Mi regreso al Nigherts había estado mejor de lo que esperaba; el montón de viejitos viciosos con los que solía jugar se alegraron de ver volver a su contrincante favorito, Rodrigo se puso demasiado feliz de tener a alguien a quien molestar y mi jefe no pudo estar más aliviado de tenerme de regreso.
Todo transcurría con una normalidad casi inquietante, ya había ganado unas partidas de póker y baraja, antes de que el señor Nigher regresara. Así que ahora solo estaba limpiando la barra por milésima vez en la noche.
Alisson se encontraba en la parte de atrás con Richi, que había llegado nuevamente a verla. Me habían obligado prácticamente a aceptar que me llevaran a mi cerro.
Traté de negarme, pero no sirvió de mucho.
Aunque les agradecía, no cualquiera se ofrecería a ir por mis rumbos por esas horas de la noche. Digamos que no tenía la mejor reputación del mundo, a pesar de que más allá —siguiendo la calle atravesando mi barrio— se encontraba uno de los fraccionamientos más populares entre las personas con dinero. Justo ahí vivía Henry y esa era la razón por la cual pasaba por donde casi me atropellaba.
Negué al recordar ese momento; desde el partido de los chicos de básquet no lo había visto ni hablado con él. Y ya era una semana de eso, aunque sí lo había visto a la distancia, casi siempre acompañado por su séquito o por Marisol.
Que hablando de esta última, había sido una verdadera sorpresa verla renunciar. Aunque si era sincero, me lo esperaba. Jamás le había interesado en verdad el equipo, en un inicio incluso admitió que solo se metió para estar cerca de su ahora ex novio. Pero después de su ruptura perdió el rumbo, y a veces pienso que ella creyó que ser capitana le haría recuperar un poco del control que había perdido.
Eso no sucedió obviamente.
De verdad le deseaba que encontrara su felicidad, aun así, no podía evitar sentir algo extraño en el pecho cuando la veía con Henry. Claro que lo adjudicaba al hecho de que sabía que él no sentía lo mismo por ella. O al menos eso me había dado a entender el moreno en la fiesta.
—Deja tu ensoñamiento y sírveme un Martini —habló alguien frente a mí, y casi me voy para atrás—. No te pago para que te duermas despierto.
Mi lindo jefe está frente a mí, con una expresión burlesca en su rostro.
—Claro que no —tomé la botella y serví con cierta gracia su trago—. Si fuera por usted no me pagaría.
Alzó su vaso, como si estuviera brindando.
—Qué bien me conoces, Navarro —se lo bebió de una, y solo pude hacer un gesto al notar la resistencia que tenía al alcohol. Tal vez eso explicaba su abundante panza de bebedor—. ¿Alisson sigue con ese chico?
Volví a rellenar su caballito, una vez lo dejó en la barra. Era una rutina que habíamos creado a lo largo del tiempo. Al menos una vez en la noche, teníamos una plática entre tragos. Aunque claramente era unilateral, él no me permitía tomar alcohol al ser menor de edad. Y claro que a mí no me gustaba, pero aun así, era de las cosas que me hacían respetarlo.
Aun recordaba como había llegado con él a pedirle empleo, y aunque en un principio se negó por mi edad. Inicié como lavatrastes, después me fui amaestrando gracias a la anterior barista. En cuanto ella se fue, yo ascendí a su puesto y desde entonces soy la cara oficial de la barra.
—Debería saber que sí. Aunque probablemente lo haya mandado a lavar los trastes —le dije, riéndome al recordar la vez que lo descubrí haciendoLO.
—Mientras siga dejando increíbles propinas, no me importa que venga casi diario —se bebió otro trago de tirón, y yo solo negué divertido ante sus palabras—. ¿Tú para cuándo traerías a alguien?
¿Esto es el equivalente a cuando tu familia te pregunta para cuándo el novio en las cenas?
Despabilé mi mente, pues ese pensamiento la invadió y si me reía solo, probablemente pensarían que el golpe me había dejado algo loco.
—Creo recordar que espantabas a todos los que me intentaban invitar un trago.
—Porque eras más joven —recordó y soltó un suspiro al recorrerme con la mirada—. Prácticamente un bebé, y ahora estás a meses de la legalidad. Ya te estás quedando.
—Bueno. Supongo que no ha llegado el indicado.
Asintió, y lo vi servir dos tragos. Me instó a tomar uno. Lo dudé, pero al final acepté.
—Porque encuentres a alguien que te merezca —chocamos los vasos y nos bebimos el contenido, aunque casi se lo escupo en la cara cuando sentí cómo quemó mi garganta—. O al menos alguien con quien valga la pena acostarse.
Se rió estrepitosamente y no pude evitar hacerlo yo también.
—Un beso es como un vaso de agua, no se le niega a nadie —lancé la poética frase de Tania.
—Pero al menos cóbralos —lo vi marcharse a las mesas, aun con esa sonrisa pícara en su rostro—. Sácales el dinero y déjalos, como mi ex esposa —intenté no reírme de su propio chiste—. Ahora me voy a estafar a estos viejecillos.
—No pierdas de nuevo, que no pienso salvarte el pellejo como la vez pasada.
Lo vi restarle importancia con un gesto de su mano, mientras se sentaba en la mesa de juegos.
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Editado: 21.06.2026