Dos De Corazones

19.- SE QUE MIENTES

Todavía sigo dándole vueltas a todo lo que hablamos Henry y yo el dia de ayer, esa charla que vino después de todos los momentos extraños, las medias verdades y las distancias que se han ido colando entre nosotros en estos últimos días. Pensé que al hablarlo todo se aclararía, que por fin dejaría de tener la cabeza llena de dudas, pero al contrario: ahora estoy más perdido que nunca.

Sigo dividido, como siempre, entre lo que me hace sentir él —esa mezcla de atracción y confusión, de momentos cercanos que de pronto se vuelven lejanos— y todo lo que me pasa con Thiago, todo lo que no se ha dicho pero que sigue ahí, pesando más que cualquier cosa. Y lo peor es que sé que esto no es justo para ninguno de los dos, ni para Henry, que a veces parece esperar algo que ni él sabe definir, ni para Thiago, que lleva tiempo siendo un misterio que no dejo de intentar descifrar, y mucho menos para mí, que termino siempre hecho un lío entre sentimientos, sospechas y silencios.

Por eso ya tomé una decisión firme: este fin de semana me voy a tomar el tiempo para ordenar todo esto, para poner cada cosa en su lugar y descubrir de una vez por todas qué es lo que realmente quiero, y con quién. Pero antes de que llegue el sábado, hay algo que tengo que hacer, algo que llevo posponiendo desde que empecé a notar todas esas cosas raras en Thiago, desde que empecé a juntar los detalles que no encajan.

Tengo que hablar con él, sin rodeos, sin dejar que se escape con sus respuestas evasivas. Es viernes, y tengo muy claro que si no me atrevo hoy, cuando todo está todavía fresco en mi memoria —desde las veces que desapareció sin explicación hasta aquella noche en la que me sentí salvado por algo que no entendí—, probablemente nunca encuentre el valor para hacerlo.

Ahora mismo estoy con el equipo de animación, repasando las coreografías para lo que se viene. Faltan apenas dos semanas para el partido grande de fútbol americano, y todavía nos estamos recuperando de todos los desastres que han pasado últimamente: desde los problemas con el material hasta ese accidente tan feo que tuvieron en la última presentación, el que me hizo darme cuenta de lo frágil que puede ser todo, y que me hizo pensar, una vez más, en esa ayuda misteriosa que siempre aparece cuando las cosas se ponen feas.

Aún me pongo nervioso al recordarlo, y aún me pregunto si Thiago tuvo algo que ver, como tantas otras veces.

—¡Oye, Jared! —me llama uno de los chicos mientras ajustamos unas posiciones en la fila—. ¿Has pensado en lo que todo el mundo comenta? Dicen que casi seguro te van a nombrar capitán oficial del equipo. Ya lo eres de hecho, pero ahora será por título, y todos están de acuerdo en que te lo mereces.

Sonrío mientras marco un movimiento nuevo en la hoja de papel, pensando en lo mucho que he trabajado para que todo funcione, para que el equipo esté unido, incluso cuando yo mismo tengo la vida hecha un desastre.

—La verdad es que no me molestaría —le contesto con total sinceridad—. De hecho, me gustaría. Me gusta organizar las cosas, que todo salga bien y que estemos todos en la misma página. Si me toca el puesto, lo acepto con gusto. Es lo que he intentado hacer todo este tiempo, después de todo.

Sigo trabajando en las propuestas para las próximas presentaciones. Tengo en mente mezclar temas de Dua Lipa y Madison Beer, pero el equipo también propuso algo con más ritmo latino, alegre y directo, y ahora mismo el reto es ver cómo unir todo eso sin que suene raro, como intento hacer con mis propios sentimientos.

—¿Qué te parece si probamos este paso aquí? —le digo a una de las chicas, enseñándole la secuencia que acabo de inventar, rápida y con cambios de dirección, como lo que me pasa a mí cada vez que intento entender a Thiago o a Henry—. Es más rápido, combina bien con el estribillo y se ve muy dinámico.

—¡Me encanta! —me responde ella, sonriendo—. Vas a lograr que todo encaje, ya verás. Tienes un don para unir cosas que parecen imposibles de juntar.

Sus palabras me hacen pensar, porque en el escenario sí lo logro, pero fuera de él, con las personas que me importan, todo se me desmorona. Durante todo el día apenas he visto a Henry. Hemos intercambiado unos cuantos mensajes, eso sí, él preguntando cómo estoy, yo respondiendo con medias verdades, nada que nos acerque de verdad. Y curiosamente, esa distancia hace que todo se me revuelva más por dentro, porque me hace compararlo sin querer con Thiago: con él, la distancia se siente como un muro que él construye, mientras que con Thiago, es un abismo que yo quiero cruzar.

También me siento un poco culpable porque hace siglos que no hablo bien con Aliss, pero es que últimamente pasa todo el tiempo con Richie, y apenas nos vemos. No es que me moleste, al contrario; si ella está feliz, yo también. Solo sé que ahora mismo cada uno está en su propia historia, y la mía se ha vuelto demasiado complicada para compartirla en un momento.

Cuando llega la tarde y empieza el partido de baloncesto, decido ir solo. Sé perfectamente que si me quedo todo el tiempo pegado a Aliss, a Caro y a Richie, se me van a ir las ganas de buscar a Thiago, y hoy eso es lo más importante. Me siento en las gradas y, como era de esperarse, no tardo nada en encontrarlo con la mirada.

Ahí está él. Juega increíble, se mueve por la cancha con una seguridad que a veces me da envidia. Lleva su uniforme gris con detalles negros y blancos, y… bueno, tengo que admitir que le queda demasiado bien. Lo veo correr, saltar, pasar el balón, y me doy cuenta de que lo estoy admirando demasiado. Suspiro para mis adentros y me regaño mentalmente: Ya basta, Jared. Deja de analizar cada cosa que hace o cómo se ve. Necesitas respuestas, no más pensamientos tontos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.