Whitmore / Alex Carter
🌙 POV: Eleanor
La puerta se abrió.
Y ellas entraron.
Marina primero.
Como siempre.
Rápida.
Emocional.
Con los ojos ya brillando.
—Eli…
Su voz se rompió antes de terminar mi nombre.
Lila detrás.
Más lenta.
Más contenida.
Pero con esa mirada que lo decía todo.
Miedo.
Mucho miedo.
Intenté sonreír.
Solo un poco.
No salió bien.
Sentí cómo mi boca no respondía igual.
Cómo una parte de mí…
simplemente no estaba.
Marina se acercó rápido.
Demasiado.
—No… no me gusta esto —susurró, tomando mi mano—. No me gusta nada.
Quise decirle que estaba bien.
Que no llorara.
Que hiciera un chiste como siempre.
Pero cuando abrí la boca…
nada salió.
Solo un sonido débil.
Roto.
Frustrante.
—Shh, no hables —dijo Lila, acercándose al otro lado—. No tienes que hacerlo.
Mis ojos se llenaron.
No de dolor.
De impotencia.
—Ey, ey… —Marina apretó mi mano—. No pasa nada, ¿sí? Tú tranquila.
Tranquila.
Qué palabra tan absurda en ese momento.
Intenté mover mi otra mano.
No respondió.
Nada.
Como si no fuera mía.
Como si—
Mi respiración se aceleró.
—Eleanor —la voz de Lila fue firme—. Mírame.
Lo hice.
Con esfuerzo.
—Respira.
Intenté.
—Eso es… despacio.
Marina acarició mi brazo.
—Oye… escúchame —dijo, forzando una sonrisa—. Esto no te va a ganar, ¿sí? Tú eres más terca que esto.
Quise reír.
De verdad.
Pero no pude.
Y eso dolió más que todo lo demás.
—Vamos a estar aquí —añadió Lila—. No estás sola.
No.
No lo estaba.
Porque antes de ellas…
él estuvo ahí.
Y mi mirada se movió.
Automática.
Hacia la puerta.
Vacía.
Marina lo notó.
Claro que lo notó.
—Fue a hablar con unos tipos de su trabajo —dijo—. Pero no se ha ido.
Lila asintió.
—No se va a ir.
Algo en mi pecho…
se calmó.
Solo un poco.
🚀 POV: Alex
—¡Ahí está!
No me detuve.
Pero ellos sí.
Se pusieron frente a mí.
Bloqueando el paso.
—¿Sabes el lío en el que te metiste? —dijo Daniel, cruzado de brazos, aunque su tono ya no era solo burla.
—Muévete.
—No.
—Daniel.
—Alex.
Silencio.
Tenso.
—El jefe te está buscando.
—No me importa.
—Pues debería.
—No ahora.
—¡Saliste de una reunión con el presidente!
—Lo sé.
—¡Tomaste un vehículo sin permiso!
—Lo sé.
—¡Ignoraste protocolos, seguridad, señales de tránsito!
—Lo sé.
—¡¿ENTONCES QUÉ TE PASA?!
Silencio.
Pesado.
Real.
Lo miré.
Fijo.
—Ella me llamó.
Y eso fue todo.
Pero fue suficiente.
Porque Daniel…
se quedó callado.
—No podía hablar —añadí, más bajo—. No podía moverse.
El ambiente cambió.
Completamente.
—…mierda —murmuró uno de los otros.
—Sí.
Silencio.
—¿Está…? —empezó Daniel.
—Viva.
Cortante.
Claro.
—Eso es lo único que importa.
Nadie discutió eso.
Nadie se atrevió.
—Alex… —dijo otro, más serio—. Aun así, no puedes hacer eso.
—Ya lo hice.
—Hay consecuencias.
—Lo sé.
—Pueden suspenderte.
—Lo sé.
—O peor.
—Lo sé.
Silencio.
—¿Y no te importa?
No respondí de inmediato.
Porque la respuesta…
era demasiado simple.
—No.
Daniel me observó.
De verdad esta vez.
Sin sarcasmo.
Sin bromas.
—…estás jodido.
No fue un insulto.
Fue un diagnóstico.
—Sí.
No lo negué.
No esta vez.
—¿Es ella? —preguntó.
Silencio.
Luego—
—Sí.
Nada más.
No hacía falta.
—El jefe no está bromeando —añadió otro—. Te quiere ahora.
Miré hacia el pasillo.
Hacia donde estaba su habitación.
—No puedo.
—Tienes que hacerlo.
—No.
—Alex—
—No.
Silencio.
Peligroso.
—No la voy a dejar sola.
Las palabras salieron firmes.
Sin duda.
Sin espacio para negociación.
—Tiene a sus amigas —intentó Daniel.
Negué.
—No es lo mismo.
Y todos entendieron.
Porque no estaban hablando de compañía.
Estaban hablando de—
otra cosa.
—Cinco minutos —dijo Daniel finalmente—. Hablas con el jefe y vuelves.
—No.
—Alex—
—No.
—¡Maldita sea!
Silencio.
—Entonces lo traeré aquí —dijo Daniel.
Eso me hizo mirarlo.
—No lo harías.
Sonrió.
Un poco.
—Por ti… no.
Pausa.
—Por el desastre que causaste… sí.
Exhalé.
Lento.
—Cinco minutos.
—Cinco minutos.
—Y vuelvo.
—Y vuelves.
Silencio.
—Alex.
Lo miré.
—Más te vale que valga la pena.
Pensé en ella.
En sus ojos.
En su mano aferrándose a la mía.
—Lo vale.
Y sin decir nada más…
me di la vuelta.
Pero esta vez no corría.
No huía.
Iba a enfrentar lo que fuera necesario.
Porque ahora…
tenía una razón.