Dos Caminos Diferentes

Capítulo 29

🥹𝑳𝑶 𝑸𝑼𝑬 𝑫𝑬𝑩𝑶 𝑨𝑹𝑹𝑬𝑮𝑳𝑨𝑹

—Brayan —dije, deteniéndome.

Se giró hacia mí con esa expresión que mezclaba arrogancia, preocupación y algo más profundo que no quería nombrar.

—¿Qué pasa?

Respiré hondo. Tenía que decirlo. Tenía que hacerlo ahora.

—Basta.

Brayan frunció el ceño.

—¿Basta qué?

—Basta de interponerte —respondí, con la voz firme aunque por dentro temblaba—. Necesito arreglar las cosas con Noah.

Él apretó la mandíbula.

—Noah puede esperar.

—No —dije, negando con la cabeza—. No puede. Y tú tampoco puedes decidir eso por mí.

Brayan dio un paso hacia mí, como si quisiera entenderme desde más cerca.

—Katherine, él está dolido. Está confundido. Y tú también. No quiero que él te meta más ideas en la cabeza.

—No necesito que nadie me meta ideas —respondí, sintiendo cómo la frustración me subía por la garganta—. Necesito hablar con él. Necesito hacerlo sola. Sin ti. Sin tu sombra detrás. Sin tu mirada encima.

Brayan bajó la mirada un segundo. Solo un segundo. Pero fue suficiente para ver el golpe.

—¿Quieres que me aleje? —preguntó, con la voz más baja que nunca.

—Quiero… que me dejes arreglar esto —susurré—. Por mí. Por él. Por nosotros.—Sin tu ayuda.

Brayan cerró los ojos, como si esas palabras fueran un puñal.

—No me gusta —admitió—. No me gusta dejarte sola con él.

—No estoy pidiendo tu permiso —respondí, suave pero firme.

Él levantó la mirada. Sus ojos azules estaban tensos, heridos, pero no enojados.

—Está bien —dijo finalmente—. Ve.

Y dio un paso atrás. Por primera vez desde que lo conocí… retrocedió.

—Pero si él te hace daño —añadió, con la voz quebrada—. No voy a quedarme quieto.

No respondí.

No podía.

Solo me di la vuelta y empecé a caminar.

Sabía exactamente dónde encontrar a Noah.

La biblioteca.

El único lugar donde él podía esconderse sin que nadie lo molestara. El único lugar donde podía pensar sin que el mundo lo aplastara. El único lugar donde siempre había sido él mismo.

Entré despacio. El olor a papel, a tinta y a silencio me envolvió. Las lámparas cálidas iluminaban las mesas de estudio. Y allí estaba él.

Sentado en la mesa del fondo. La misma mesa donde me había ayudado a estudiar por primera vez. La misma mesa donde me había sonreído sin miedo. La misma mesa donde había empezado todo.

Tenía un libro abierto, pero no lo estaba leyendo. Sus ojos estaban perdidos en la página, como si no pudiera ver nada.

Me acerqué despacio. Mis pasos resonaron en el silencio.

Noah levantó la mirada.

Y en ese instante, supe que había hecho lo correcto.

Sus ojos se abrieron un poco. No de sorpresa. De alivio. De dolor. De algo que había estado conteniendo desde hacía días.

—Katherine… —susurró, como si mi nombre fuera un suspiro.

Me senté frente a él. No muy cerca. No muy lejos.

Lo suficiente para que pudiera verme. Lo suficiente para que pudiera respirar.

—Necesitamos hablar —dije, con la voz suave.

Noah cerró el libro. Sus manos temblaban.

—Pensé que… —tragó saliva—. Pensé que no vendrías.

—Tenía que hacerlo —respondí—. Tenía que hablar contigo. Sin Brayan. Sin nadie más.

Noah bajó la mirada. Una lágrima cayó sobre la página del libro.

—Gracias —susurró.

Y en ese instante, supe que este capítulo no era un final.

Era un comienzo.

Un comienzo difícil. Doloroso. Pero necesario.

Un comienzo que solo podía hacerse aquí. En la biblioteca. Con Noah. Con la verdad entre nosotros.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.