Dos Caminos Diferentes

capítulo 14

📜𝑬𝑳 𝑻𝑹𝑨𝑻𝑶 𝑫𝑬𝑳 𝑫𝑰𝑨𝑩𝑳𝑶.

El jardín trasero de la Academia Rish siempre había sido un refugio silencioso, un rincón donde el ruido de los pasillos no podía alcanzarme. Pero esa tarde, mientras caminaba entre los setos perfectamente recortados, el aire frío no lograba despegar de mi piel el olor a químicos que aún llevaba impregnado en la ropa.

Quería respirar. Solo eso.

Pero la sombra que se deslizó frente a mí me robó hasta ese derecho.

Brayan estaba apoyado contra un pilar de mármol, como si hubiera estado esperándome. El cigarrillo entre sus dedos ardía con una calma que él no tenía. El humo se elevaba en espirales lentas, casi elegantes, contrastando con la tensión que emanaba de su cuerpo.

Cuando me vio, no se movió. Ni siquiera parpadeó.

—Vaya —dijo, exhalando el humo con una sonrisa torcida—. La “verde” todavía tiene piernas para caminar después del desastre.

Me detuve a unos pasos de él. No quería acercarme, pero tampoco quería retroceder. No quería darle ese poder.

—¿Por qué me haces esto, Brayan? —pregunté, y odié que mi voz sonara rota—. ¿Por qué las quejas? ¿Por qué el sabotaje? ¿Qué ganas con… destruirme?

Él dejó caer el cigarrillo al suelo y lo aplastó con la punta del zapato. Luego levantó la mirada, y algo en sus ojos me hizo temblar. No era burla. No era odio.

Era algo peor. Algo que él mismo no entendía.

Se acercó con pasos lentos, casi silenciosos. Cada uno me obligaba a retroceder hasta que mi espalda chocó contra el pilar frío. El mármol me heló la piel. Brayan me encerró entre sus brazos, apoyando una mano junto a mi cabeza.

Estaba demasiado cerca. Demasiado.

—¿Quieres saber por qué? —susurró, inclinándose hasta que su aliento rozó mi mejilla—. Porque eres una distracción.

Mi respiración se detuvo.

—Para Noah —continuó, su voz baja, afilada—. Para esta escuela… y para mí.

Sentí un vuelco en el estómago. No por sus palabras, sino por la forma en que las dijo. Como si le doliera admitirlo. Como si fuera una confesión arrancada a la fuerza.

—No tiene sentido —murmuré, intentando apartar la mirada. Pero él me tomó suavemente del mentón y me obligó a verlo.

—Claro que lo tiene —dijo, con una sonrisa amarga—. Desde que llegaste, todo se volvió un desastre. Noah ya no me escucha. Los profesores hablan de ti. Y yo…

Se detuvo. Cerró los ojos un segundo, como si luchara contra algo dentro de sí.

—Yo no puedo sacarte de mi cabeza —admitió finalmente, con una rabia que no era hacia mí, sino hacia sí mismo.

Mi corazón dio un salto. No sabía qué sentir. Miedo. Confusión. Algo más que no quería nombrar.

Brayan se apartó apenas unos centímetros, lo suficiente para que pudiera respirar, pero no para escapar.

—Así que vamos a hacer esto simple —dijo, recuperando su tono frío—. Hagamos una apuesta, Donoso.

Mi estómago se tensó.

—Si logras pasar el examen de Excelencia sin la ayuda de mi hermano —continuó—, retiraré las quejas. Todas. Y te dejaré en paz.

—¿Y si fallo? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

Su sonrisa se volvió oscura.

—Te vas de la Rish por tu cuenta.

Sentí un golpe en el pecho. Era cruel. Era injusto. Era… Brayan.

—¿Por qué aceptaría algo así? —pregunté, con un hilo de voz.

Él se inclinó hacia mí, tan cerca que pude ver el temblor casi imperceptible en su mandíbula.

—Porque es la única forma —susurró— de que deje de ser tu peor pesadilla.

Sus palabras me atravesaron. No eran una amenaza. Eran una advertencia. Una confesión. Un grito silencioso de alguien que estaba perdiendo el control.

Y lo peor era que, por un instante, vi algo en sus ojos que no debería haber visto.

Algo que me asustó más que su odio.

Su necesidad de alejarme… porque no sabía qué hacer si me quedaba.




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