Un mundo oscuro III
Alexander Bradford, Wayat Preston y Gregor Dulac seguían recorriendo el castillo negro tratando, de no corromperse a cada paso, Alexander revisó una vez más su brújula para orientarse. Solo un oscuro podría ubicarse entre tanta podredumbre y mugre, para los no oscuros, el castillo era un inmenso laberinto.
—Por aquí—índico dando vuelta en un pasillo muy largo y oscuro, la luz azul de la fogata de la Torre de los Dragones no alcanzaba para iluminar aquel terrible lugar.
—Estoy harto de éste panorama—dijo Wayat con desilusión —Deberían contratar a un diseñador de interiores.
—Y colgar al que les decoro—siguió Gregor.
Los te rieron silenciosamente. Alexander se detuvo frente a una pequeña puerta que estaba exactamente a la mitad del largo y oscuro corredor.
—Aquí esta lo que buscamos, esta detrás de esta puerta—dijo Alexander muy seguro de si señalándola pequeña puerta de madera negra.
—¿Qué haremos ahora?
Interrogo Wayat parando se a un lado de él.
—Tienen que convencerlo de ayudarnos—explicó Alexander sin dejar de verla pequeña puerta.
—¿Por qué razón tenemos que hacerlo nosotros?—Interrogo Gregor tanto molesto, aunque más bien lo que estaba experimentando era miedo por enfrentar a su destino, si es que había llegado.
—Porque ustedes aun tienen un vínculo con él—respondió Alexander de modo tajante —Él es humano.
—Pero si a estado aquí tanto tiempo, dejó de ser humano—opinó Wayat incrédulo, recargándose en el muro que estaba detrás de él.
—Un hechizo, es lo que lo mantiene con vida—aclaró Alexander, la búsqueda que había realizado le dio mas de un magnifico resultado. —Yo debo buscar a alguien más.
Concluyó alejándose lentamente de ellos, Gregor y Wayat volvieron a verse.
—Bien, no sabemos nada de él, ni lo que hace o si querrá ayudar, pero debemos hacerlo—comenzó a explicar Gregor tomándola manija de la puerta.
—Esta puerta solo se abre desde aquí, si desean salir utilicen las sombras—indico Alexander antes de desaparecer de vista.
—Esto pinta muy bien—murmuró Gregor tratando de parece sarcástico, aún que no produjo nada en Wayat.
—Si e de morir, que sea rápido—murmuro Wayat empujándola mano de Gregor para abrirla pequeña puerta.
Gregor empujó con calma esta hizo un fuerte rechinido al abrirse. Entraron a la habitación cautelosamente, el lugar estaba oscuro iluminado por unas cuantas velas de flama azul, olía a humedad y a viejo. El lugar era muy amplio, en este se encontraba una mesa de madera y un par de sillas, no había cuadro alguno en sus paredes oscuras.
—¿Quién los ha dejado entrar?—Interrogo una voz un tanto macabra y senil al fondo de la habitación en la zona más obscura, rompiendo el extraño silencio en la habitación.
—Buscamos ayuda—respondió Wayat en un susurro.
—Dígame por qué cree que soy el indicado para ayudar, si ni siquiera están seguros de para que necesitan mi ayuda—dijo el anciano oculto entre las sombras.
—Solo queremos respuestas—respondió Gregor interrumpiendo el macabro silencio que sabía cernido sobre ellos.
—Por esa razón, es que ni siquiera saben, que es a lo que esos inmortales los han enfrentado.
—Solo queremos respuestas, por eso estamos aquí—respondió Wayat molesto.
—Ese es quizá el problema más grande que tiene el ser humano, desde el inicio de su existencia, ignoran lo que buscan, desean lo que no les pertenece y anhelan conseguirlo a cualquier costo—explico el anciano con tranquilidad. —Deberían desaparecerlos a todos.
—Pero somos parte de este mundo—grito Wayat molesto, observando a Gregor que se había quedado en silencio.
—Eso no tienen la menor importancia.
—¿Porque odias tanto a la raza a la que tú perteneces?—Interrogo Gregor tomándolo por sorpresa, minutos después.
—Fui humano alguna vez... tanto tiempo atrás, qué de ello ya no queda nada—respondió el anciano con nostalgia en su voz.
Gregor tomo una de las velas y comenzó a caminar para acercarse a él.
—Naciste con un don único entre todos los humanos, eras especial para todos ellos, acudían a ti... eras la respuesta a la interrogante del mundo... hasta que nació quien todos creen es tu único hijo, éste te arrebató todo lo que poseías... y las sombras cubrieron tu vida, tu alma, tu cuerpo y tus recuerdos—explicó Gregor con tranquilidad acercando la luz al anciano, quien paresia querer esconderse de está.
—No sabes nada de mi—respondió el anciano furioso, estaba recostado sobre una pequeña y vieja cama oculta en el armario sin puertas.
—Conozco tu historia Malaquias, no conozco tus profesias —respondió Gregor muy seguro de si.
Wayat guardaba silencio pues estaba completamente sorprendido de los conocimientos de su amigo, conocimientos que también tomaron por sorpresa a Gregor Dulac. Wayat se pregunto, si eso habría sido resultado del agua de la fuente.
—Jamás ayudaría la raza humana, ellos me traicionaron—dijo Malaquias con la voz quebrada, Wayat se acercó y se sentó frente al hombre, en un banquito que estaba cerca del anciano.
—¿Amabas a tu hijo?—Interrogo Wayat con cautela rompiendo el silencio que se había creado entre ellos.
—Tanto como tú a tu hija.
—No fue él quien te traicionó, fuiste tú, el que se volvió al mundo… el que los dejó en tinieblas—dijo Wayat en tono firme y tranquilo.
—¡Eso es mentira!
Gritó Malaquias furioso tratando de ponerse de pie hasta lograrlo.
—¿Esa fue la razón por la que un Hasselvi y un Zelldre. cuidaron de él?—interrogo con Gregor con cautela observando al anciano, que por primera vez había dejado ver su rostro.
—Jamás lo entenderían—reprocho Malaquias casi en silencio.
Lucia sumamente delgado, con solo unos cuantos mechones de canas mugrosas en la cabeza, unos cuantos dientes y su ropa hecha jirones.
—Explícalo y veremos—pidió Wayat con tranquilidad, Malaquias se sentía un tanto confundido, en mucho tiempo nadie le había pedido nada.
—No recuerdo bien.
—Trata—pidió Gregor acercándose a él, tomándolo del brazo para que se sentara, este sentó en la cama con Malaquias y se quedaron en silencio por un largo rato.
—Como dijiste, yo éra la respuesta a toda interrogante... era reconocido por doquier... mi nombre habría cualquier puerta en el mundo—comenzó a explicar Malaquias, con su voz cansada. —Cuando Slavik tuvo a su único descendiente, a Lukyan. Comenzó el principio del fin de los guardianes, Slavik no quiso escucharme, como podría ser el hijo del más poderoso, el final... mi hijo también podía ver el futuro pero él tenía límites... no podía ver las miles de posibilidades que existen… al cambiar de decisión del presente o el pasado, el futuro también cambia, cada vez que veían los pequeños ojos de Lukyan, podía ver hasta el día en que Triztan lo mataría, incluso pude ver el momento en que un Hasselvi lo sedujo… por este hecho su padre me culpó, mi hijo se había corrompido de poder y lo apoyó... nací bendecido y por ello fui condenado, fui condenado por mortales e inmortales... sin piedad... obligado a vivir encerrado entre estas cuatro paredes... obligado a vivir milenios alejando de mi realidad, de mi gente... de todo—concluyó con un nudo en la garganta, su historia sin duda era muy diferente a la que todos imaginaban. Le habían quitado cualquier motivo, para luchar por el mundo e incluso por si mismo. —¿Que me aria querer ayudar?
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Editado: 15.08.2026