El precio del poder absoluto.
Kira Talin estaba en el campanario a un inconsciente, poco a poco recobró la conciencia, por tercera vez hubo un cambio en ella. Solo que este cambio no fue meramente físico, algo en su mirada lucía diferente. Lentamente se puso de pie, la espada estaba clavada en el suelo donde había caído horas antes, la tomo por el maneral y la levantó. La estaba observando, la fina montura con la que había sido forjada, reconoció que su belleza era equiparable con su maldad.
—¿Te encuentras bien?—Interrogo el monje que había ayudado a Kira entrando en el pequeño campanario, todos en el monasterio sabían lo que la luz que de allí emanaba, significaba —No me atreví a enterar antes, pero quizá necesitarías ayuda—concluyó en tono amable acercándose a ella.
Kira lo veía con los ojos entrecerrados ya que para ella el monje era una luz brillante que iluminaba aquel lugar tan oscuro.
—Tu luz, están inmensas—dijo extendiendo una mano como si quisiera tocarlo.
—Puedes verla porque el mal domina tu ser—explicó el monje con cautela sin demostrar temor alguno.
—Sería tan fácil extinguirla.
—Tú eres más fuerte que ella—dijo el monje con tranquilidad tratando de que ella entrará en razón.
—Si, ahora lo soy—Respondió Kira desvaneciéndose.
Kira Talin regreso a la casa la cual se encontraba aun oculta por el hechizo que Raxus Deiotarus le había dicho que le pusiera. Alguien la observaba y ella lo sabía, extendió su mano como si quitara una frazada sobre un mueble, la casa volvió a ser visible.
—¿Cómo lo hiciste?—cuestiono una voz familiar a su espalda, no esperaba encontrarlo allí, pero pensó que quizá le estaría esperando.
—Eso ya te lo había enseñado.
—Hija, debo hablar contigo—dijo Idrak Nord acercándose a ella, este seguía suplantando a Domenicus Talin. —Te ausentaste por mucho tiempo.
—¿Dónde está su brillo?—pensó Kira ocultando su sorpresa —¿De qué se trata?—Interrogo ella como si en realidad le interesara lo que él iba a decirle, ahora sabía que ese era un impostor.
—Debes saber la verdad—comenzó a explicar Idrak, fingiendo remordimiento —…Yo participé en todo esto… siempre supe que era es mi hija, estaba al tanto de lo que Zardok estaba haciendo.
—¿Qué es lo que estas diciendo?—Interrogo Kira no mostrando la extrañeza en su rostro, de algo que no creía, se preguntaba por que le interesaba que pensara que su padre era un traidor.
—Yo ayude a Zardok para que se llevará Lawrence, yo mate a Julián—respondió Idrak fingiendo una nostalgia que estaba muy lejos de sentir, ella lo observaba con tranquilidad.
—¿Porque decir la verdad ahora?
—Porque tienes el derecho a saberlo.
—Bien, entonces entremos a la casa, aun tienes mucho que aclarar—indico señalándola puerta, comenzando a caminar.
Idrak Nord la siguió hasta la sala en silencio, este creía que su plan estaba resultando de una manera formidable, Kira no había mostrado emoción alguna por la fatal revelación, aún cuando estas solo fuera una vil mentira. En ese momento era incapaz de mostrar cualquier cosa.
—Toma asiento—pidió ella con amabilidad señalando el sofá individual que estaba de el lado izquierdo de la ventana.
—Hija, se que esto no te gusta.
—Mi nombre es Kira.
La severidad en las palabras de Kira lo tomo por sorpresa, guardo silencio un par de minutos antes de continuar.
—Esta bien, Kira, como digas… ahora déjame explicarte—pidió él con calma, ella asintió en silencio —Cuando Kadesh y Lukyan se casaron, Zardok y yo nos enteramos de que sus hijos serían más fuertes que nosotros, pero queríamos el poder para nosotros. Por esa razón nos llevamos a Lawrence, pero no podíamos hacerlo solos, así que recurrimos a Leyna Erra, ella tenía el plan perfecto, fue por ello que hicimos una alianza.
Si ella no conociera parte del pasado, pensaría que esa había sido la historia correcta.
—¿Cómo pudiste?
La interrogante Kira venia acompañada de una furia descomunal, pero no era por lo que Idrak trataba de convencerla, sino al hecho de que tratara de engañarla.
—Lo lamento hija—respondió Idrak poniéndose de pie dejando ver el dije que portaba en su cuello, Kira lo observó con detenimiento.
—Si porta eso en su cuello debe ser él, ¿Pero porque su luz esta oculta?—Pensó Kira observándolo, dudando de si misma —Si el porta el dije, quizá mi padre esta muerto—pensó sin quitar la mirada de Idrak.
Conocía muy bien a Domenicus y decidió no dudar de él, ni siquiera un segundo. Pero este que estaba frente a si, de este si debía dudar.
—Quiero conocer a la mano detrás de las marionetas—dijo ella entre dientes unos segundos después.
—Perfecto—pensó Idrak, imaginando que había mordido el anzuelo. —Claro que si, cuando gustes podemos planearlo para que la conozcas—concluyó con una sonrisa tratando de salir de el lugar lo más rápido posible.
—¡Ahora!
—Está bien—respondió Idrak apretando la mandíbula, para que ella notará el miedo que tenía, desapareció con ella.
La llevó al castillo negro de Thenet, dónde Leyna Erra creía gobernar a voluntad. El lugar estaba casi desierto, cosa que le sorprendió, pero pensó que quizá estaban ocultos por el aterrador amanecer.
—¿Qué es este lugar?
Interrogo Kira sin percatarse de la presencia de Leyna a su derecha, que les había visto llegar, estaban en la entrada del castillo en el recibidor principal, Anette llegó a lugar segundos después, pues había sentido la presencia de Triztan Talin. De una forma sorprendente.
—Esta es mi morada—respondió Leyna con una falsa amabilidad en su voz acercándose a ellos.
—Mi señora, esta es mi hija Kira.
Le presento Idrak soltándola mano de Kira tratando de parecer lo más natural posible, tratando de poner distancia entre ellos.
—Es un placer—dijo Leyna con presunción observando a Kira, esta ni siquiera le dirigió una mirada, dejándola con la mano extendida.
—Es todo suyo—respondió con tranquilidad levantando el rostro. —Tú debes ser la hija de mi ancestro—murmuro caminando hacia Anette ignorando al Leyna, lo que sorprendió a todos.
—Así es—respondió Anette casi en un susurro, viendo el parecido que tenía con Lawrence y con Colt.
—Entonces vete—ordeno borrando la sonrisa de sus labios, clavándola mirada en la de Anette.
—No puedo hacerlo, sola—murmuró Anette tratando de hacerle entender que ese castillo era como una prisión.
—Obtendrás lo que pides Leyna Erra, solo si dejas en libertad a mi familia, a Anette Slavik
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Editado: 15.08.2026