Dos Caminos Diferentes

Capítulo 28

😮‍💨𝑬𝑵𝑻𝑹𝑬 É𝑳 𝒀 𝒀𝑶.

(𝑲𝑨𝑻𝑯𝑬𝑹𝑰𝑵𝑬)

El día después de la conversación con Noah, llegué a la Academia Rish con un nudo en el estómago. No sabía qué esperar. No sabía si Noah iba a ignorarme otra vez... O si, por fin, iba a dejarme acercarme.

Lo que sí sabía era que Brayan estaba cada vez más cerca. Demasiado cerca.

En el pasillo principal, vi a Noah antes de que él me viera a mí. Estaba solo, apoyado en su casillero, con los auriculares puestos y la mirada perdida en el suelo.

Parecía cansado. Parecía roto. Parecía… Noah.

Di un paso hacia él.

Solo uno.

Pero entonces, como si el universo quisiera complicarlo todo, Brayan apareció desde el otro extremo del pasillo.

Su mirada se clavó en mí al instante.Y luego en Noah. Y luego volvió a mí.

Y supe que lo había entendido todo.

Aun así, seguí caminando hacia Noah. No podía seguir evitando esto. No podía seguir dejándolo solo con su dolor.

—Noah… —susurré cuando estuve lo suficientemente cerca.

Él levantó la mirada.

Y ese segundo… Ese segundo me atravesó el pecho.

Sus ojos se iluminaron. Apenas un poco. Apenas un destello.

Pero fue suficiente para saber que quería hablar conmigo. Que quería intentarlo. Que quería volver.

—Katherine —dijo, quitándose los auriculares.

Su voz era suave. Esperanzada. Temblorosa.

—Podemos hablar —añadió, dando un paso hacia mí.

Mi corazón dio un vuelco.

Pero entonces, una sombra se interpuso entre nosotros.

Brayan.

Se colocó justo a mi lado, tan cerca que pude sentir el calor de su cuerpo. No me tocó. No dijo nada.

Solo… se puso ahí.

Como un muro.

Como un aviso.

Como una advertencia.

Noah lo miró. Y lo que vi en sus ojos no fue rabia.

Fue dolor.

Un dolor tan profundo que me dejó sin aire.

—No vengo a pelear —dijo Noah, con la voz firme pero herida—. Solo quiero hablar con ella.

Brayan no respondió. Ni siquiera lo miró.

Solo se quedó ahí, como si su presencia fuera suficiente para marcar territorio.

—Brayan… —susurré, tocándole el brazo—. Está bien.

Él me miró. Sus ojos azules estaban tensos, oscuros, peligrosos.

—¿Segura? —preguntó, sin apartar la mirada de mí.

—Sí.

Brayan apretó la mandíbula. Y dio un paso atrás.

Pero no se fue. Se quedó a unos metros, observando. Vigilando. Esperando.

Noah tragó saliva.

—No quería que esto fuera así —dijo, mirándome con una tristeza que me rompió—. No quería que él estuviera aquí. No quería que tú estuvieras… entre nosotros.

—Noah…

—Solo quería hablar contigo —continuó—. Solo eso. Solo… Escucharte. Solo decirte que lo siento. Que no debí gritar. Que no debí pelear. Que no debí dejar que el miedo me hiciera perderte.

Mi pecho se apretó.

—No me has perdido —susurré.

Noah cerró los ojos, como si esas palabras fueran demasiado.

—Pero él está ahí —dijo, abriéndolos de nuevo—. Siempre está ahí. Y cuando lo veo contigo… —su voz se quebró—. Me duele. Me duele como si me arrancaran algo.

Miró hacia donde estaba Brayan.

—No quiero odiarlo —añadió—. Es mi hermano. Pero cuando te mira… siento que me quedo sin aire.

Yo no sabía qué decir. No sabía cómo consolarlo sin romper a Brayan. No sabía cómo acercarme sin alejar a alguien más.

Noah dio un paso hacia mí.

—Solo quiero abrazarte —susurró—. Solo eso. Solo… sentir que no te he perdido del todo.

Mi corazón se detuvo.

Pero antes de que pudiera responder, antes de que pudiera moverme, antes de que pudiera siquiera respirar…

Brayan apareció a mi lado otra vez.

No tocó a Noah. No me tocó a mí.

Solo dijo una frase.

Una frase que cayó como un golpe.

—Ella no es un premio, Noah.

El silencio se volvió insoportable.

Noah lo miró. Y por primera vez, no vi rabia en sus ojos.

Vi lágrimas.

—Lo sé —respondió Noah, con la voz rota—. Por eso duele tanto.

Y se fue.

Sin esperar respuesta. Sin mirar atrás. Sin darme tiempo a detenerlo.

Brayan me miró.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.