El salón de química es como un cementerio, pero en lugar de estar lleno de lapidas se encuentra tapizados con bancas. El profesor habla de enlaces y reacciones como si nada más importara en el mundo, y a mi no puede importarme menos; con la libreta abierta en blanco, mirando la misma palabra desde hace veinte minutos sin entenderla. Me la paso dándole vueltas a todo: a lo de anoche con Thiago, a cómo casi… casi pasaba todo, y cómo esa interrupción me dejó el corazón a mil y la cabeza hecha un desastre. También pienso en Henry, en que debo buscarlo, decirle algo, pero no sé qué. No sé si terminarlo, si decirle que lo quiero pero que no puedo arrastrarlo a mi infierno, o si ser egoísta y agarrarme de lo poco que me queda con él. Y entre todo eso, está Alison.
Decidí que hoy debo romper esa distancia estúpida que se creo entre nosotros. Porque el tiempo no me da tregua. Brandon me marcó el límite: hasta después de ayudar a Christopher, alrededor del 21 de marzo. Pero cada día que pasa siento que el reloj corre más rápido, como si me estuviera pisando los talones. Sé que lo que voy a hacer es una locura, que nadie lo aprobaría, que parece que voy directo a la boca del lobo con los ojos abiertos… pero es mi forma de devolverles todo lo que hicieron por mí cuando nadie más me quería. Y me la he pasado toda la mañana pensando cómo decirle, cómo empezar, sin parecer que ya me estoy despidiendo.
Suena el timbre y el salón explota. Todos guardan cosas, gritan, se empujan y salen disparados. Alisson cierra su libreta de golpe y sale caminando rápido, como siempre, como si quisiera huir de todo y de todos. Pero esta vez no me quedo sentado mirándola irse. Me levanto de un salto, la alcanzo antes de que doble al pasillo y le tomo el brazo con mucha suavidad, pero sin dejarla seguir.
—Alisson… espera. Por favor, necesito hablar contigo. De verdad.
Ella se tensa entera, me mira de reojo y trata de soltarse despacio:
—Jared, no ahora, por favor. Tengo cosas que hacer.
—No hay "un después" —le digo, y se me quiebra la voz sin querer—. Ya no quiero que sigamos así, como si fuéramos extraños. He estado pensando mucho… la vida es demasiado corta para andar con orgullos o rencores tontos.
Se le descompone la cara al instante. Se le llenan los ojos de agua y me suelta el brazo de golpe, mirándome entre enojada y aterrada.
—¿Por qué tienes que decir eso? ¡¿Por qué te tiene que pasar algo?! ¡No seas dramático! ¡Cuervo está ahí, Thiago te cuida como si fueras de cristal, ellos no van a dejar que nada te pase! ¿Por qué actúas como si ya estuvieras muerto?
—No sé si puedan protegerme de todo —le confieso bajito, sintiendo cómo se me aprieta el pecho—. Hay cosas que van más allá de ellos, cosas que yo tengo que hacer. Y no quiero irme con esto entre nosotros. No quiero que te quedes pensando que nos dejamos así sin motivo.
—¡Pues no lo hagas! —me dice ya con la voz rota, dándome un empujón suave en el pecho—. ¡Si sabes que es peligroso, no vayas! ¡¿Por qué tienes que ser tan terco y tan valiente a la vez?! ¡No quiero que te pase nada! ¡No quiero que te vayas y nos dejes con esto pendiente! ¡Me duele, Jared, me duele un montón que te hagas el fuerte y no nos digas nada!
Justo en ese momento llega Caro, que venía unos pasos atrás recogiendo sus cosas, y se queda parada al vernos así, con los ojos también llenos de lágrimas.
—Alisson —le dice suavemente, poniéndole una mano en el hombro—, yo tampoco sabía nada. Me enteré hace apenas unos días, casi por casualidad, porque Jared no quería contarme nada. Él cree que si nos dice todo, nos pone en peligro. Cree que callándose nos cuida.
Alison me mira a mí, con rabia y miedo mezclados.
—¿Y tú qué? ¿Crees que nos duele menos no saber? ¿Crees que nos proteges dejándonos afuera de todo como si no fuéramos nada? —me reclama, y con justa razón.
—Lo siento —se me caen las lágrimas por fin—. Lo siento muchísimo. No es que no confíe en ustedes… es que les tengo tanto miedo a que les pase algo por mi culpa, que preferí alejarlas. Pero ya no puedo más. No quiero irme sin arreglar esto contigo. También tengo que hablar con Henry, y todavía no sé qué decirle… pero contigo no quiero dejar nada suelto. No quiero que ssigamos distanciados.
Se queda callada un instante, temblando toda, y de repente me abraza con todas sus fuerzas, apretándome tanto que casi no me deja respirar.
—¡Eres un idiota! —me dice llorando en mi hombro—. ¡Un idiota muy tonto! ¡Somos tus amigas, Jared! ¡Somos familia! ¡Y la familia no se cuida alejándose, se cuida estando juntos, aunque dé miedo!
Y entonces Caro se nos pega también, rodeándonos a los dos con los brazos, y ahí nos quedamos, en medio del pasillo, con toda la gente pasando y mirándonos raro, pero a nosotros no nos importa nada. Nos abrazamos los tres llorando, apretándonos como si con eso pudiéramos detener el tiempo, como si pudiéramos arreglar todo solo con estar juntos un ratito más.
Nos separamos despacio, como si nos costara soltarnos, y Caro se limpia una lágrima con un gesto muy dramático:
—Bueno, ya, que si nos ven nos van a apodar “las tres lloronas” y nuestra reputación se va al abismo.
—¡El fin del mundo tal cual lo conocemos! —suelto riendo, aunque todavía siento el nudo en la garganta—. Qué tragedia, que ya no nos inviten a las fiestas. Sería lo peor que nos pudiera pasar.
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Editado: 02.08.2026