Estaba nerviosa cuando me dirigía a la puerta, al abrirla me sorprendí, no era el, sino que era una persona que hacía encuestas.
— Hola señorita, ¿le puedo hacer una encuesta?
— Ahorita no tengo tiempo, quizás después
— Será rápido
— Disculpe no tengo tiempo
— Bueno gracias señora — me dijo con un tono enojado
— No es mi culpa que se enoje
— Ok, adiós
Cuando dijo "ok adiós" le cerré la puerta, después volvieron a tocar y pensé que era el de las encuestas.
— Ya le dije que no tengo tiempo para su encuesta
— ¿Cual encuesta?
— Ninguna
Cuando vi que era Lucas me dio tanta pena que me puse un poco roja.
— Pasa, no te quedes afuera — le dije apenada
— Gracias, ¿dónde vamos a estudiar?
— Aquí en la sala
— Bueno, ¿quieres comenzar o en un rato?
— Si quieres comencemos
— Bueno ¿qué es lo que no entiendes? — me pregunto
— Pues estas ecuaciones
Le pongo en sus perfectas manos una hoja llena de ecuaciones que había dejado el profesor como tarea.
— Están súper fáciles!!! — dice
— Para ti porque si les entiendes – le dije con un tono bromista
— Mira te explico solo tienes que despejar esta x, y esta y
— ¿Solo era eso?
— Si
Intento resolver una, pero me toma unos cuantos minutos por no decir 15 minutos y cuando lo acabo le pregunto
— ¿A si está bien?
— Si está perfecto
— Entonces ya le entendí! — le dije emocionada
— Siii!
— Gracias "Te amo"
Cuando me doy cuenta de que le dije te amo, me quedo en shook y me quedo callada.
— Bueno, como ya entendiste, ahora hazlas y yo te las reviso.
Al parecer ignoro el maldito "te amo" y eso me tranquilizo, ya que se me salió por accidente, aunque yo quería que me lo correspondiera.
— Si ahorita las hago — le respondí
Cuando las estoy haciendo el está muy atento, si me equivoco en algo él me avisa y lo corrijo. Cuando por fin acabamos, le dije que si tenía hambre a lo que solo movió la cabeza de arriba hacia abajo, entonces pedimos una pizza y en lo que llegaba nos pusimos a platicar.
— ¿Y cómo vas con Vaquita?
— Bien
— ¿Y en dónde está?
— Arriba durmiendo
— ¿No te ha causado problemas?
— No, es muy tranquila
En eso escuchamos que tocan el timbre, al asomarnos vemos que es el repartidor de pizza, así que pagamos y nos metemos a la casa para comérnosla, unos minutos después percibimos como abren la puerta, al asomarme por la ventana veo que eran mis padres.
Cuando entran nos ven comiendo, les ofrecemos de la pizza, pero solo ellos contestan con un no, después noto como Lucas se pone un poco incómodo con la situación, después de unos minutos mi padre me habla.
— ¿Quién es?
— Es un amigo
— ¿Qué hace aquí?
— Me estaba ayudando a hacer mi tarea
— ¿Estas segura de que solo es eso?
— Sí, no hicimos nada malo si eso te preocupa
— Bueno voy a confiar en ti
En toda la conversación mi padre, mi madre estuvo callada, hasta que a solas me dijo
— ¿Es tu novio?
—No
— ¿Él es el que te trajo la otra vez verdad?
— Sí, pero solo somos amigos
— Bueno, ve con el no lo dejes solo en la sala
Para cuando regresé a la sala con Lucas me dijo que ya se iba a ir, a lo que le dije que lo acompañaba, pero el se negó, pero insistí tanto hasta que accedió, alo cual fui a pedir permiso para salir un rato y me dijeron que sí. Cuando salimos de mi casa hubo un silencio, hasta que comento que lo acompañara a comprar algo, a lo que dije sí.
Al llegamos al lugar él pidió una malteada, para luego voltearse y preguntarme si quería algo, a lo que le dije que no se me antojaba nada, en lo que esperábamos nos pusimos a platicar.
— ¿Y si entendiste como hacer lo de matemáticas?
— Sí, gracias por ayudarme
— De nada, ya sabes que puedes decirme si no le entiendes a algo
— Si
Después de que le entregan la malteada, paga y salimos del lugar, para irnos caminando sin rumbo, hasta que al llegar a un parque, en el cual no había mucha gente, porque ya se estaba oscureciendo, nos detenemos, vemos una banca y nos sentamos, para después empezar a platicar.
— Es muy bonito este parque, nunca había venido
— ¿De verdad? — me pregunto asombrado por mi confesión
— Sí, ¿tú ya habías venido?
— Si de pequeño pero al parecer lo remodelaron
— ¿Cambio mucho?
— Solo un poco
Miro a nuestro alrededor, hasta que me detengo al ver a lo lejos unos columpios, de inmediato le digo que fuéramos para allá, a lo que el respondió
— Si vamos
Llegando a los columpios, nos sentamos y nos columpiábamos mientras seguíamos platicando, de repente me dijo:
— Oye
— Si
— ¿Desde cuándo conoces a mía?
— Desde que entramos, ¿por?
— Porque se me hace conocida
— Tal vez la estas confundiendo
— Probablemente
Nos seguimos columpiando hasta que recuerdo que tengo que volver.
— Oye ¿qué hora es?
— Las 9:50
— Ya es tarde me tengo que ir
— Vamos te acompaño
— Si gracias