Dos mundos, saga Histria Oculta, Tomo 2

Veintitrès.

Una nueva alianza

Estuvo solo en su oficina casi todo el día, medito lo sucedido, sintiendo un extraño presentimiento. Se preguntaba cuanto tiempo se tardarían en descubrir lo que Lukyan Slavik había encontrado. No podía creer que este, no dijera nada, ni siquiera a Kira Talin. Madaris Laer estaba en el círculo de fuego, salio de su oficina y se dirigió a una plazuela que estaba cerca al edificio en el que siempre se reunían los Vigilantes, donde dormían algunos y utilizaban de hospital.

Estaba charlando con otros Vigilantes, casi quince minutos antes de dirigirse al auditorio, donde daría inicio la reunión de emergencia. Con pasos cautelosos se acerco al auditorio, sentía en su corazón que su traición algún día lo alcanzaría. Entro casi en silencio, se paro en el lugar acostumbrado para dar inicio a la reunión. Ya los Vigilantes estaban reunidos y dentados en sus butacas.

—Madaris necesito de tu ayuda—pidió un hombre, acompañado de una mujer. Apareciendo en el lugar, todos lo observaba con curiosidad ya que se veían como mortales, quizá eran Vigilantes, pero nadie les conocía.
—¿Quiénes son ustedes?
—Somos los abuelos de Kira, ¿No nos recuerdas?—respondió Merrik con calma, viéndolo a los ojos.
—Hemos venido en paz—dijo Anette parada a un lado de Merrik, los comentarios y quejas no se hicieron esperar en el lugar.
—¿Qué es lo que necesitan?—Interrogo Madaris acercándose a ellos, como si no quisiera que los demás Vigilantes escucharan esa conversación.

Les había conocido, pero solo a Merrik en su forma humana.

—¿Cuál es tu juego?

Cuestiono Merrik con seriedad viéndolo a los ojos, parando se frente a él. La pregunta del Didrak, llamo la tensión de algunos y los Vigilantes comenzaron a guardar silencio, el Vigilante sintió en la oscuridad que su destino lo había alcanzado, era la segunda persona que le hacia esa pregunta.

—¿A que te refieres?
—Tú ayudaste a Kadesh, para que sus hijos nacieran en un lugar donde no debían nacer. Permitiste que los separan de el resto del mundo, haciéndonos vivir en el exilio... te aseguraste de que todos los que participaron en ese macabro juego este muertos... ayudaste para transformar a Kira—comenzó a explicar Merrik en un tono tan alto que todos los Vigilantes le escuchaban con claridad. Todos los Vigilantes estaban confusos y podía verse la sorpresa en sus rostros, pero no se atrevían a interrumpirlo. —Fuiste parte de todo, lo único que no podrías controlar: era su curiosidad... por ello nos encontró, lo peor es que permitiste que matara lo que más amaba.
—Ignoró de que estas… hablando—respondió Madaris tratando de mostrar una confusión que era obvio no sentía.

La gran mayoría guardaba silencio, pensando en lo que el hombre había dicho. Por extraño que aquello parecía, nadie dudaba de que Madaris Laer pudiera ser capas de ello.

—¡Bien sabes a que me refiero!

Reprocho a Merrik entre dientes, clavando su mirada en los ojos del Vigilante y, acercándose violentamente a él.

—Jamás traicionaría a mi gente, a mi raza—dijo Madaris molesto en un grito, como si esto lo disculpara de todo aquello que había hecho en contra de su propia gente.
—¿Tu gente? Dices… ya no cuentas con el apoyo de Zardok Torbal… y Leyna Erra ya debe estar muerta—dijo Anette con calma, para ese momento aun no se sabía si esto era real. Pero, espero a que las palabras surtieran efecto en Madaris, este estaba sorprendido por la fatal noticia —Despertaron un poder que será implacable, le arrancaron el corazón y esperan que no suceda nada—concluyó lanzando el libro de Torrenz al suelo, este se abrió y comenzó a recorrer sus hojas mostrando el caos en el que mundos estaba convirtiendo.

—¿Finalmente aceptarás tu culpa?

Interrogo Merrik señalando el libro, los Vigilantes estaban entre la confusión y la rabia, por que nadie lo había visto, por que nadie se dio cuenta de ello. Ese era su trabajo observar, pero estaban tan concentrados viendo hacia fuera, que nunca vieron lo que había en casa.

—¿Quién la mató?—Interrogo Madaris en un susurró atrayéndola atención de todos los Vigilantes que se encontraban en el lugar, todos guardaban un aterrador silencio.
—La misma persona a la que traicionaste y entrega a los propósitos de alguien más—respondió Anette de tal manera que parecía que era su sentencia de muerte.
—Kira—murmuro Madaris —¿Qué he hecho?—grito dejando se caer al suelo sobre sus rodillas, el sentimiento de la traición de su líder era abrumador, nadie entendía por que había sido capas de realizar tan atroz crimen.
—Ningún castigo que te sea impuesto será suficiente para pagar tu traición... el dolor y el caos al que nos has condenado—dijo Michelle Soto, acercándose a Madaris, hablaba claramente por todos los Vigilantes presentes. —Los preceptos que seguimos durante siglos, ya no serán necesarios—concluyó con una evidente desilusión en su voz. —Tu vida ya no es necesaria para este mundo.

Con esta simple frase, Michelle lo había desterrado del clan de los Vigilantes, su inmortalidad le había sido retirada.

—Todo lo hice por… amor—comenzó a explicar Madaris tratando de justificar su culpa —Pero Julián jamás me amaría, ni me vería como veía a Domenicus... así que hice una alianza con Leyna... pero ella ya estaba involucrada con Zardok... Leyna había planeado todo, me prometió que Julián sería para mí... él fue, fue Zardok quien la mató... él a sido la mano detrás de todo... el resto solo somos sus marionetas—concluyó con nostalgia, entre sollozos, ya no tenia caso que guardara silencio, ya no tenia a quien seguir protegiéndolos. Pero aun cuando el cayera, ellos no caerían con él.

—¿Qué es lo que pretenden?—Interrogo Anette viéndolo a los ojos.
—Imagina al Grimma controlando el poder de dar vida y muerte a ambos mundos, las criaturas aterradoras que podría crear con el único fin de divertirse...—respondió Madaris, los murmullos de desesperación no se hicieron esperar.
—Entregaste a la persona que amabas, entregaste el destino de tu gente, de tu mundo y de un mundo al que no perteneces, ayudaste al Grimma a terminar con todos... y los Rosseliu con el poder para detenerlo están perdidos—dijo Jair Omaisis poniéndose de pie y acercándose a ellos. Madaris Laer estaba hincado en el suelo, ante la mirada de odio de todos los Vigilantes y los dos Didrak que estaban allí. —Has condenado la vida de cualquier mundo.
—¿Qué es lo que haremos ahora?—Interrogó Michelle furioso señalando a Madaris, un par de minutos después.
—No… lo se—respondió Jair reflejando la frustración en su rostro, su mirada iba de un rostro al otro, entre la gente con la que había crecido y vivido desde su nacimiento.




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