Dos De Corazones

27.- LOS VULTURI

Llevo tres días dándole vueltas a todo lo que pasó en ese coche, como si fuera una moneda que no deja de caer de canto. Sé que tuve razón en decirle lo que dije, sé que no podía quedarme callado, pero al mismo tiempo me siento un poquito culpable… como si hubiera roto algo frágil que apenas estábamos armando. Y la verdad es que no va a funcionar así, no mientras yo tenga que ocultarle la mitad de mi vida, no mientras él tenga que ocultarme a mí. Pero tampoco es todo culpa mía, ¿no? Ni toda culpa suya.

Solo somos dos chicos con demasiados secretos y miedos que nos chocan de frente.

Han pasado tres días sin vernos, sin hablar, sin ni siquiera un mensaje. Y aunque me duela admitirlo, sé que es mejor así por ahora. Necesitamos enfriar la cabeza, porque si seguimos así, lo único que vamos a hacer es lastimarnos más.

Ahora estoy aquí, detrás de la barra del Nigherts, limpiando vasos y sirviendo bebidas. Don Carlos acaba de llegar como siempre, y después de unos minutos de juego acabo de ganarle en el domino por tercera vez seguida.

—¡Vaya muchacho! —dice él sacudiendo la cabeza—. Ya me dejaste sin dinero para la siguiente ronda.

—Es que usted se confía mucho, don Carlos —bromeo con una media sonrisa—. Ya le dije que cuando me concentro soy imparable.

Aunque, si soy sincero, la verdad es que no siento esa emoción de siempre. Antes ganarle al dominó era todo un logro, me ponía contento y hasta me sentía un genio del juego. Ahora solo siento un hueco en el pecho. Me siento como si hubiera comido pan solo: llena la barriga, pero no sabe a nada.

En eso llega Alisson, entrando con esa energía que la caracteriza, como si trajera el sol metido en el bolso. Se apoya en la barra y me empieza a contar de inmediato:

—¡La fiesta de mi tía estuvo increíble! Había mucha comida, música hasta el amanecer y bailamos hasta que nos dolieron los pies. Una lástima que no pudiste ir, te hubieras divertido mucho.

Asiento, intentando poner cara de que la escucho bien, pero mi mente se va a otro lado cada dos por tres.

—Suena genial —le digo—. Me hubiera encantado, pero ya sabes… no tenía muchas ganas de fiestas grandes.

—Te entiendo —asegura ella mirándome un rato—. Pero bueno, al menos te recuperaste rápido.

Asiento sin mucho animo, y me decido a cambiar de tema.

—Oye, ¿no viene Richie esta noche?

—No —responde ella encogiéndose de hombros—. Salió con Henry, se fueron a una fiesta o algo así.

Siento como si me dieran un golpe seco en el estómago.

Claro que sí. ¿Qué más podía esperar? Al final tiene sus amigos, su vida, y yo aquí soy solo un problema más.

Alisson se da cuenta de que me quedé callado y me mira con más atención.

—¿Pasa algo entre ustedes dos? —me pregunta bajito.

Suspiro y apoyo los codos en la barra. Ya no tengo ganas de ocultárselo a ella, al menos.

—Sí… discutimos fuerte hace tres días. Casi terminamos mal del todo.

Le cuento todo lo que pasó, desde el reclamo por Thiago hasta lo que dije de Marisol, de lo de mi familia y de cómo terminé yéndome corriendo. Ella me escucha sin interrumpirme, asintiendo de vez en cuando, como si estuviera armando el rompecabezas en su cabeza. Cuando termino, se queda callada unos segundos más.

—Te entiendo perfectamente a ti —dice al final—, pero también entiendo a Henry. Piensa lo que quieras, pero ver a tu ex presentarte a su gente, saludarte así de cercano… da mucha inseguridad. Cualquier chico de nuestra edad se sentiría igual. Creo que deberías tomarle más distancia a Thiago, Jared. De verdad.

—Ya lo hice —le aseguro—. Ya no convivo tanto con él, trato de cruzar pocas palabras… pero no puedo sacarlo de mi vida así como así, ¿sabes? No es tan fácil como cerrar una puerta y olvidar que existe.

Ella me mira con el cejo fruncido.

—¿Por qué? —pregunta directa—. ¿Por qué tienes que estar tan cerca de él sí o sí?

Y ahí me quedo mudo otra vez. Siento que le estoy fallando, que le estoy ocultando algo importante cuando ella siempre es tan sincera conmigo. Pero al mismo tiempo me da terror contarle la verdad: sé que la pondría en peligro, que si los vampiros se enteran de que ella sabe, podrían usarla para llegar a mí. Y no se lo merece.

—Hay una razón muy fuerte —suelto al final—. Te lo prometo que te lo voy a contar todo, pero no aquí, no ahora. No es algo que se pueda decir así nomás.

—¿Por qué no? —insiste ella, apoyándose más en la barra—. ¿Es tan terrible? Dímelo ya, me tienes con la intriga por las nubes.

—Porque no —le digo sonriendo de lado, intentando cambiar el tono—. Y además te lo dire cuando quiera, no cuando tú me obligues.

—¡Ah sí?! —dice ella saltando la barra—. ¡Pues si no me lo dices ya, te voy a hacer cosquillas hasta que hables homosexual!

—¡No te atrevas! —le grito riendo, saliendo de detrás de la barra—. ¡Tú no puedes conmigo, hetero!

—¡A ver si no! —me dice, y empieza a perseguirme alrededor de la barra.

Corremos de un lado a otro, riendo como tontos, ella intentando atraparme y yo esquivándola como puedo. Por un ratito se me olvida todo: la pelea con Henry, el peligro, los secretos… solo somos dos chicos de 17 años jugando y riendo, y por primera vez en tres días siento que el pecho se me desahoga un poquito.




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