Posibilidades.
La familia de Kira Talin no había tenido noticia alguna de ella; la habían buscado sin éxito en las ciudades del mundo mortal. Pero solo ella y los humanos sabían cuáles serían exactamente, cuáles visitaría, así que era una búsqueda a ciegas. Tendrían que apostar a alguien en cada una de esas ciudades, pero saber el orden, horario o forma en que lo haría no sería el verdadero problema. El otro y el verdadero problema era que Kira era un auténtico fantasma cuando necesitaba o quería serlo. Y no había manera de rastrearla; solo Lukyan lo hubiera logrado.
La preocupación era latente en su corazón. El sentimiento de intranquilidad se había hecho parte de ellos en esos últimos tiempos; lo único que habían podido hacer era intervenir en lo que estaba a su alcance. Sobre todo en los ataques que los mismos guardianes se provocaban, ayudarlos y, en el último de los casos, sepultarlos. Lo que convertía la tarea en algo titánico, pero tal parecía que no había nadie más dispuesto a hacerlo.
Se habían hecho cargo de cuidar y proteger a ambos mundos; también ayudaban a los heridos, sin importar buenos o malos, humanos mortales o no. En ese momento se encontraban reunidos fuera del castillo Tul de Codam; rumores en el viento les habían hecho estar más alerta que antes. No había momento de paz; no podían bajar la guardia en ningún segundo.
—No lo sé, Merrik, todo está mal. Creo que esto no lo previó Torrenz… Lukyan muerto, Domenicus y Kira desaparecidos. Zardok por ahí haciendo de las suyas, Anette y ese maldito libro… algo está mal y no permite que sepamos qué es —explicó Zoe Catbad a Merrik Hawthorn y Lawrence Slavik, con un tono de voz lastimero.
Ya casi oscurecía, apenas comenzaban a aparecer algunas estrellas en el cielo; la noche sería agradable. El viento era cálido y lento, se percibía un vago aroma a lluvia. Lo que en el cielo ocurría distaba mucho de lo que sucedía en la tierra. Hacía un par de horas que habían regresado de Tellmon.
—Madaris está renuente a hablar con alguno de nosotros, temo que los Vigilantes también están desapareciendo —comentó Merrik en un tono triste, cruzándose de brazos.
Quizá estos hubieran sido los únicos con el poder suficiente para ayudarles en las arduas tareas que estaban enfrentando a diario.
—En este mundo no parecen darse cuenta de que algo está pasando —protestó Lawrence molesto, pateando una piedra—. Es como si el Grimma se estuviera comiendo a ambos mundos —concluyó en un suspiro, sin pensar en lo que decía.
Cuando Lawrence pronunció esas palabras, un silencio pesado se instaló sobre ellos, como si fuera algo con vida.
—¿Qué dijiste? —interrogó Zoe sorprendida, analizando las palabras de Lawrence. Ellos conocían perfectamente la historia de este ser y el modo en cómo casi había terminado con el mundo la primera vez que fue enteramente libre.
—Que es como si el Grimma se estuviera comiendo a ambos... mundos —repitió Lawrence con cautela, esta vez poniendo atención a sus propias palabras.
—¡Grimma!
Merrik levantó la vista al cielo; ese era un enemigo que jamás imaginó que enfrentarían, un enemigo que no les gustaría enfrentar. Una realidad muy cruda cayó sobre ellos; mil dudas comenzaron a crecer en su interior. Quizá ellos, en el mundo entero, eran quienes más conocían la historia del Grimma: cómo fue que llegó al mundo, cómo es que ataca y, sin duda, cómo casi había destruido al mundo cuando estaba libre.
Pero cómo sabrían si estaba libre; tendrían que buscar indicios y, sobre todo, encontrar la forma de ayudar a Kira a destruirlo.
—¿Cómo se llena eso? ¿Cómo hacer que deje de devorar? —interrogó Zoe, atrayendo la atención de los dos unos minutos después.
—Debemos ir adonde todo esto comenzó, quizá allí encontremos la respuesta —sugirió Merrik unos segundos después. Tenían que encontrar respuestas; quizá deberían buscar en el mundo mortal, pero aun sin saber qué debían buscar.
Sin embargo, dudaba de sus propias palabras, pues de ello había pasado tanto tiempo que no estaba seguro de poder encontrar una sola pista.
—Pero eso está en Tierra Muerta —protestó Lawrence frunciendo el ceño, pensando en si aún habría modo de llegar a ese lugar—. La búsqueda puede darnos resultados que no nos gusten.
La forma en que Lawrence les dijo las cosas les hizo sentir escalofríos; él estaba recordando el día en que conoció a Kira y a su verdadero padre. Un padre que acababa de encontrar y ya había perdido. Tanto Zoe como Merrik asintieron en silencio.
—Lo sé, pero quizá ahí encontremos algo. Kira no podrá sola si es que el Grimma está libre. No sabemos qué pasará cuando tenga el corazón sombrío en sus manos, y si es él quien está haciendo esto, no podrá enfrentarlo sola… aun cuando sea la más fuerte de todos nosotros —respondió Merrik muy seguro de lo que decía.
—Esta será quizá nuestra primera y última gran Guerra —murmuró Zoe con desaliento, temiendo por lo que estaba por venir.
—Si fallamos, ambos mundos desaparecerán —comentó Merrik con una sonrisa tímida, queriendo minimizar su comentario, tomando las manos de Zoe.
Lawrence los observaba con calma, dándole gracias a Kira por haberle abierto los ojos. Estaba agradecido porque había dejado de ser un espectador en todo esto. Ahora sabía que habían sido creados con un propósito más grande que el de resguardar un tonto libro de alguien que se había equivocado en todo lo que había predicho.
"No quiero verte de nuevo, no puedo tenerte en mis manos otra ves. No debemos regresar, no entiendes… no sé si los pueda salvar."
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Editado: 15.08.2026