Dos Caminos Diferentes

Capítulo 31

😶𝑳𝑶 𝑸𝑼𝑬 𝑵𝑶 𝑺𝑬 𝑫𝑰𝑪𝑬.

La biblioteca seguía envuelta en ese silencio cálido que siempre me había dado paz, pero ahora… ahora era distinto. Noah seguía a mi lado, respirando despacio, como si temiera que un movimiento brusco pudiera romper lo que acabábamos de reconstruir.

Yo tampoco me moví.

No quería romper nada.

—Gracias por venir —dijo finalmente, con la voz baja, casi un susurro.

—Tenía que hacerlo —respondí.

Noah asintió, pero su mirada se desvió hacia la puerta. Un gesto pequeño, casi imperceptible. Pero lo entendí.

Brayan.

Aunque no estuviera allí, su sombra seguía presente.

—No quiero que esto se convierta en una guerra —dijo Noah, sin mirarme—. No quiero que tú seas el campo de batalla.

—No lo soy —respondí, aunque una parte de mí sabía que sí. Que lo había sido desde el primer día.

Noah cerró los ojos un segundo.

—Katherine… —su voz tembló—. No sé qué va a pasar entre nosotros. No sé si esto… —señaló el espacio entre nuestras manos— …va a sobrevivir a todo lo que viene.

—¿A qué te refieres?

Noah dudó. Y esa duda me heló.

—Hay cosas que no puedo contarte todavía —admitió—. Cosas de mi familia. Cosas de la Academia. Cosas que… van a salir a la luz muy pronto.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Qué cosas?

Noah tragó saliva.

—Solo prométeme algo —dijo, mirándome por fin—. Pase lo que pase, no te alejes sin hablar conmigo antes.

—Noah…

—Promételo.

Lo miré. Sus ojos azules estaban llenos de miedo. No por él. Por mí.

—Lo prometo —susurré.

Noah soltó un suspiro que parecía llevar días atrapado en su pecho.

—Gracias.

Nos quedamos así unos segundos más. Cerca. Pero no juntos. Todavía no.

Hasta que una voz rompió el silencio.

—Vaya, vaya. Qué escena tan… conmovedora.

Me giré.

Brayan estaba en la entrada de la biblioteca. Apoyado en el marco de la puerta. Los brazos cruzados. La mirada clavada en nosotros.

Pero esta vez… no había burla. No había arrogancia.

Había algo más oscuro. Más profundo. Más peligroso.

Noah se levantó de inmediato.

—Brayan, no empieces.

—¿Empiezo? —Brayan soltó una risa sin humor—. ¿O llegué tarde?

Noah dio un paso hacia él.

—No es lo que piensas.

—¿Ah, no? —Brayan me miró—. ¿Entonces qué es?

Yo abrí la boca para responder, pero Brayan levantó una mano.

—No. No quiero que me lo expliques tú —dijo, sin apartar la mirada de mí—. Quiero escucharlo de él.

Noah apretó los dientes.

—Brayan, basta.

—No —respondió él, con una calma que me puso la piel de gallina—. No voy a parar. No esta vez.

Noah avanzó otro paso.

—No tienes derecho a—

—Tengo derecho a saber —lo interrumpió Brayan—. Porque tú no eres el único que siente algo aquí.

El silencio cayó como un golpe.

Noah se quedó inmóvil. Yo también.

Brayan respiró hondo, como si le costara decir lo que venía.

—Noah… —su voz se quebró apenas—. No eres el único que la quiere.

Noah cerró los ojos. Solo un segundo. Pero suficiente para que yo sintiera cómo algo se rompía entre ellos.

—No voy a pelear contigo —dijo Noah, con la voz baja—. No por ella. No así.

—Pues deberías —respondió Brayan—. Porque yo sí voy a pelear.

Y entonces, sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió de la biblioteca.

Noah se dejó caer en la silla, como si el peso del mundo hubiera caído sobre él.

Yo me quedé de pie, sin saber a quién seguir.

A quién consolar.

A quién elegir.

O si debía elegir a alguien.

Porque por primera vez…sentí que lo que venía después de ese momentono iba a romper solo a uno de ellos.

Iba a rompernos a todos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.