Dos Caminos Diferentes

Capítulo 27

😶𝑳𝑶 𝑸𝑼𝑬 𝑵𝑶 𝑷𝑼𝑬𝑫𝑶 𝑫𝑬𝑪𝑰𝑹𝑻𝑬.

(𝑵𝑶𝑨𝑯)

No dormí esa noche.

Cada vez que cerraba los ojos, veía a Katherine. No con Brayan. No besándolo. No en la pelea.

La veía como siempre la había visto: sentada en la biblioteca, mordiendo el lápiz mientras estudiaba, riendo bajito cuando algo la sorprendía, mirándome con esa mezcla de curiosidad y ternura que me hacía sentir… suficiente.

Y ahora ya no sabía si volvería a mirarme así.

Cuando llegué a la Academia Rish, todos me observaban. No por mis notas. No por mi apellido.

Por la pelea.

Por haber perdido el control. Por haber dejado que mi hermano me arrebatara algo que ni siquiera era mío.

Pero lo peor no era eso.

Lo peor era verla a ella.

Katherine.

Caminando por el pasillo con sus libros abrazados al pecho, con el cabello suelto, con esa expresión cansada que me rompió el alma.

Quise acercarme. Quise hablarle. Quise decirle que lo sentía, que no debí gritar, que no debí golpear a Brayan, que no debí dejar que el miedo me convirtiera en alguien que ella no reconocería.

Pero entonces lo vi.

A él.

Brayan.

Apoyado contra la pared, mirándola como si fuera suya. Como si tuviera derecho a mirarla así. Como si no hubiera sido él quien empezó todo.

Y algo dentro de mí se desgarró.

Celos.

Dolor.

Rabia.

Un puñal directo al corazón.

No porque ella lo eligiera. Sino porque yo la había perdido antes de intentar luchar por ella.

En clase, fingí que no la veía. Fingí que no me dolía. Fingí que podía respirar sin sentir que me faltaba algo.

Pero cada vez que ella movía el bolígrafo, yo lo escuchaba. Cada vez que pasaba una página, yo lo sentía. Cada vez que suspiraba, mi pecho se apretaba.

Y cuando el profesor la felicitó por la nota más alta, quise sonreírle. Quise decirle que estaba orgulloso. Quise abrazarla.

Pero no lo hice.

Porque no sabía si tenía derecho.

En el descanso, la vi sentada sola en un banco. El sol le daba en el cabello, haciéndolo brillar. Parecía frágil. Parecía perdida.

Parecía… Katherine.

Me acerqué.

—¿Puedo sentarme? —pregunté, aunque lo que quería era abrazarla.

Ella asintió.

Me senté lejos. Demasiado lejos .Porque si me acercaba un poco más, iba a romperme.

—Quería felicitarte otra vez —dije, intentando sonar normal—. Lo hiciste muy bien.

Ella me miró con esos ojos que siempre me desarmaban.

—Gracias.

Silencio.

Un silencio que dolía. Un silencio que antes nunca existía entre nosotros.

—Noah… —empezó.

No podía escucharla .No podía escuchar una explicación que me iba a destruir. No podía escuchar que ella lo había elegido a él.

—No tienes que explicarme nada —dije, aunque sí quería que lo hiciera—. De verdad.

—Pero quiero hacerlo.

Quise decirle que sí. Quise decirle que la escucharía. Quise decirle que la perdonaba incluso antes de saber qué iba a decir.

Pero no podía.

No todavía.

—No sé si estoy listo para escucharlo —admití.

Ella bajó la mirada. Y ese gesto me rompió.

—Noah, lo que pasó con Brayan…

—No quiero detalles —la interrumpí, porque si los escuchaba, me iba a derrumbar—. No quiero saber si fue un error, si fue un impulso, si fue un accidente. No quiero saber si lo sientes o no.

Ella tragó saliva.

—Entonces ¿qué quieres?

La miré.

Y por primera vez, no supe cómo sostener su mirada sin sentir que me estaba ahogando.

—Quiero… no perderte —susurré—. Pero tampoco quiero pelear por ti.

Porque pelear por ella significaba pelear contra mi hermano. Y ya no quería destruir a nadie.

Ni a él.

Ni a ella.

Ni a mí.

Me levanté.

—Necesito tiempo —dije—. No para alejarme de ti. Solo… para no romperme.

Y me fuí.

Porque si me quedaba un segundo más, iba a abrazarla. Iba a pedirle perdón. Iba a decirle que la quería. Iba a suplicarle que no eligiera a Brayan.

Y no quería suplicar.

No a ella.

Pero cuando me alejé, escuché pasos detrás de mí. Pasos que reconocería incluso en la oscuridad.




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