Dos De Corazones

12.- MOMENTOS INCÓMODOS

La competencia de Henry ya había terminado cuando todo volvió, más o menos, a la normalidad.

Ganaron. Eso era lo importante. El ambiente estaba lleno de risas, abrazos, felicitaciones apresuradas y esa energía ligera que solo aparece cuando el esfuerzo rinde frutos. Henry estaba rodeado de su equipo, feliz, agotado, completamente concentrado en ese mundo suyo que parecía exigirle todo al mismo tiempo.

Esta vez, por suerte, no hubo fiesta.

Y aunque sonara extraño, lo agradecí.

Alisson estaba ahí con Richie, y por primera vez sentí que podía relajarme un poco. No porque antes no confiara en él —bueno, tal vez sí—, sino porque la última vez que los dejé solos terminé dejándome ganar por la ansiedad. Esta vez fue distinto. Me sentí… más seguro. O al menos quise creer que lo estaba.

Ese día con Henry —no quería llamarlo cita, aunque se pareciera demasiado a una— terminó ya entrada la noche. Todo fue tranquilo, casi demasiado. Hablamos, caminamos sin rumbo fijo y, al final, él me llevó a casa. Nada dramático. Nada fuera de lugar.

Y aun así, se quedó conmigo más tiempo del que esperaba.

Después de eso, no nos vimos por un rato. Henry estaba completamente absorbido por su competencia, por los entrenamientos, por todo lo que implicaba ganar. Yo lo entendía. De verdad. No podía reclamarle nada.

Mientras tanto, volví a hablar con Thalia y con Ara.

Ellas me invitaron a una fiesta.

No me explicaron mucho. La conversación fue rápida, atropellada, llena de frases incompletas y risas nerviosas. Aun así, acepté decir que lo pensaría. Thalia, entre comentario y comentario, dejó caer algo que me llamó la atención: me dio a entender que había salido con su primo.

Con Henry.

Cuando me preguntó directamente si yo también había salido con él, me limité a encogerme de hombros.

—Nos encontramos —dije—. Nada más.

No quise dar detalles. No porque fuera un secreto, sino porque ni yo mismo sabía cómo explicarlo.

Alisson y Caro, en cambio, estaban demasiado emocionadas.

—Eso fue una cita —insistía Alisson.

—Claramente —añadía Caro—. Cine, café, que te lleve a casa… por favor.

Yo solo negaba con la cabeza.

—Fue una salida de amigos —repetí, más para convencerme a mí que a ellas.

Ellas intercambiaban miradas cómplices, sonrisas que no me gustaban nada, como si supieran algo que yo todavía no estaba listo para aceptar.

Y tal vez tenían razón.

Porque aunque intentara mantener todo en una caja ordenada, había algo que no encajaba del todo. Algo que se movía debajo de la superficie, esperando el momento adecuado para salir.

Como casi todo últimamente.

Henry y Richie aparecieron poco después, acompañados por otros chicos del equipo. El ambiente cambió de inmediato, como si alguien hubiera subido el volumen de todo: risas más fuertes, comentarios cruzados, empujones amistosos. Me di cuenta entonces de que Thalia y Ara ya no estaban.

—Se fueron —dijo Alisson cuando pregunté por ellas—. Tenían cosas que hacer antes de la fiesta.

—¿Fiesta? —preguntó Richie, arqueando una ceja—. ¿Dónde va a ser?

Alisson se quedó en silencio un segundo. Luego abrió mucho los ojos.

—Ay… —dijo—. Perdón, se me olvidó por completo decirte.

—Eso no suena bien —murmuró Richie.

—Va a ser en tu casa —añadió ella, como si nada—. Bueno, una fiesta en la piscina.

Richie la miró, incrédulo.

—No.

—¿Cómo que no? —preguntó Caro.

—No quiero fiesta —respondió—. Ya conozco a medio mundo que va a ir: Henry, Ara, Thalia… ahora más gente que la última vez. No, gracias.

—Ándale —insistió Alisson—. Va a estar divertido.

—No —repitió Richie—. Claramente no.

La escena empezó a volverse absurda. Cada quien decía algo distinto, interrumpiéndose unos a otros, como si todos estuvieran negociando un tratado internacional en lugar de una fiesta en una alberca.

—Ve —dijo uno de los chicos del equipo.

—Sí, no seas amargado —añadió otro.

Caro se giró hacia mí.

—Si tú vas, yo voy.

Sentí todas las miradas encima.

—¿Por qué me meten en esto? —pregunté.

—Porque eres el factor decisivo —respondió Alisson, sonriendo.

Quise decir que no. En serio. Pero entre las bromas, las risas y la presión colectiva, terminé suspirando.

—Está bien —cedí—. Pero solo porque me están acosando socialmente.

—¡Eso! —celebró Alisson.

Richie negó con la cabeza, resignado.

—No puedo creer que esta sea mi vida.

Empezamos a caminar todos juntos, bromeando, empujándonos ligeramente, hablando de cualquier cosa menos de la fiesta. Poco a poco, sin darme cuenta, el grupo se fue adelantando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.