❌𝑬𝑳 𝑫𝑬𝑺𝑷𝑨𝑪𝑯𝑶 𝑷𝑹𝑶𝑯𝑰𝑩𝑰𝑫𝑶.
El despacho del señor Gordon olía a cuero caro, madera pulida… y peligro.
La puerta se cerró detrás de nosotros con un clic suave, casi elegante, pero que me hizo sentir atrapada. Brayan no soltó mi mano hasta que estuvo seguro de que nadie nos había seguido. Solo entonces la dejó caer, aunque sus ojos seguían fijos en mí, tensos, alertas.
—No toques nada sin que te lo diga —susurró.
Asentí, aunque mis manos ya estaban temblando.
El despacho era enorme. Una alfombra oscura cubría el suelo, las paredes estaban llenas de cuadros de paisajes que parecían demasiado perfectos para ser reales, y en el centro había un escritorio de madera negra que parecía un altar.
Un altar al poder.
Brayan caminó hacia las cortinas y las cerró un poco más.
—Mi padre no deja este lugar abierto por accidente —murmuró—. Si la puerta estaba entreabierta… es porque alguien entró antes que nosotros.
—¿Quién? —pregunté.
Brayan negó con la cabeza.
—Eso es lo que quiero averiguar.
Me acerqué al escritorio. Había una lámpara encendida, un vaso de whisky a medio terminar y una carpeta roja abierta, como si alguien la hubiera dejado con prisa.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—Brayan… —susurré—. Mira esto.
Él se acercó a mi lado. Y por primera vez desde que lo conocí, lo vi realmente asustado.
Dentro de la carpeta había documentos con sellos oficiales, firmas repetidas, cifras enormes que no tenían sentido. Transferencias a empresas con nombres que parecían inventados. Donaciones que no coincidían con los registros públicos de la Academia.
Y entonces lo vi.
Nombres de becados. Mi nombre.
“Katherine Donoso — Beca especial. Monto asignado: 0 €.Monto declarado: 25.000 €.”
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—No… —susurré—. Esto no puede ser…
Brayan tomó el papel antes de que yo pudiera romperlo.
—Katherine, escucha —dijo, con la voz baja pero firme—. Esto no tiene nada que ver contigo. Tú no hiciste nada.
—Pero mi nombre está ahí —respondí, sintiendo un nudo en la garganta—. Me usaron. Usaron mi beca para… para…
—Para lavar dinero —terminó él, sin suavizarlo.
Me llevé una mano a la boca. El aire se volvió más pesado. Más frío.
Brayan dejó el documento sobre el escritorio y se pasó una mano por el cabello, frustrado.
—Lo sabía —murmuró—. Sabía que había algo raro. Sabía que mi padre estaba metido en algo sucio, pero… no pensé que fuera tan grande.
—¿Desde cuándo lo sospechas? —pregunté.
Brayan me miró. Y en sus ojos vi algo que nunca había visto antes: vergüenza.
—Desde siempre —admitió—. Pero nunca tuve pruebas. Nunca tuve… valor.
Mi corazón se apretó.
—Brayan…
—No me mires así —dijo, apartando la mirada—. No soy un héroe. Solo… no quiero que te lastime.
Antes de que pudiera responder, escuchamos pasos en el pasillo.
Pasos firmes. Pasos que conocía. Pasos que helaron la sangre de Brayan.
—Es mi padre —susurró él—. Rápido.
Me tomó del brazo y me empujó detrás de una estantería enorme. El espacio era estrecho, oscuro, y podía sentir su respiración acelerada junto a la mía.
La puerta del despacho se abrió.
—¿Quién demonios estuvo aquí? —la voz del señor Gordon retumbó como un trueno.
Brayan me apretó la mano. Yo contuve la respiración.
—La carpeta está movida —gruñó el hombre—. Y el whisky… alguien lo tocó.
Escuché el sonido de papeles siendo revisados con brusquedad. Un golpe seco. Un insulto ahogado.
—Si descubro quién fue… —murmuró el señor Gordon— …se va a arrepentir.
Brayan cerró los ojos. Yo también.
Los pasos se acercaron. Demasiado.
Podía sentir el peso de su presencia al otro lado de la estantería. Un solo movimiento, un solo giro de cabeza, y nos encontraría.
Brayan deslizó su mano hasta mi cintura, como si pudiera protegerme con su cuerpo si algo salía mal.
Y por un segundo, pensé que iba a hacerlo. Que iba a salir y enfrentarlo. Que iba a romperse por completo.
Pero los pasos se alejaron. La puerta se cerró. Y el silencio volvió.
Brayan soltó un suspiro tembloroso.
—Tenemos que irnos —dijo, tomando mi mano otra vez—. Ahora.
Salimos del despacho sin mirar atrás. Sin respirar. Sin pensar.
Solo cuando llegamos al pasillo iluminado por las luces de la fiesta, Brayan se detuvo.