Dos Caminos Diferentes

Capítulo 24

✍️𝑳𝑨 𝑵𝑶𝑻𝑨 𝑴Á𝑺 𝑨𝑳𝑻𝑨.

El examen de Excelencia era a primera hora. El aula estaba llena, pero el ambiente era tan silencioso que podía escucharse el roce de las hojas. Todos estaban nerviosos. Todos menos yo.

Por primera vez desde que llegué a la Academia Rish, me sentía preparada. No porque fuera fácil. No porque no tuviera miedo.

Sino porque mis apuntes estaban conmigo. Porque Brayan los había recuperado. Porque, de alguna forma, no estaba sola.

Respiré hondo y comencé a escribir.

Dos horas después, entregué el examen con las manos temblorosas. No por inseguridad. Por la adrenalina.

Sabía que lo había hecho bien. Muy bien.

Cuando salí al pasillo, los estudiantes murmuraban, comparaban respuestas, se quejaban. Yo solo quería aire.

Pero al girar la esquina, me encontré con él.

Brayan.

Apoyado contra la pared, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en mí. Tenía un vendaje nuevo en la ceja y un moretón que se extendía por su pómulo. Pero aun así… se veía peligroso. Y hermoso.

—¿Cómo te fue? —preguntó, sin moverse.

—Bien —respondí, intentando no sonreír—. Creo que muy bien.

Brayan asintió, como si lo hubiera esperado.

—Gracias por… —miré hacia otro lado—. Por traerme mis apuntes.

—No lo hice por el examen —dijo, con la voz baja.

—Lo sé.

Brayan me sostuvo la mirada. Y por un instante, sentí que el mundo se detenía.

Pero entonces, alguien más apareció al final del pasillo.

Noah.

Mi corazón se apretó.

Caminaba despacio, con la mirada fija en nosotros. No en mí. En nosotros.

Su expresión no era de rabia. Ni de dolor. Era peor.

Era de distancia.

—Katherine —dijo, deteniéndose a unos pasos.

—Noah…

Él levantó una mano, pidiendo silencio.

—Solo quería decirte que… me alegro de que te haya ido bien.

Su voz era suave. Demasiado suave. Como si estuviera hablando desde muy lejos.

—Noah, yo…

—No tienes que explicarme nada —interrumpió, con una sonrisa triste—. Ya no.

Brayan dio un paso hacia adelante, como si fuera a decir algo, pero Noah lo ignoró por completo.

—Espero que saques la nota que mereces —añadió, mirándome por última vez.

Y se fue.

Sin reproches. Sin gritos. Sin lágrimas.

Ese silencio dolió más que cualquier pelea.

Las notas salieron al día siguiente.

Entré al aula y todos estaban reunidos frente al tablón. Había murmullos, suspiros, gritos de frustración.

Cuando me acerqué, mi corazón empezó a latir más rápido.

Ahí estaba.

Primer lugar: Katherine Donoso — 98/100

Me quedé inmóvil. No sabía si reír, llorar o salir corriendo.

—Lo sabía.

Me giré.

Brayan estaba detrás de mí, con una sonrisa ladeada. Una sonrisa real. Una sonrisa que casi nunca mostraba.

—Eres increíble —dijo, sin bajar la voz.

Algunos estudiantes nos miraron. Otros murmuraron. Pero Brayan no apartó la mirada de mí.

—No lo habría logrado sin mis apuntes —respondí.

—No lo habrías logrado sin ti —corrigió él.

Mi pecho se apretó.

—Brayan…

—No tienes que decir nada —susurró, acercándose un poco—. Solo quería que lo supieras.

Y entonces, antes de que pudiera responder, antes de que pudiera procesar lo que estaba sintiendo…

Una voz sonó detrás de nosotros.

—Felicidades, Katherine.

Noah.

Su expresión era tranquila. Demasiado tranquila.

—Te lo mereces —añadió, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Brayan se tensó. Yo también.

Noah nos miró a los dos. Y en ese instante, entendí algo:

Noah no estaba enfadado. No estaba celoso. No estaba herido.

Estaba cambiando.

Y eso… era más peligroso que cualquier golpe.

Ese día, mientras todos celebraban o se lamentaban por sus notas, yo solo podía pensar en una cosa:

Había ganado el examen.

Pero había perdido algo más.

Y lo que estaba creciendo entre los hermanos Gordon y yo…ya no era una pelea.

Era una guerra silenciosa.




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