“Verdades a medias”
POV: Alex Carter
El hospital seguía oliendo igual.
A desinfectante.
A silencio contenido.
A miedo.
Caminé por el pasillo con pasos firmes, pero por dentro… todo estaba desordenado, como si cada decisión que había tomado en las últimas horas aún estuviera cayendo en algún lugar dentro de mí, sin terminar de asentarse.
Cuando doblé la esquina—
Ellas.
Marina se levantó de inmediato.
—¡Alex!
Lila también, más despacio, pero con la misma urgencia en la mirada.
—¿Qué pasó? —preguntó Marina, acercándose rápido—. ¿Por qué tardaste tanto? ¿Todo está bien?
Mentir.
Fue automático.
—Sí —dije, con una calma que no sentía—. Solo… papeleo. Ya sabes cómo es.
Silencio.
Lila me miró.
Fijo.
Demasiado fijo.
Como si intentara leer entre líneas.
—¿Seguro?
—Sí.
—¿Nada importante?
—Nada.
—¿No pasó nada por lo que hiciste?
Mi mandíbula se tensó apenas.
—No.
—Eres un pésimo mentiroso.
No fue Marina.
Fue otra voz.
Desde atrás.
—Y eso es decir mucho.
Cerré los ojos un segundo.
Daniel.
Por supuesto.
—No empieces —dije sin girarme.
—Ya empecé.
Pasos.
Se acercó.
Se puso a mi lado.
Relajado.
Como si no acabara de meterme en problemas hace menos de una hora.
—¿Quién es este? —preguntó Marina, entre confundida y desconfiada.
—Daniel —respondió él mismo, extendiendo la mano con una sonrisa descarada—. Amigo, compañero… y aparentemente la única persona aquí con compromiso con la verdad.
Nadie tomó su mano.
Silencio incómodo.
—¿Qué pasó? —preguntó Lila, ahora más seria.
Daniel no dudó.
Claro que no.
—Lo suspendieron.
Silencio.
Cortante.
Brutal.
—¿Qué? —susurró Marina.
—Violó como veinte reglas en menos de una hora —continuó Daniel, encogiéndose de hombros—. Salió de una reunión importante, robó un vehículo, ignoró señales de tránsito, protocolos, seguridad…
—Daniel —dije, bajo.
—¿Qué? ¿Mentí?
No.
No lo hizo.
—¿Te suspendieron… por venir a ayudarla? —la voz de Marina tembló.
No respondí.
No hacía falta.
—Alex… —Lila dio un paso más cerca—. ¿Es verdad?
Asentí.
Una vez.
Lento.
Silencio.
Pesado.
—Eso es… —Marina se llevó la mano a la boca—. Eso es demasiado.
—No lo es.
Las tres miradas se clavaron en mí.
—Valía la pena.
Silencio.
Uno distinto.
Más profundo.
—…idiota —murmuró Marina, pero sus ojos brillaban—. Eres un completo idiota.
—Lo sé.
—Pero… —trató de sonreír—. Gracias.
No respondí.
Porque no lo hice por agradecimiento.
Lo hice porque no había otra opción.
—Bueno —dijo Daniel, rompiendo la tensión con una palmada suave—, momento emocional registrado, lágrimas evitadas por poco… ¿alguien me va a explicar quién es quién aquí?
Marina lo miró.
—Soy Marina.
Señaló a su lado.
—Ella es Lila.
Daniel giró.
Y entonces—
Se quedó quieto.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
Porque algo cambió en su expresión.
No era burla.
No era sarcasmo.
Era—
Interés.
Real.
—Lila —repitió, más bajo—.
Bonito nombre.
Lila alzó una ceja.
—Gracias.
Seco.
Claro.
Directo.
Daniel sonrió.
Más.
Peor.
—Y tú tienes cara de que no te caigo bien.
—No me caes bien.
—Perfecto.
—Eso no es un reto.
—Para mí lo es.
Marina soltó una pequeña risa nerviosa.
—No empieces tú también…
—Demasiado tarde —respondió Daniel sin dejar de mirar a Lila—. Ya estoy invirtiendo emocionalmente.
—No lo hagas.
—Ya lo hice.
—Te vas a arrepentir.
—Probablemente.
Silencio.
Pequeño.
Pero cargado.
—¿Siempre es así? —preguntó Lila, cruzándose de brazos.
—Peor —respondí.
—Gracias por el apoyo —murmuró Daniel.
Pero no dejó de mirarla.
Ni un segundo.
Y Lila—
aunque intentaba mantenerse seria—
tampoco apartaba la mirada del todo.
—¿Puedo verla? —pregunté finalmente.
Las tres volvieron a la realidad.
Marina asintió.
—Sí… está despierta.
Mi pecho se tensó.
—Pero… —añadió Lila— está frustrada.
—No puede hablar bien aún.
—Y eso la está desesperando.
Asentí.
—Voy.
Cuando caminé hacia la habitación…
sentí las miradas detrás de mí.
Pero no me detuve.
Porque al final…
todo volvía al mismo punto.
Siempre.
Ella.
Y cuando abrí la puerta—
sus ojos ya estaban buscándome.