Dos Caminos Diferentes

Capitulo 32

💌𝑳𝑨 𝑰𝑵𝑽𝑰𝑻𝑨𝑻𝑰Ó𝑵 𝑫𝑶𝑹𝑨𝑫𝑨.

La noticia llegó un lunes por la mañana, justo cuando el sol apenas comenzaba a filtrarse por los ventanales del pasillo principal. Un murmullo recorrió la Academia Rish como una corriente eléctrica, saltando de boca en boca, de casillero en casillero, hasta que incluso yo, con mi corbata verde y mis intentos constantes de pasar desapercibida, no pude ignorarlo.

—¿Lo escuchaste? —susurró una chica morada a su amiga—. ¡Una gala! ¡En la mansión Gordon!

—Dicen que habrá prensa —respondió la otra—. Y políticos. Y empresarios. Y… —bajó la voz— …que es la fiesta más importante del año.

La palabra “gala” me hizo fruncir el ceño. La palabra “Gordon” me hizo sentir un nudo en el estómago.

No tardé mucho en entender por qué.

En la entrada del comedor, un enorme cartel dorado brillaba como si quisiera cegarme:

La Familia Gordon invita cordialmente a todos los estudiantes de la Academia Rish a la Gala de Fin de Año. Vestimenta formal. Asistencia obligatoria.”

Obligatoria. Genial.

Suspiré, dispuesta a seguir mi camino, cuando una voz familiar me detuvo.

—Katherine.

Me giré.

Noah estaba ahí, con su corbata dorada perfectamente anudada y esa expresión tranquila que siempre me hacía sentir un poco menos perdida. Sostenía una invitación física en la mano, un sobre blanco con bordes dorados.

—Quería dártela yo —dijo, extendiéndomela.

La tomé con cuidado. El papel era grueso, elegante, demasiado caro para mis dedos temblorosos.

—No tienes que ir si no quieres —añadió Noah, bajando la voz—. Aunque… me gustaría que fueras conmigo.

Mi corazón dio un pequeño salto. Noah rara vez pedía algo de forma tan directa.

—No sé si… —empecé.

Pero otra voz me interrumpió.

—¿Qué pasa, hermanito? ¿Ya la estás presionando?

Brayan apareció a mi lado como una sombra arrogante, con las manos en los bolsillos y una sonrisa ladeada que no sabía si quería golpear o descifrar.

—Relájate —respondió Noah, sin perder la calma—. Solo le estaba dando su invitación.

Brayan me miró, y por un segundo, su sonrisa se suavizó.

—Katherine —dijo, inclinándose un poco hacia mí—. Si vas, deberías ir con alguien que sepa moverse en ese tipo de eventos.

—¿Y tú sabes? —pregunté, cruzándome de brazos.

—Mejor que él —respondió, señalando a Noah con la barbilla.

Noah soltó un suspiro cansado.

—Brayan, no empieces.

—¿Empezar qué? —preguntó él, con falsa inocencia—. Solo estoy invitando a una amiga.

La palabra “amiga” cayó entre nosotros como una piedra en un lago.

Yo respiré hondo.

—No necesito que ninguno de los dos me invite —dije, guardando la tarjeta en mi mochila—. Si tengo que ir, iré. Punto.

Ambos me miraron. Ambos parecían querer decir algo más. Pero ninguno lo hizo.

La noticia de la gala se extendió por toda la Academia como un incendio. Las chicas hablaban de vestidos. Los chicos, de autos y trajes. Los profesores, de la “oportunidad” que representaba.

Yo solo pensaba en una cosa:

¿Por qué el padre de los Gordon haría una fiesta para toda la Academia?

No era generoso. No era amable. No era alguien que hiciera algo sin esperar algo a cambio.

Y cuando vi al final del pasillo un hombre elegante hablando con el director, lo confirmé. Ese tenía que ser el Señor Gordon.

Su mirada se cruzó con la mía. Y sonrió.

No una sonrisa amable. No una sonrisa cordial.

Una sonrisa que me recorrió la espalda como un escalofrío.

Me giré de inmediato, pero sentí su mirada clavada en mí incluso cuando doblé la esquina.

Esa tarde, mientras guardaba mis libros en el casillero, escuché pasos detrás de mí.

—No tienes que ir si no quieres —dijo Noah, apoyándose en la pared—. Mi padre no puede obligarte.

—La invitación dice que sí —respondí.

—Lo sé —admitió—. Pero puedo hablar con él.

—No, Noah —negué—. No quiero que hables con él por mí.

Él bajó la mirada.

—Solo quiero que estés bien.

Mi pecho se apretó.

—Lo estaré —susurré.

Pero antes de que pudiera decir algo más, otra presencia se acercó.

Brayan.

—¿Interrumpo? —preguntó, aunque estaba claro que no le importaba.

—Sí —respondió Noah.

—Perfecto —dijo Brayan, ignorándolo—. Katherine, sobre la gala…

—No voy contigo —dije antes de que terminara.

Brayan sonrió, divertido.

—No te estaba invitando.

—¿Ah, no?

—No.

—¿Entonces?

—Solo quería decirte que… —se inclinó un poco hacia mí— …ten cuidado.

Mi corazón dio un vuelco.

—¿Con qué? —pregunté.

Brayan me sostuvo la mirada. Sus ojos azules, por una vez, no tenían burla. Solo advertencia.

—Con mi padre.

Noah se tensó.

—Brayan, basta.

—No —respondió él, sin apartar la mirada de mí—. Ella tiene que saberlo.

Yo tragué saliva.

—¿Saber qué?

Brayan dio un paso atrás.

—Que en esa fiesta… nada es lo que parece.

Y se fue.

Noah lo miró alejarse con frustración.

—No le hagas caso —dijo, aunque su voz tembló un poco.

Yo cerré mi casillero.

—Noah… —susurré—. ¿Qué está pasando?

Él no respondió. Solo me miró con una mezcla de miedo y tristeza.

Y en ese instante, supe que la gala no era solo una fiesta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.