Dos Caminos Diferentes

Capítulo 12

🌥𝑼𝑵 𝑳𝑼𝑵𝑬𝑺 𝑺𝑰𝑵 𝑪𝑶𝑳𝑶𝑹.

(𝑲𝑨𝑻𝑯𝑬𝑹𝑰𝑵𝑬)

El lunes amaneció gris. No el gris suave de un cielo nublado, sino ese gris espeso que se mete en los huesos y te roba el ánimo antes incluso de levantarte.

Me sentía vacía. Cansada. Como si hubiera corrido una maratón emocional durante todo el fin de semana.

Quizá porque era verdad.

Había llorado tanto que me dolían los ojos. Lloré el sábado entero. Lloré el domingo por la mañana. Lloré hasta que ya no quedaba nada. Hasta que mi cuerpo dijo basta.

No podía deshidratarme más. No podía permitirme ese lujo.

Tenía que estudiar. Tenía que mantener la beca. Tenía que seguir respirando aunque doliera.

Así que me puse el uniforme, recogí mis libros y caminé hacia la Academia Rish como si mis pies pesaran toneladas.

Los pasillos estaban llenos de estudiantes hablando, riendo, empujándose. Yo caminaba entre ellos como un fantasma. Invisible. Ojalá lo fuera.

Cuando llegué a mi casillero, mis manos temblaron un poco al abrirlo. No por miedo, sino por agotamiento. El metal frío me devolvió un reflejo borroso de mi rostro: ojeras, piel pálida, mirada apagada.

Me odié un poco por verme así. Por dejar que todo me afectara tanto.

—Katherine.

La voz suave me hizo girar.

Noah estaba ahí, con su sonrisa tranquila… pero esta vez su sonrisa se apagó al verme.

—¿Estás bien? —preguntó.

No tenía fuerzas para fingir. No tenía fuerzas para hablar.

Solo asentí.

Él frunció el ceño, preocupado.

—Si necesitas hablar, o si puedo ayudarte en algo…

Asentí otra vez. No porque fuera verdad, sino porque no podía decir nada más.

Noah pareció entender que no tenía ánimo. No insistió. Solo me dio un gesto amable antes de alejarse hacia su aula.

Y yo me quedé ahí, sintiendo que incluso su amabilidad me pesaba.

Entré a clase con la cabeza baja. El aula estaba más silenciosa de lo normal. Tensa. Como si todos sintieran que algo estaba fuera de lugar.

Me senté en mi sitio, saqué mis libros y traté de concentrarme en respirar.

Uno.

Dos.

Tres.

No funcionaba.

Entonces lo ví.

Brayan.

Entró al aula con su paso seguro, su mirada afilada, su aura de superioridad que siempre llenaba el espacio. Pero esta vez… no me miró.

Ni una sola vez.

No hizo comentarios. No sonrió con burla. No me lanzó una mirada de advertencia. Nada.

Pasó junto a mí como si yo no existiera.

Y eso… dolió más de lo que debería.

Porque su silencio no era indiferencia. Era tensión. Era contención. Era una tormenta guardada bajo llave.

Se sentó en su sitio, apoyó los codos en la mesa y se pasó una mano por el cabello, como si estuviera cansado. Cansado de sí mismo. Cansado de todo.

Yo bajé la mirada. No quería pensar en él. No quería sentir nada respecto a él.

Solo quería estudiar.

Tenía que estudiar.

La profesora entró y comenzó a hablar, pero su voz me llegaba como un murmullo lejano. Mis ojos se movían por las palabras del libro, pero no las entendía. Mi mente estaba nublada, pesada, agotada.

Sentía que si alguien me tocaba, me hablaba fuerte o me miraba demasiado… me rompería.

Y aun así, seguía ahí. Sentada. Respirando. Aguantando.

Porque no tenía otra opción.

Porque la beca era mi vida. Mi futuro. Mi única salida.

Y aunque el aula estuviera tensa, aunque Noah me mirara preocupado desde el otro lado, aunque Brayan evitara mis ojos como si yo fuera un incendio…

Yo tenía que seguir.

Aunque doliera. Aunque estuviera rota por dentro. Aunque el lunes se sintiera como un peso imposible de cargar.

Tenía que seguir.

Porque si me detenía…si me permitía caer…

No sabía si podría levantarme otra vez.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.