Un mundo oscuro.
En secreto, sin que nadie se los pidiera, comenzaron con una búsqueda que ella no podría realizar. Tendrían que rastrear la historia de una caja, que la gran mayoría creía inexistente. Pues se había convertido en menos que una leyenda, y paresia que alguien se había tomado el tiempo de borrar su rastro. De modo que eso complicaría su labor, de un modo inexplicable. Tendrían una aventura, que sin duda los llevaría de un modo u otro a enfrentar a sus propios demonios, tendrían que vencerlos; si es que pensaban ganar la batalla final.
—¿Qué es este lugar?
Gregor Dulac seguía con calma a Wayat Preston y a Alexander Bradford, por el mundo mágico. Siguiendo cada indicio, cada nueva pista, cualquier cosa que les indicara algo.
—Es Tohund, o era una ciudad que había sido dominada por los oscuros, era un verdadero lugar maldito—explico tranquilamente Alexander con cautela para no asustarlos.
—¿Qué rayos paso aquí?
Interrogo Wayat deteniendo su marcha, al ver la ciudad destruida. Pero no de forma natural, parecía que una aterradora guerra la había acabado. La escena era muy similar a las que había visto en fotografías, documentales o películas de las guerras de su propio mundo. La extraña belleza de ese lugar, parecía estar desapareciendo.
—Se destruyeron entre si, quedan muy pocos oscuros, en estas tierras, muchos se han ido y los que no... Bueno, ya no son de preocuparse
—¿Como paso?—murmuro Gregor asombrado.
—Desaparece del modo en que lo hace el mundo, es la obra del maldito.
—¿Quien asegura que ya no ahí de que preocuparse?—Gregor hablaba tan sutilmente pensando en que podría aun quedar alguien peligroso, que hasta Alexander dudaba de lo que él mismo dijo.
—No tienen de que preocuparse, si nos encontramos alguien, ellos están acostumbrados a los Vigilantes —explico a Alexander señalando a la ciudad, el brillo de sus ojos era tan intenso, que cualquiera que lo viera directamente, no le podía sostener la mirada.
—No somos Vigilantes—reprocho Wayat con amargura en su voz, un hecho que sin duda no permitiría.
—Técnicamente sí son—aclaró el Vigilante en tono conciliador, no era el momento para tener aquella conversación.
—¿Técnicamente?
Interrogo Gregor molesto parándose a un lado de Alexander.
—La sangre de Kira les permite ver y sentir tal como nosotros—explico a Alexander, sintiéndose intranquilo —Sin volver los inmortales.
—¿Estaremos seguros aquí?—quiso saber Wayat, volviéndose hacia la ciudad. Alexander no pareció haber escuchado la interrogante te Wayat, por que buscaba algo a su alrededor, se notaba nervioso.
—Sin Lukyan… no… no lo se—respondió Alexander retomando su camino, en un tono tan bajo que apenas lo pudieron escuchar.
Wayat y Gregor prosiguieron aún cuando no sabían a ciencia cierta a donde se dirigían, o por que los había llevado a ese lugar.
La ciudad estaba casi desierta, los pocos que se encontraban en ella solo los observaban, pero se evitaban la molestia de atacarlos. El panorama de la ciudad era lastimoso, mucho de lo que en ella había vivido, estaba desapareciendo. Algunos la habían abandonado, otros muerto en esa ciudad, los mas peligrosos y valientes, aun la habitaban. Lo que le pasaba a Tohund, era un proceso similar al que había pasado Avaricum, Codam y otras ciudades. Sin duda seria lo que les pasaría a todas las ciudades, inmortales o no, antes de desaparecer.
Caminaron por un espacio de dos horas, por las calles oscurecidas por la sangre derramada por tantos milenios.
—Llegamos—dijo Alexander un tanto exhausto, frente a lo que para los ojos de Gregor y Wayat no era más que un simple valle muero hasta donde se perdía la vista.
—Aquí no ahí nada—aclaro Gregor muy serio, extendiendo los brazos.
—Claro que si, este es el castillo negro, fue hogar de Lukyan, y otros Zelldres muy poderosos—Alexander hablaba con calma, algo confuso, volvió a verlos. Entendiendo, por que razón ellos no lograban ver las cosas mágicas o de gran poder. —Demonios.
Se llevo la mano a su cabeza, debía pensar en algo, la forma en que ellos pudieran ver el castillo negro. Quizá había una solución, pero seria apostar a algo de lo que no tenía el control, mucho menos del resultado.
—¿Qué?—interrogo Wayat después de que él no les dio más explicación, pensó por un segundo que el Vigilante se había vuelto loco.
—¿De verdad no pueden verlo?
—Aquí no ahí nada.
No había rastro de mentira en la voz de Gregor, que muy serio volviendo a ver el valle, buscando algo, cualquier cosa, que Alexander les haya llevado a ver.
—¿Maldición Kira dónde estás?—Pensó Alexander observando a Gregor y a Wayat, pensando en que mas podía hacer.
—Llevarlos con padre y madre—sugirió una voz extraña en el viento, una voz que alguna vez escucho que le hablaba a Kira. Entendió que la idea que había tenido, no estaba tan errada como él creía.
—Pero ellos no podrán verlos—reprocho Alexander algo confuso, los dos humanos volvieron a verlo sumamente extrañados, pues ellos no escuchaban la voz.
—Ellos sabrán tus intenciones, será decisión de ellos—aclaró la voz.
El día era tibio, no hacia ni frió ni calor. Hubiera sido perfecto para una caminata por el bosque.
—Está bien—murmuró Alexander, que más podría hacer, no tenia nada que perder y había demasiado en juego.
En ese momento no podía investigar, por que razón, solo veían a medias, quizá era por todo lo que estaba ocurriendo en el mundo. Pero sin importar que, tendrían que continuar.
—Tenemos que ir a otro lugar—informa viendo a los ojos a Gregor.
—¿A dónde iremos?—Interrogo Wayat sin saber si quería saberlo.
—Al Lago de las Animas, en el Bosque de los Murmullos—dijo el Vigilante comenzando a caminar.
Gregor y Wayat prosiguieron con calma, teniendo la impresión de que en este extraño viaje recorrerían el mundo mágico. En su corazón sentían una gigantesca emoción, por ver lo que la humanidad no podía, pero temor por descubrir lo que estaba oculto de los ojos del mundo y no poder revelarlo.
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Editado: 15.08.2026