El despertar del corazón sombrío.
Volvió sobre sus pasos, uno cada vez más difícil que el otro, sintiendo aun el mismo temor, que sintió cuando comenzó con esa búsqueda. Regreso al monasterio en la tierra de fuego, en el pasaje de Drake, estaba parada, debajo del viejo campanario, ya tenía las piezas de la espada, ahora debía hacer algo, para lo que no se sentía lista. La mañana era tranquila, el sol iluminaba detrás de unas ligeras nubes que el viento paseaba por el cielo.
El aroma dentro del campanario era a humedad, algo viejo, observo las gruesas vigas de madera con la que estaba construido el campanario.
—Bueno, esto debe ser fácil—pensó Kira suspirando lentamente, nadie le había dicho en realidad como debía proceder ya teniendo las piezas completas.
Reviso una aun las piezas del corazón, no encontró nada que le diera un indicio. Las coloco en el suelo, y dos de ellas le mostraron un patrón, se hincó frente a ellas y comenzó a acomodarlas, hasta que una espada de extrañas piezas estaba frente a ella. Vino a su mente un viejo símbolo utilizado, para convocar a las grandes magias, saco un trozo de carbón negro de las minas de Tinja, dibujo el símbolo en el suelo.
—Del lado derecho la fuerza de los guerreros, el anillo de Itait—decía conforme lo acomodaba con movimientos suaves, sobre el símbolo.—De el lado izquierdo la estrella oscura, el anillo de Devann, en el cuerpo el corazón perdido, la piedra roja de Yalen Erra, en el cuello el alma marchita, el dije Osiria, el cuerpo el Hasselvi caído, la daga de Colt, para su protección, el maldito, el escudo de Sajem—concluyó viendo cada una de las piezas que había acomodado. —Estoy tan asustada—pensó —Pero alguien debe hacerlo.
Suspiro esperando no equivocarse con lo que había decidido era su deber.
—Aquella forjada del poder de los guerreros es incontrolable—pensó suspirando para calmarse, se sentó frente a las piezas que había acomodado en el suelo a esperar. Ya que a cierta hora del día, podría abrir un portal pequeño pero poderoso, un portal del mundo mágico al mundo mortal.
Pudo ver como las sombras que entraban por las ventanas iban cambiando el paso de las horas, cuando llegó la hora se sentía se sentía más tranquila, el campanario era apenas iluminado por unas antorchas que ella misma había colocado. Se puso de pie con calma, parándose frente a las piezas en el suelo.
—Lan nalen deratle alibra nan lan lalire ledn odum, sen lan nale ned lan tiracon… lan gressa itne amaro. ¡Lan raoo nan dolego!—La luna planteada brilla a la orilla del mundo, es la luna de la traición, la sangre tiene aroma. ¡La hora a llegado!—dijo viendo a la campana principal, las piezas que había ordenado en el suelo comenzaron a brillar y a levitar muy lentamente.
Sin darse cuenta detrás de ella comenzó a formarse la figura de un Zelldre., la espada callo de golpe clavándose en el suelo.
—Nen len dospa xintis aune alibrante dylore rihud, ale non edup resc dasmire, xintis nun ralem parek ned rinu odums.—En el pasado existió una brillante estrella que no pudo ser oscurecida, existió un amor que podía unir mundos—dijo el Zelldre. como una voz perversa en el viento, apenas perceptible físicamente. Kira ocultó su miedo y se volvió poco a poco a verlo mientras las piezas siguen flotando.
—Set aune sairasti nat alerj—Es una historia tan vieja.
—¿Geu osubas?—¿Qué buscas?—Interrogo el Zelldre. materializándose completamente, Kira observaba con curiosidad, era el mismo Row Aimus. Quien sentía y controlaba la dirección de la espada, si desidia entregársela, eso lo haría solo él.
—Lam lamne geu resjo—La oscuridad que surge—respondió Kira con tranquilidad, el Zelldre. esbozó una sonrisa.
—Len grinep tolimad set oyt—Él peregrino perdido es tuyo—dijo el Zelldre. señalando la espada, Kira comenzó a sentir un dolor en su pecho y empezó a asfixiarse.
La espada comenzó a girar, las piezas a su alrededor giraban en sentido contrario, Kira cayó inconsciente al suelo con un golpe seco, la espada giraba tan rápido que parecían dos pequeños tornados. Uno dentro del otro, las piezas comenzaron a fusionarse con la espada cubriéndose con una luz oscura muy extraña, en su inconciencia Kira logró ver a Lukyan aún lucía como lo recordaba.
—No te dejes llevar por la ira que guarda la oscuridad del corazón, aún cuando ya no queda nada, aún ahí esperanza, ahora la ahí—pidió Lukyan con voz tranquila acercándose a ella, se puso en cuclillas azulado para ayudar a que se levantara.
—No puedo creer eso, si ya no te tengo—dijo Kira con algo de dificultad casi a punto de llorar, el ruido que producía el arma, era exactamente igual al del tornado.
—Nadie puede huir de su propia sombra, es del mismo modo con su destino.
Respondió Lukyan tomándola mano de Kira para ponerla de pie.
—Esa es historia vieja, y la conozco mejor que nadie.
—Recuerda cuál es la razón por lo que has hecho todo esto.
Lukyan la abrazo, Kira comenzó a sollozar y lo abrazo.
—Lo hice para salvar nuestro mundo, un mundo que compartiría contigo… pero ahora solo sé, que sin ti no podré continuar.
—Incluso para mi es difícil, continuar—le dijo Lukyan dándole un tierno beso en la frente.
—Las sombras del mundo guardan secretos, pero sólo los malditos deberán temer.
—No es por ellos por quien temo, Kira… temo por ti—murmuró al oído del Didrak., dándole la impresión a ella como si le quisiera decir algo más y no pudiera hacerlo. —Ya es hora—rozo la mejilla de Kira, y ella asintió en silencio.
—Estaremos juntos algún día, se que así será.
—Estaré esperándote—respondió Lukyan. —Debes irte.
Kira trató de esbozar una sonrisa pero no lo logró, había hecho un viaje fugas al mundo de los muertos, pero ella no había muerto. Row Aimus la había llevado allí, para protegerla, pues la espada al fusionarse abría absorbido su vida.
—Te amo
Dijeron los dos al mismo tiempo.
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Editado: 15.08.2026