Dos De Corazones

21.- BAILE CON EL VAMPIRO

Por fin llegó el día del baile de San Valentín.

Desde que puse un pie en el gimnasio decorado, todo me envolvio: luces de neón de colores que se reflejan en las paredes, guirnaldas que cambian de tono, música que retumba en el suelo y un ambiente cargado de risas, voces y esa energía propia de las fiestas. No puedo evitar pensar, nuevamente, que el tema elegido no podía ser más oportuno —o irónico, según se mire—: Vampiros y leyendas de la noche.

Y yo no encontré mejor idea que disfrazarme de Lestat de Lioncourt. Después de leer su historia, y con la ayuda de Caro para armar el atuendo, maquillaje palido y el peinado —aunque ahora me dolia la cabeza por tanto gel—, me pareció un personaje que encajaba demasiado bien con todo lo que estoy viviendo. Me llamó la atención su forma de ser: esa apariencia de seguridad total, de orgullo desmedido y hasta un poco arrogante ante el mundo, pero que en el fondo esconde una soledad inmensa, dudas profundas y una búsqueda eterna de respuestas y compañía. Ademas de que algún tiempo también experimente tartamudeo; fue algo psicológico según los doctores.

Me pareció interesante también cómo él mismo elige ser lo que es, pero luego tiene que cargar con las consecuencias de esa decisión, viviendo entre el deseo de disfrutar su nueva condición y el peso de lo que ha perdido para siempre. Esa mezcla de rebeldía y tristeza me resultó muy familiar.

Miro a mi alrededor y veo a todos mis amigos. Caro va vestida de Carmilla, con un vestido oscuro de encaje, collares largos y una actitud que encaja perfecto con el personaje. Y no tardo en darme cuenta de algo: no deja de lanzar miradas furtivas hacia una chica que está a unos metros, vestida de Laura, la protagonista de la historia original. Creo que es la misma que vi en la fiesta de blanco y negro en casa de Richie, aquella que no se separaba mucho de la zona de jardín.

Un poco más lejos, Aliss y Richie van de la pareja clásica: Drácula y su novia. Van muy elegantes, ella con un vestido largo de terciopelo rojo y negro, él con capa y traje oscuro, y se les nota felices, abrazados y riéndose de todo. También veo a varios grupos: algunos van de Edward Cullen y Bella Swan, lo cual me saca una sonrisa burlona y muevo la cabeza con diversión. Si supieran la realidad que hay detrás de las historias…

Me acerco a Caro y nos apoyamos en la barandilla que separa la zona de descanso de la pista de baile.

—¿Te das cuenta de lo irónico que es todo esto? —le digo en voz baja, mirando cómo la gente baila sin preocupaciones—. El tema, las leyendas… todo lo que para ellos es ficción, para nosotros ya es otra cosa.

Ella me mira y asiente con seriedad, aunque con una sonrisa.

—Lo pensé en cuanto vi los carteles —me responde—. ¿Y tú? ¿Te has vuelto a cruzar con ellos? ¿Con Thiago o con los demás?

Niego despacio, desviando la mirada un instante.

—No, no lo he visto en estos días. —Me quedo callado un segundo, buscando las palabras exactas—. Y sobre lo que hablamos… todavía no te he contado cómo quedó todo. Sabes que confío en ti con mi vida, Caro, pero este secreto no es solo mío. No puedo decirlo sin permiso. Solo te diré que… sí, tenía razones. Razones de peso para actuar como lo hacía. No era solo capricho ni mentir por mentir.

Ella pone una mano en mi hombro con comprensión.

—Lo entiendo, no te preocupes. No te voy a presionar. Cuando estés listo, o cuando él lo esté, ya me lo contarás.

Pero la verdad es que desde esa noche no he parado de darle vueltas a cada palabra, cada mirada, cada silencio que hubo entre nosotros. Y encima, en mi cabeza también está pendiente lo de mi tío Ramon. No dejo de recordar lo que me dijo la tía Lourdes: su corazón ya está cansado, cualquier emoción muy fuerte o susto puede hacerle daño. Esa preocupación no me abandona ni un segundo, como si fuera un peso suave pero constante en el pecho.

De pronto, la chica vestida de Laura se para justo frente a nosotros. Noto cómo la tensión se hace visible entre ella y Caro; se miran unos segundos más de lo normal, como si estuvieran evaluándose o esperando algo.

—Hola —dice ella, con voz suave.

—Hola —responde Caro, y se apresura a presentarnos—. Jared, ella es Mariana. Mariana, este es mi mejor amigo, Jared.

—Mucho gusto —digo yo, inclinando un poco la cabeza con cortesía.

—El gusto es mío —me contesta, y recorre con la mirada mi atuendo de arriba abajo con curiosidad—. ¿Y de quién vas disfrazado? No me suena haber visto ese personaje en las películas más famosas.

—Es Lestat de Lioncourt de Entrevista con el vampiro —le explico.

—No lo conozco, pero te queda increíble —dice con una sonrisa sincera—. Te ves muy bien.

—Muchas gracias —respondo, y me siento un poco fuera de lugar en medio de ellas dos.

Miro hacia la entrada y vuelvo a buscar con la mirada. No hay señal de Thiago. Hace unos minutos sí vi a Henry, hablando con un grupo de amigos en la otra punta del salón. Por un momento pensé en acercarme, en saludarlo y pasar un rato con él… pero me detuve. No sabía si sería lo correcto, ni qué tan cómodo se sentiría, ni si entendería por qué ando tan distante últimamente.

—Oigan, si quieren, yo me quedo aquí un rato —digo, rompiendo su discusión sobre si ir a la pista o no—. Ustedes dos vayan a bailar, disfruten.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.