Ahora mismo estoy bajándome del coche de Thiago. Estos últimos días se ha vuelto casi costumbre que me lleve por las mañanas, ya que salimos casi a la par. He hablado con Henry al respecto, y para mi sorpresa no se ha molestado en absoluto: le expliqué que las cosas entre Thiago y yo están totalmente claras, que solo somos amigos, y parece que lo ha aceptado bien. De hecho, tal como él prometió, Thiago ha mantenido su distancia, y yo también he hecho todo lo posible por no cruzar esa línea otra vez. Todo va cordial, tranquilo… al menos por fuera.
Las cosas con Henry van muy bien, en realidad. Salimos casi a diario, ya sea un rato antes de que empiece mi turno en el Nigherts o apenas salgo de ahí. Pero hay algo que me gustaría mucho: que fuera él quien me llevara y me trajera también por las mañanas. Me da muchísima pena decírselo, y él tampoco se ha ofrecido, así que me quedo con la duda. Intento pensar que no le importa, que ya entendió que Thiago y yo solo somos amigos, aunque sé que no debe ser fácil estar cerca de tu ex y mantener la calma. Lo peor es que no puedo contarle la verdadera razón por la que tenemos que estar tan juntos: no puedo decirle nada de los vampiros, ni de mi don —que más que un don siento que es una maldición—, ni de todo el peligro que nos acecha.
Me muero de ganas de confiar en él, de contárselo todo de una vez, pero a la vez me siento dividido, sin saber si sería capaz de entenderlo, o si solo le traería problemas.
Mientras tanto, en casa todo sigue igual: Thiago vigila todo el tiempo, aunque supuestamente duerme en el sofá de la sala. Sé que en realidad pasa la mayor parte de las noches en la azotea, cuidando de nosotros, y yo he dejado de subir para acompañarlo, tal como nos prometimos, para no dar pie a malos entendidos.
Thiago baja del coche también y se apoya en la puerta mirándome.
—Gracias por traerme —le digo cerrando la puerta con cuidado.
—No hay de qué, ya sabes que es un placer —responde él con esa tranquilidad que siempre lo caracteriza.
Me río bajito.
—Claro que sí, seguro que es muy divertido ser mi chofer particular.
—Ya casi cumples dieciocho, ¿no? —comenta él sonriendo—. Pues mientras no tengas licencia, ser tu chofer es solo una tarea más de las muchas que tengo contigo.
—Pues muchas gracias —le agradezco agarrando mi mochila—. Me voy corriendo, que tengo examen y si llego tarde no me dejan entrar.
—Vete con cuidado —se despide alzando la mano—. Nos vemos luego.
Me sonríe, y por un segundo siento ese calorcito en el estómago que siempre me provoca, pero logro apagarlo de inmediato y le devuelvo la sonrisa con naturalidad antes de salir corriendo hacia la entrada. De reojo creo ver a Henry y a sus amigos en el estacionamiento, pero no me detengo: si llego tarde otra vez me quedo afuera, y no quiero arriesgarme.
Por suerte llego justo a tiempo, hago el examen sin problemas y el resto de las clases transcurren sin nada especial. A la hora del almuerzo me junto con Caro y Alisson, y después de comer me separo de ellas para ir a buscar a Henry, puesto que, quedamos en vernos un rato antes de que él tenga que irse. Pero antes de llegar, Caro me detiene un momento en el pasillo.
—Oye, Jared —me llama bajito, mirando a los lados como si temiera que alguien nos escuche—. ¿Siguen persiguiéndote esas… esas cosas?
Se nota que le cuesta decir la palabra “vampiros”, y la entiendo perfectamente: estamos rodeados de gente, y no sabemos quién podría oír.
—No los he vuelto a ver —le respondo igual de bajo—, pero han reforzado la vigilancia en casa. Tengo miedo de que se acerquen a mis tíos… o a Henry.
Ella asiente preocupada, y luego me mira directo a los ojos.
—¿Y tú qué tal con él? Hace días que no hablamos de eso.
Suspiro y me paso una mano por el pelo, sin saber muy bien cómo explicarlo.
—Va bien, es muy lindo conmigo… pero no sé, Caro. Intento ser comprensivo, de verdad, y entiendo perfectamente por qué lo hace, pero me empieza a pesar ser su secreto. Me hace sentir raro, como si no fuera suficiente para él, o como si tuviera que esconderme. Pero tampoco quiero echárselo en cara, sé lo difícil que es dar ese paso y salir del clóset. No quiero presionarlo.
—Lo entiendo —dice ella suavemente—, aun así, tienes que pensar que la relación que están construyendo se apoya en cosas muy frágiles ahora mismo. Y además está lo de Thiago…
Quisiera contarle todo, decirle que no es capricho ni que quiero tener los dos lados para mí, pero son secretos que no me pertenecen del todo. Thiago ya tuvo que revelarme la verdad a la fuerza, pero no puedo contárselo a nadie más hasta que él decida hacerlo.
—Sé que parece raro —acepto, soltando un resoplido mientras me dejo caer en la pared—, pero te juro que hay una razón mucho más fuerte. Tú me conoces, sabes que no jugaría con nadie así.
—Yo lo sé —admite ella—, sin embargo, Henry no lo sabe. Yo confío en ti, pero él no entiende por qué estás tan cerca de tu ex, y eso puede terminar mal. Lo mismo pasa con lo de ocultarse: si él no se decide pronto, también se volverá un problema.
—Lo sé —repito con la voz baja—, pero no puedo contarle nada de lo que pasa realmente, y tampoco puedo exigirle que vaya más rápido de lo que él necesita. Prefiero sentir yo esta incomodidad que hacerle daño a él. Sé que lo hace por miedo a decepcionar a sus padres, y sé perfectamente cómo se siente eso.
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Editado: 28.07.2026