Dos De Corazones

PRÓLOGO.- CLUB NIGHERTS

La adrenalina recorría mi cuerpo. Estaba a una sola jugada de terminar la partida y mi mano era excelente, aunque aun así podía ser vencida. El póker se había convertido en uno de mis hobbies favoritos… al menos desde que empecé a trabajar en Nigherts.

—Desplieguen cartas —ordenó Alisson, mi amiga y compañera de trabajo.

—¡Full! —declaró el señor Carlos con orgullo.

Sonreí ligeramente. Era una buena mano, pero no lo suficiente.

—Color —traté de disimular mi felicidad al escuchar salir aquello de los labios de don Miguel.

—¿Y tú, Jared? —preguntó don Carlos, convencido de que ya había ganado.

Un full era difícil de vencer, pero todavía existían manos más fuertes.

—Escalera… —me detuve unos segundos, fingiendo mi mejor expresión de derrota—…de color.

Solté las cartas sobre la mesa y observé cómo sus ilusiones desaparecían de golpe. La segunda mano más poderosa del póker y el mayor logro que había conseguido en todas mis partidas. Jamás había obtenido mi jugada perfecta: la ansiada flor imperial. Preferiblemente de corazones; siempre había sido mi pinta favorita.

—¿¡En qué momento!? —el señor canoso a mi lado era de esas personas a las que les costaba aceptar la derrota, aunque fuera algo constante—. ¡Necesito la revancha!

—Y yo estabilidad emocional, pero no se puede tener todo en esta vida —me levanté de mi asiento porque mi pobre trasero ya empezaba a entumecerse—. Ahora, si me lo permiten, me retiraré. El señor Nigher me matará si me ve jugando otra vez con los clientes.

—No te mataré, pero puede que te ponga a limpiar todo al final.

La ronca voz a mis espaldas hizo que me sobresaltara.

—¡Carajo! —rezongué por lo bajo.

—No lo regañe, nosotros le propusimos la apuesta.

Realmente adoraba a aquellos viejitos… y a todos mis contrincantes en general. Después de todo, era su bartender favorito.

—Lo sé, y eso es lo peor —soltó Nigher con resignación mientras tomaba el asiento que antes ocupaba yo.

—Me paso a retirar. Un gusto jugar con ustedes —hablé más rápido de lo normal mientras corría hacia la barra arrastrando a Alisson conmigo—. ¡Hasta la próxima!

—Un día de estos nos despedirán por tu culpa —me reprochó mi amiga apenas llegamos a nuestro destino.

La vi acomodarse nuevamente los mechones rubios. Como lo tenía tan corto, esos pequeños desastres eran constantes.

—Ellos vienen a mí, no yo a ellos —respondí mientras pasaba un trapo por la barra. Estaba demasiado sucia y me estresaba verla así—. ¿Qué quieres que haga?

—Eres un necesitado. Sé que desearías que fueran chicos altos en vez de señores adictos a los juegos.

Le lancé el trapo con indignación, pero logró esquivarlo.

—Golpe bajo —me quejé—. Pero al menos yo ya superé a mi ex.

Vi cómo su rostro reflejaba exactamente la misma indignación que el mío segundos atrás. Cuando menos lo noté, ya la tenía corriendo detrás de mí. Su ex era un tema sensible.

Pero, oigan… ella empezó.

—¡Me las vas a pagar, homosexual! —me gritó.

—¡Primero atrápame, maldita heterosexual!

Debo admitir que visualicé mi final cuando distinguí el borde de la barra demasiado cerca.

—Te amo, Aliss —dije deteniéndome para formar un pequeño corazón con las manos y verme más tierno.

Tenía que perdonarme. Era una loca y perfectamente podría asesinarme. Honestamente, temía por mi vida.

—Yo también —respondió, cambiando de humor de manera alarmantemente rápida.

Daban miedo sus cambios drásticos, pero yo era demasiado masoquista como para guardarme el comentario que retumbaba en mi cabeza.

Dios, soy yo de nuevo.

—Por eso tu ex te engañó.

Su sonrisa desapareció al instante y comprendí que aquel diminuto ser acabaría conmigo. No entendía cómo podía caber tanta maldad en un cuerpo tan pequeño. Yo medía uno sesenta y cinco, pero ella apenas superaba el metro y medio.

—Ya valiste.

Tragué saliva y me preparé para lo peor, pero un carraspeo nos detuvo.

Ambos volteamos con terror, pensando que sería el señor Nigher. Sin embargo, nos sorprendimos al encontrar una figura encapuchada frente a la barra. El agua escurría de su ropa, probablemente por la lluvia torrencial del exterior.

—Buenas noches —alejé a Aliss de mí antes de acercarme a la barra—. ¿En qué puedo ayudarle?

—Buenas noches —respondió una voz juvenil, aunque grave—. ¿Podría prepararme un Martini Diamond, por favor?

Ah, me gustan de esos.

Debía controlar mis pensamientos. Era una persona seria y responsable durante las horas laborales.

—Claro, enseguida.

Respondí con simpleza y me puse manos a la obra. Dos años y medio trabajando en ese lugar me habían dado una habilidad envidiable, además de una velocidad impresionante para preparar tragos.

La medida exacta de cada ingrediente crearía la bebida con el sabor y la consistencia perfectos.

Vi cómo Aliss iba a atender a otros clientes recién llegados. Aunque noté que todavía titubeaba al maniobrar las botellas; parecía que aún le costaba un poco.

—¡Está lista! —entregué el trago con delicadeza—. Un gusto demasiado caro, ¿no cree?

—Nada que no pueda pagarse.

Dejó el dinero sobre la barra y fui por su cambio a la caja.

Realmente necesitaba a alguien así en mi vida… o al menos esa estabilidad económica. Debía admitir que resultaba envidiable. El Martini Diamond costaba trescientos pesos, una de las razones por las cuales casi nadie lo pedía.

Mi sorpresa aumentó cuando regresé y el chico misterioso ya no estaba.

—¿No viste al cliente que estaba aquí sentado? —le pregunté a Rodrigo, uno de los meseros que acababa de llegar con su charola.

—No, lindo.

Sonreí con incomodidad. Su respuesta y el guiño que me dedicó antes de marcharse ya eran costumbre, aunque aun así no podía evitar sentir cierto tedio.

—No puede ser posible… —fue lo único que pude decir antes de resoplar.




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