Sé perfectamente que confiar en Brandon es probablemente la decisión más estúpida y peligrosa que he tomado en mi vida. Pero han pasado dos días desde esa noche en El Colmillo, y no me arrepiento. Ni un solo segundo.
Después de decirle que sí, él me acompañó hasta la puerta, como si de repente fuera un caballero, y me dejó ir. Caminé hasta llegar a la parada, con el corazón todavía a punto de salirse, y en cuanto me senté en el autobús cancelé el mensaje programado para Caro. Nadie supo a dónde fui. Nadie supo que me entregué al diablo con tal de mantenerlos a salvo.
Aunque Thiago… bueno, él sí notó que me fui y que tardé más de lo normal. Le dije que había tenido que salir a comprar unas medicinas para mi tío y que se me había olvidado avisar. Me miró con esos ojos que parecen verlo todo, pero no preguntó más. Solo asintió y me acarició el hombro. Y me sentí sucio por mentirle, pero sé que si supiera la verdad, intentaría arrebatarme esa carga y terminaría metiéndose en un peligro del que no podría salir.
La verdad es que toda mi vida he estado acostumbrado a la muerte. No porque se haya llevado a mucha gente que quise, sino porque siempre he visto a los que se fueron. Los veo caminar por las calles, pararse en las esquinas, mirar hacia las ventanas de sus casas con esa nostalgia que duele en el pecho. He hablado con algunos, y al final siempre es lo mismo: lo que más los ata, lo que no los deja descansar, son las cosas que quedaron en el aire. Una discusión sin arreglar, un te quiero que no se dijo, un abrazo que se quedó pendiente.
No sé si me gustaría quedarme aquí como ellos, viendo pasar la vida sin poder tocarla. Pero sí sé con total certeza que moriría por los míos. Y así, estoy jugando a dos bandas: ayudaré a Cuervo, a Thiago y a Mikael para despertar a ese chico… pero no voy a romper mi palabra con Brandon. Porque si lo hago, él cumplirá su amenaza. Es un juego peligroso, lo sé. Pero en los juegos de azar, la única forma de tener alguna oportunidad es arriesgándolo todo.
Y poco a poco voy aceptando que mi tiempo aquí está contado. Así que me he puesto a pensar en una lista, en todo lo que tengo que dejar resuelto antes de que se acabe:
Ir a ver a mis padres, don Alberto y doña Rosaura. Solo para verlos una última vez, no para pedir perdón ni arreglar nada que ya no tiene arreglo. Asegurarme de que mi tío Ramón se mantenga tranquilo y cuide su salud. Hablar con Alison, porque no quiero que esta distancia que nos separa ahora se le quede grabada como un remordimiento. Pasar todo el tiempo que pueda con Caro, con mis amigos… disfrutar de lo poco que me queda de ser solo un chico de diecisiete años.
Y agradecerle al señor Nigher. No como a un padre, claro —me río solo de pensarlo, porque si se lo dijera me diría que no sea tonto, que él no decidio ser un eterno soltero para que yo venga a decirle esas cosas—, sino como al amigo y al tío que me dio un lugar y me dio la mano cuando nadie más lo hacía.
—¿De qué te ríes tanto? —me pregunta mi tía Loreles, mirándome desde el otro sillón—. El que se ríe así es porque se acuerda de sus maldades.
—De nada en especifico —le respondo sonriendo—. Pero debería empezar a hacerlas.
—Ni se te ocurra —me advierte, aunque sonríe—. Eres un huevón de primera, sí, pero no eres malo. No empieces a cambiar ahora.
—Tranquila —suelto en medio de un suspiro—. Lo que me quede de vida seguiré siendo un ejemplo a seguir… con una flojera sin igual.
Nos reímos juntos y seguimos viendo la novela. Al final decidí quedarme en casa con ellos. Mi tío Ramón se quedó dormido recostado, y cuando me levanté para cargarlo a su cuarto, ella me detuvo:
—Déjalo. Anteriormente no pudo dormir bien, y ahora por fin descansa. No lo molestes.
Me senté de nuevo y saqué el celular. Le escribí a Caro para quedar en ir por un café, para contarle todas las nuevas actualizaciones —lo de Thiago, lo de Mikael, lo que nos espera— y dejar fuera lo del trato con Brandon. Necesito contarle a alguien, necesito no llevar todo este peso solo. Será bueno hablar de lo extraño y a la vez tan atemorizantemente bello que es Cuervo, aunque sé que a ella esas cosas no le llaman tanto la atención como a Alisson… quien seguro diría que jamás pensó que vería a alguien más guapo que Velázquez.
Y justo en eso veo que mi tía empieza a llorar a moco tendido frente a la tele.
—¿Qué pasó?
—Murió el personaje —me dice limpiándose las lágrimas—. Ya llevábamos cien capítulos con él y lo matan así de la nada. Odio a los escritores.
—Seguramente a Caro le interesa saberlo —comento con cierta diversión, al ver su reacción.
—Ni se te ocurra, muchachito del demonio.
Me río otra vez, pero me quedo ahí a su lado. La verdad es que nos hemos vuelto unos adictos: nos desvelamos viendo capítulo tras capítulo, y nos sabemos las historias mejor que nadie.
Y pronto llega la hora: Thiago quedó de venir a las cinco para comer y luego irnos juntos al bar. Cumplió su palabra y ahora está trabajando con nosotros en el Nigherts. Lleva solo dos días, pero aprende rapidísimo, hace todo bien y siempre presta atención cuando le explico cómo van las cosas.
Cosa que me gusta, debo admitir.
Me siento mucho más tranquilo teniéndolo ahí, mucho más seguro… aunque también sé que es porque Brandon y los suyos ya no están merodeando, y eso me alivia, pero también me pone alerta. Solo espero que a Thiago o a Mikael no les parezca raro que de repente nadie nos persiga, porque no sé cómo explicarlo sin mentirles… y odio mentirles. Pero a veces, por la paz de quienes quieres, no queda otra opción.
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Editado: 28.07.2026