☆donde tus ojos guardan estrellas.☆

?El primer destello?

Vengo de una familia complicada, no somos famosos, pero lo parecemos.

Todo gracias a mis bisabuelos, ellos construyeron una fortuna que, con el tiempo, se fue expandiendo entre la familia, mis abuelos ayudaron a consolidarla, y luego mi madre siguió ese camino.

Ahora, mis padres quieren que todo continúe con nosotros, mis 2 hermanos mayores y yo.

Mi hermana mayor, Lía, es todo lo que cualquier padre esperaría de su hija, es talentosa, seria, segura de sí misma, inteligente y disciplinada.

Ama las matemáticas, la química y la filosofía.

Mi hermano del medio, Izaak, es diferente, pero igual de admirable, es carismático, sociable, seguro, sabe lo que quiere y va por ello.

También es inteligente y buen estudiante, además de ser fanático del fútbol americano.

Y luego estoy yo.

No me gusta estudiar, odio las matemáticas, mientras mis hermanos van a clases, cumplen y destacan, yo apenas lo intento.

Y ni siquiera estoy orgulloso de eso, soy lo opuesto a ellos o al menos eso es lo que mi padre siempre me ha hecho sentir.

Nunca he entendido por qué me cuesta tanto concentrarme, poner atención o simplemente estar en clase sin sentir aburrimiento.

No es una excusa, se que no lo es, pero tampoco es tan simple como “solo hacerlo”.

Prefiero aislarme, estar en silencio, sin presión.

Aun así, me preocupa mi futuro, se que, si no estudio y no llevo un título a casa, mis padres me echarán.

Y, siendo honesto creo que ese momento está cada vez más cerca, en casa, siempre hay problemas, hace tiempo dejó de sentirse como un lugar seguro.

Lía e Izaak son lo único estable que tengo, son mis hermanos, sí, pero también mis únicos verdaderos amigos, con ellos es distinto, no me juzgan igual, no exponen mis errores frente a mis padres.

Son como cajas fuertes: lo que les confías, se queda con ellos.

En la escuela tengo amigos pero no es lo mismo, con ellos hago cosas que sé que no debería.

Nos saltamos las clases, nos metemos en problemas, consumimos cosas, vamos a lugares donde claramente no deberíamos estar.

Nos divertimos, pero no es una diversión sana y lo sé.

Mis días empiezan con los regaños de mi madre, voy a la escuela, intento hacer lo mínimo necesario y después paso tiempo con mis hermanos.

Pero en la noche todo cambia, mi padre llega y todo explota, empieza a decirme cosas, yo respondo y terminamos peleando fuerte.

Lo suficiente como para que incluso mi madre note que él pierde el control, el es explosivo y algo impulsivo, y cuando siente que no cumplo con lo que espera de mi es peor.

Mis días se repiten como un bucle: regaños, tensión, errores y más peleas.

Hasta que un día, algo cambió.

Una chica nueva llegó a la escuela.

Entró al salón y al verla, pensé que era linda, pero no era solo eso, había algo distinto en ella, algo que no supe explicar.

Su uniforme estaba impecable, perfectamente planchado y sus zapatos brillaban.

Su cabello, lacio y natural, caía justo por encima de sus hombros, sus ojos, ligeramente rasgados, eran de un tono café suave.

Todo en ella parecía ordenado, cuidado, preciso.

Llevaba un collar negro con una pequeña estrella, y por alguna razón, no podía dejar de mirarlo.

Se sentó al fondo, en la esquina opuesta del salón, la observé más de lo que debería, la forma en que sacaba sus cuadernos, cómo sostenía la pluma.

Todo en ella transmitía algo diferente.

Como si perteneciera a otro nivel.

Es curioso, pero puedes reconocer a alguien así sin que diga una sola palabra: en cómo camina, cómo se viste, cómo escribe, cómo existe.

En los días siguientes, yo seguía faltando a clases o escapándome de ellas.

Hasta que un día terminé en una pelea, un chico estaba convencido de que le había quitado a su novia solo por haber hablado con ella una vez, lo irónico es que ese mismo día, ella lo dejó al descubrir que le era infiel.

Siempre me llevé mal con ese tipo, así que no tardamos en llegar a los golpes.

Cuando la pelea estaba por salirse completamente de control, los maestros y algunos compañeros nos separaron.

Me sujetaban con fuerza, y casi por
instinto, giré la cabeza, ahí estaba ella.

La chica nueva.

Sostenía un cuaderno distinto a los demás, no era escolar, tenía un fondo entre negro y azul, cubierto de estrellas, como si fueran pequeñas manchas de luz en el cielo.

En su otra mano, llevaba la misma pluma que había notado desde el primer día, era azul.

Con un pequeño conejo blanco como decoración.

Después de lo sucedido, fui llevado a la dirección por un reporte y estuve suspendido temporalmente.

Mis padres acudieron en ese momento, llamados por la directora.




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