Único.
Un pequeño niño, de cabello dorado caminaba por las calles de Tohund acompañado de su fiel perro de tres cabezas, pese a este pequeño detalle, era imperceptible a los ojos de los que habitaban esa bella ciudad. Ellos tenían un camuflaje especial, pasaban desapercibidos tanto de humanos, como de seres magicos. Lo que les daba una ventaja sobre sus enemigos, aunado a esto, nadie conocía sus intenciones.
Sin duda ese pequeño, era un ser muy excepcional.
Se había acercado lo suficiente, a la entrada del castillo negro, cuando se quedo paro, observando un mausoleo en particular.
—¿Qué sucede mi señor?
Le interrogo el perro con calma deteniéndose unos pasos mas adelante y volviéndose a ver al pequeño.
—Solo, me preguntaba si ¿Seria buena idea entrar a ese lugar?—dijo el pequeño, con su dulce voz.
—¿No quiere entrar para no buscarlo o quiere hacerlo después?—interrogo el perro sentándose en sus cuartos traseros.
—He estado penando, si encontrarlo servirá de algo, dudo que este aquí.
—Mi señor, es tu decisión, al final del día te voy a apoyar siempre.
—Es solo que es cansado hacerlo todo, ponerlos en el camino correcto o en el incorrecto.
—¿Esta dudando de todo esto que esta haciendo, mi señor?
—Nunca.. las cosas serán como deben ser, así me cueste todo.
—Entonces, ¿Continuamos?
El perro inclino sus tres cabezas, en una reverencia de respeto. Esperando la orden de su amo, él no era un perro común y no lo había aceptado como su amo, solo por ser un can. La tragedia unía sus vidas, el mismo deseo unía sus caminos.
—Dejemos que esos humanos, lo hagan… con ellos morirá el ultimo oráculo—respondió el pequeño cruzando sus brazos —Espero que Zardok haga lo que debe o tendré que deshacerme de él, el problema es que mi otra opción, ya esta muerto—concluyó fingiendo una nostalgia que estaba muy lejos de sentir.
—Siempre puede buscar una tercer opción, mi señor.
—¿Tercera opción?
El perro le explico la posibilidad que él había contemplado, la forma en que podría lograrlo, sin ensuciar sus manos o fatigarse. La idea le parecio excelente.
—Por ahora, veamos como evolucionan las cosas, si vemos que algo falla o va mal, entonces pondremos en movimiento tu plan.
—Bien mi señor, si esa es tu decisión.
—Sabes mi viejo amigo, me apetece ir al mundo mortal… a hacer algunas travesuritas—dijo el niño retomando su camino.
Recordando las muchas veces que provoco grandes desastre, como el incidente de la fabrica de papel. Esa “travesura” había sido por demás satisfactoria, sin embargo el placer no duro mucho tiempo.. El perro lo siguió tranquilamente, le acompañaría ha donde él quisiera ir, hasta la muerte.
“El verdadero rostro del enemigo, no esta donde crees, esta donde no lo imaginas.”
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Editado: 15.08.2026