Doppelgänger

Capítulo 37

MATTHIEU

 

En el escenario cantaban Masquerade, el fantasma no tardaría en hacer acto de presencia. Matthieu miró la hora en su teléfono. La chica no había regresado.

Suspiró.

¿Le habría pasado algo?

Ella no deseaba perderse el ensayo, algo debió ir muy mal. Anneliese estaba muy emocionada de asistir al teatro, perderse todo no era algo que ella estuviera dispuesta a hacer.

Tenía un mal presentimiento.

No dudó en levantarse en silencio. Los actores seguían ensimismados en sus asuntos, por lo que no se dieron cuenta de que el chico había salido.

Una vez en el pasillo, alcanzó a vislumbrar una capa ondear dando vuelta en otro corredor.

Frunció el ceño y empuñó las manos. Deseaba que no fuera lo que estaba sospechando.

Siguió al dueño de la capa.

«Pues el fantasma no es», pensó con sarcasmo.

Lo miró desde lejos, reconoció la capa, el sombrero de cilindro y la máscara negra.

—¡Maldito Everett! —pronunció en cuanto lo vio entrar por una puerta que conducía al sótano.

Matthieu conocía el Théâtre Mogador como la palma de su mano, si bien en su mente no tenía un mapa detallado del recinto, sí sabía moverse por los corredores y escaleras de todo el lugar.

Temía que algo le estuviera pasando a Anneliese, pero le preocupaba que Everett estuviera involucrado en ello.

Con sigilo lo siguió hasta donde su hermano se encontraba. Estaba oscuro, pero una leve iluminación dejaba a la vista varias sombras y siluetas que se movían rápidamente, luchando entre ellas.

Escuchó un grito femenino. Al reconocer la voz corrió escaleras abajo, intentando no tropezarse. Fue en auxilio de la chica a la que amaba. Era ella, estaba seguro de eso. En cuanto saliera de ahí, le retorcería el cuello a su hermano, era una promesa.

Pisó firmemente, y ahí, intentando levantarse, se encontraba Anneliese.

Corrió hacia ella, al tocarla, la chica chilló y comenzó a golpearlo. Él le detuvo las manos y la abrazó.

—¿Matt, eres tú? —preguntó.

—Sí, tranquila te sacaré de aquí —respondió en un susurro.

Intentó ayudarla a levantarse, pero ella cayó sobre sus rodillas.

—¡Me duele! —exclamó ella tocándose el tobillo.

Matthieu soltó una maldición. Se agachó y buscó la manera de salir de ahí.

A pocos metros de él, su hermano y Kirill peleaban cuerpo a cuerpo con Solange Harker.

—¡Maldita sea! —exclamó enojado—. ¡Tenía que ser hoy!

Su estupidez no era tanta como para involucrarse en la batalla. A él le interesaba sacar a la chica de ahí.

—Ven, sube a mi espalda. —Le dijo a la chica.

—No puedo Matt, vete, sálvate tú —respondió ella entre lágrimas.

—¡No pienso hacer eso! Dije que te protegería y lo voy a hacer.

Ella gimió.

Matthieu no entendía la razón del cambio repentino de la chica, pero eso no le gustaba. Su intención era buena, quería demostrarle su amor de mil formas. Salvarle la vida significaría salvarse a si mismo. Era lo menos que podía hacer.

—Ellos se…

El chico no pudo terminar su frase porque fue lanzado por la vampiresa. Matthieu se golpeó con la pared, encajándose una varilla suelta en el hombro.

Cayó.

Se llevó la mano al hombro derecho, en donde la varilla aún estaba clavada. Con fuerza la tomó y la sacó. La mueca en su rostro dejó al descubierto el dolor que sintió al hacerlo, pero no demostraría debilidad.

El aroma de su sangre atrajo a la vampiresa, quien dispuesta a matarlo se le acercó, pero una bola de energía azul se interpuso entre ellos.

Matthieu miró a su hermano atacar a la mujer.

No supo si agradecerle o huir.

—¡Llévatela! —gritó Everett, mientras forcejeaba con la vampiresa intentando no ser mordido por ella.

Buscó a Kirill entre la oscuridad, pero no lo encontró.

Seguramente el idiota estaba inconsciente.

Pero no, el cazador le lanzó una flecha a la vampiresa, atravesándole el pecho. Pero ella solo se burló y se sacó la flecha como si de una astilla se tratase.

Matthieu aprovechó la distracción para correr hacia la chica.

Ella a duras penas logró sostenerse de pie, pero volvió a caer.

Matthieu frunció los labios, eso no podía estar pasando.

La ayudó nuevamente a ponerse de pie y le pidió no apoyara el pie en el suelo.

Pasó el brazo de la chica sobre su cuello, la tomó de la cintura y juntos comenzaron a subir las escaleras.

Su corazón se sentía acelerado y sentía que no avanzaban ni un escalón. Se esforzó para dejar de lado esos pensamientos negativos y continuó subiendo.




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