Dos Caminos Diferentes

Capítulo 5

💢𝑬𝑳 𝑬𝑵𝑭𝑹𝑬𝑵𝑻𝑨𝑴𝑰𝑬𝑵𝑻𝑶 𝑬𝑵 𝑬𝑳 𝑪𝑶𝑴𝑬𝑫𝑶𝑹.

El comedor de la Academia Rish era un lugar donde las diferencias sociales se volvían visibles como cicatrices. Las mesas largas estaban divididas de forma no oficial pero muy real: los dorados al centro, los morados alrededor, y los verdes… dispersos, como si nadie quisiera que formáramos un grupo.

Yo llevaba mi bandeja entre las manos, buscando un rincón donde sentarme sin llamar la atención. Había dormido mal. La revelación de que Noah y Brayan eran hermanos seguía dando vueltas en mi cabeza como un eco imposible de ignorar.

Finalmente encontré una mesa vacía junto a una ventana. Me senté, respiré hondo y comencé a comer en silencio.

Pero la tranquilidad en Rish siempre era un espejismo.

Un billete cayó sobre mi bandeja.

Un billete grande.

De esos que yo jamás había tenido en mis manos.

—Cómprate algo decente, verde.

La voz era inconfundible. Fria, cortante y cruel.

Brayan Gordon estaba de pie frente a mí, con su corbata dorada brillando como si fuera una corona. Sus amigos se reían detrás de él, disfrutando del espectáculo.

Mi cara ardió. No por vergüenza, sino por rabia.

Apreté los puños bajo la mesa. Quería decir algo. Quería gritarle que no tenía derecho. Pero las palabras se me atoraron en la garganta.

Brayan inclinó la cabeza, estudiando mi reacción como si fuera un experimento.

—Vamos, Donoso —dijo con una sonrisa torcida—. No te pongas sentimental. Es solo caridad.

Sus amigos rieron más fuerte.

Yo sentí que el corazón me golpeaba el pecho. No iba a llorar. No frente a él.

Estaba a punto de empujar el billete lejos cuando escuché una voz que me heló y me alivió al mismo tiempo.

—Brayan. Recoge eso.

Noah.

Se acercó desde una mesa cercana, donde estaba sentado con otros dorados, aunque él parecía no encajar del todo entre ellos. Su expresión tranquila había desaparecido. Ahora su mirada era firme, casi dura.

Brayan arqueó una ceja.

—¿Defendiendo a la sirvienta? —se burló—. Qué tierno, hermanito.

Noah no se inmutó.

—No la humilles más —dijo, con una calma que era más peligrosa que un grito.

Brayan soltó una carcajada.

—¿Humillarla? Por favor. Solo le estoy recordando su lugar.

—Y yo te estoy recordando el tuyo —respondió Noah, dando un paso adelante.

El comedor entero se quedó en silencio. Todos miraban. Todos esperaban.

Brayan entrecerró los ojos. Por un segundo, pensé que iba a empujarlo. O a golpearlo.

Pero en lugar de eso, sonrió. Una sonrisa lenta, venenosa.

—Qué interesante —murmuró—. No sabía que te importaba tanto una verde.

Noah no respondió. Solo tomó el billete de la bandeja y lo dejó caer en el suelo, a los pies de su hermano.

—Recógelo —repitió.

El silencio se volvió más pesado. Brayan lo miró con una mezcla de furia y sorpresa. Pero no se agachó.Noah tampoco esperaba que lo hiciera.

Finalmente, Brayan dio un paso atrás.

—Ten cuidado, Noah —dijo con voz baja—. No sabes en qué te estás metiendo.

Luego se dio la vuelta y salió del comedor, seguido por sus amigos.

Cuando se fueron, Noah se inclinó hacia mí.

—¿Estás bien? —preguntó con suavidad.

Yo asentí, aunque mi corazón seguía latiendo con fuerza.

—Gracias —murmuré.

Él sonrió, esa sonrisa tranquila que parecía capaz de apagar incendios.

—No tienes que agradecerme nada. No estás sola aquí, Katherine.

Sus palabras me envolvieron como un abrazo invisible.

Pero mientras Noah se sentaba a mi lado, yo no podía dejar de pensar en la mirada que Brayan me había lanzado antes de irse.

Una mirada que no era solo de odio. Era algo más oscuro. Algo que no entendía.

Y algo me decía que ese enfrentamiento no había sido el final.

Sino el comienzo.




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