Dos Caminos Diferentes

capítulo 25

👨‍🦱𝑬𝑳 𝑵𝑼𝑬𝑽𝑶 𝑵𝑶𝑨𝑯.

El día después de recibir las notas, la Academia Rish parecía distinta. No por los pasillos, ni por los profesores, ni por los estudiantes que seguían murmurando sobre la pelea.

Era Noah.

Noah había cambiado.

Entró al aula con la misma camisa perfectamente planchada, la misma corbata dorada, la misma postura impecable… pero algo en él era diferente.Su mirada ya no buscaba la mía. Su sonrisa ya no aparecía cuando me veía. Su presencia ya no irradiaba esa calidez que siempre me hacía sentir segura.

Era como si hubiera construido un muro invisible entre nosotros.

Y lo peor era que no sabía si quería derribarlo… o si él ya no me dejaría.

Durante la clase, Noah tomó apuntes sin levantar la vista. Ni una vez. Ni siquiera cuando el profesor mencionó mi nombre al felicitarme por la nota más alta.

Brayan, sentado dos filas detrás, sí me miró. Me miró demasiado.

Sus ojos azules se clavaban en mi nuca como si quisiera asegurarse de que seguía respirando. Como si temiera que me rompiera en cualquier momento.

Y tal vez… tenía razón.

En el descanso, salí al patio para tomar aire. El sol estaba tibio, pero yo sentía frío.

—¿Puedo sentarme?

La voz me sobresaltó.

Noah estaba allí, con una bandeja de comida en la mano. No sonreía. No parecía enfadado. Solo… distante.

—Claro —respondí, aunque mi voz sonó más débil de lo que quería.

Se sentó a mi lado, dejando un espacio prudente entre nosotros. Un espacio que antes no existía.

—Quería felicitarte otra vez —dijo, mirando al frente—. Lo hiciste muy bien.

—Gracias.

Silencio.

Un silencio incómodo. Un silencio que nunca había existido entre nosotros.

—Noah… —intenté.

—No tienes que explicarme nada —interrumpió, sin dureza—. De verdad.

—Pero quiero hacerlo.

Él respiró hondo.

—No sé si estoy listo para escucharlo.

Mi corazón se apretó.

—No quiero detalles —dijo, finalmente mirándome—. No quiero saber si fue un error, si fue un impulso, si fue un accidente. No quiero saber si lo sientes o no.

—Entonces ¿qué quieres?

Noah bajó la mirada.

—Quiero… no perderte —susurró—. Pero tampoco quiero pelear por ti.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—No tienes que pelear por mí.

—Lo sé —respondió, con una sonrisa triste—. Pero él sí lo hará.

Mi respiración se detuvo.

—Brayan no…

—Brayan te mira como si fueras lo único que lo mantiene cuerdo —dijo Noah, sin rencor—. Y eso me asusta. Por ti. Por él. Por todos.

No supe qué decir.

Noah se levantó.

—Necesito tiempo —dijo, acomodándose la corbata—. No para alejarme de ti. Solo… para no romperme.

Y se fue.

Sin drama. Sin reproches. Sin rabia.

Solo con una tristeza tan profunda que me dejó sin aire.

Cuando me quedé sola, alguien se sentó en el banco que Noah había dejado vacío.

Brayan.

—¿Qué te dijo? —preguntó, sin rodeos.

—Que necesita tiempo.

Brayan apretó la mandíbula.

—Noah siempre necesita tiempo —murmuró—. Y cuando lo tiene, lo usa para alejarse.

—No es así.

—Sí lo es —respondió, mirándome con una intensidad que me quemó—. Y tú lo sabes.

No respondí.

Brayan se inclinó un poco hacia mí.

—Noah no es tu enemigo —dijo, sorprendentemente suave—. Pero tampoco soy yo.

—Brayan…

—Solo dime una cosa —susurró, con los ojos clavados en los míos—. ¿Te arrepientes del beso?

Mi corazón se detuvo.

—Brayan, no puedo…

—No te estoy pidiendo que elijas —interrumpió—. Solo quiero la verdad.

Tragué saliva.

—No lo sé —admití.

Brayan cerró los ojos, como si esa respuesta lo destruyera y lo aliviara al mismo tiempo.

—Entonces no me pidas que me aleje —dijo, poniéndose de pie—. Porque no voy a hacerlo.

Y se fue.

Dejándome sola. Entre dos hermanos. Entre dos mundos. Entre dos versiones de mí misma.

Y por primera vez, entendí que la guerra no era entre ellos.

Era dentro de mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.