Dos mundos

Capitulo 3 - Promesas que no se pronuncian

Lizzie

Il Nero no cambia de humor sin razón.

Lo sé porque aprendí a leer los lugares antes que a las personas. El bar está lleno, pero no relajado. Las risas son más cortas. Los vasos se sirven más rápido. Hay tensión en el aire, como si todos esperaran una señal invisible para huir.

Yo hago lo que siempre hago: trabajar, observar, calcular.

Entonces entra él.

No necesito girarme para saber que no pertenece aquí. Su presencia arrastra el silencio como una sombra larga. Traje oscuro, líneas limpias, elegancia sin esfuerzo. Es guapo, pero no de la manera que tranquiliza; su atractivo nace del control absoluto que ejerce sobre el espacio.

Camino hacia su mesa con la bandeja firme.

—¿Qué va a tomar? —pregunto.

—Vodka. Sin hielo.

Su acento no es italiano. Tampoco intenta ocultarlo.

Sirvo el trago.

—Tu nombre —dice, sin preguntar realmente.

—Lizzie.

Por primera vez levanta la vista del vaso. Me observa con detenimiento, como si estuviera memorizando un mapa.

—Alekséi Volkov.

El nombre cae pesado. No lo reconozco… pero mi cuerpo sí. Algo en mi pecho se tensa.

—¿Trabajas aquí desde hace mucho? —pregunta.

—Lo suficiente.

No sonrío. No bajo la mirada. No le doy nada que no quiera dar.

Él sonríe apenas.

—Las mujeres como tú no duran en lugares como este.

—Las mujeres como yo duran donde deciden —respondo.

Hay un destello en sus ojos. Interés. Posesión. Algo más oscuro.

Cuando me alejo, sé que no he terminado con él.

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Alekséi Volkov

No vine por ella.

Vine a medir territorio.

Il Nero es un punto clave. Italiano. Protegido. Demasiado tranquilo para una ciudad que está a punto de romperse en dos. Los Vitale creen que el equilibrio se mantiene solo porque ellos lo desean.

Se equivocan.

Y entonces aparece ella.

Lizzie no encaja en el lugar ni en la noche. Su dulzura no es ingenua; es contenida. Su firmeza no es arrogante; es aprendida. No es de los Vitale, pero tampoco es ajena al peligro.

Eso la vuelve interesante.

Eso la vuelve útil.

—Encuéntrenla —ordeno a mis hombres más tarde—. Quiero saber de dónde viene, a quién ama, a quién enterró.

—¿La quieres muerta? —preguntan.

Sonrío.

—No todavía.

Primero necesito saber si será un arma… o un trofeo.

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La ciudad – Guerra silenciosa

Los rusos avanzan sin hacer ruido.

Compran bares. Amenazan distribuidores. Rompen acuerdos antiguos. No buscan un enfrentamiento directo. Buscan desgaste.

Los italianos resisten con alianzas, con respeto, con miedo heredado.

Pero el equilibrio está roto.

Y todos lo saben.

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La casa Vitale – Cena familiar

La mesa está servida. El vino corre. La comida está caliente. La conversación no.

Mi madre habla con mis hermanos menores. Mi padre observa, silencioso, con esa autoridad que no necesita palabras. Giovanni llega tarde y se sienta con un gesto cansado.

—Llegas golpeado —digo sin rodeos.

—Llegué vivo —responde—. Gracias a ella.

No dice el nombre. No hace falta.

—No confío en esa chica —digo—. No aparece alguien así de la nada.

Giovanni me mira con firmeza.

—No es una amenaza, Matteo.

—No lo sabes —respondo—. Sabes que te ayudó. Eso no es lo mismo.

Mi padre apoya los cubiertos.

—¿Quién es? —pregunta.

—Una mesera del bar —respondo—. Pero no pelea como una.

Mi madre frunce el ceño.

—¿Y qué propone Giovanni?

—Sacarla de ese mundo —dice él—. Traerla a mi casa. Necesito a alguien para cuidar a mis hijos. Alguien fuerte. Alguien que no huya.

La deuda.
Siempre la deuda.

—No voy a meter a una desconocida en nuestra órbita —respondo—. Estamos en guerra.

—Precisamente por eso —dice Giovanni—. Ese bar es un blanco. Mi casa no.

Mi padre me mira.

—Escuchar no es ceder, Matteo.

Aprieto la mandíbula.

—Y confiar no es obligatorio.

La puerta se abre.

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Valeria Moretti

Valeria entra como si la hubieran anunciado.

Vestido oscuro, joyas mínimas, postura perfecta. No es la mujer más hermosa de la habitación, pero su apellido y su dinero hacen que nadie lo olvide. Su belleza es fría, calculada, acostumbrada a ser elegida.

Se acerca y besa mi mejilla.

—Llegué tarde —dice—. La ciudad está inquieta.

Siempre sabe más de lo que dice.

—Escuché rumores —añade—. Sobre una chica nueva.

La miro.

—Los rumores no son asunto tuyo.

Sonríe con calma.

—Todo lo que te rodea es asunto mío, Matteo.

No respondo.

Pero tomo nota.

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Lizzie

Giovanni me llama dos días después.

Su voz es amable. Demasiado.

—Quiero ofrecerte trabajo —dice—. En mi casa. Con mis hijos.

Niños.
Un techo.
Puertas cerradas.

Seguridad.

Pero también control. Silencio. Vigilancia.

—No tienes que responder ahora —añade—. Solo quería que lo pensaras.

Cuelgo con el corazón acelerado.

El bar es peligroso.
La casa Vitale también.

La diferencia es que uno te mata rápido…
y el otro despacio.

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Alekséi Volkov

Los Vitale protegen lo que aman.

Eso los hace fuertes.

Eso los hace vulnerables.

Si Lizzie entra en su casa, será un puente. Si se queda fuera, será una grieta.

En cualquier caso, la quiero cerca.

Porque las guerras no se ganan solo con balas.

Se ganan con decisiones.

Y ella será una de ellas.

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Matteo

Los rusos avanzan.
Giovanni insiste.
Valeria observa.
Y Lizzie existe donde no debería.

No confío en ella.
No confío en las coincidencias.
No confío en lo que despierta preguntas sin respuestas.

Pero en este juego, ignorar algo también es una jugada.

Y a veces…
la promesa más peligrosa es la que nadie se atreve a pronunciar.




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