Dos mundos, saga Histria Oculta, Tomo 2

Veinticinco.

El mundo...

El mundo era un inimaginable caos, los centros de oración estaban abarrotados día y noche, no había paz... los niños inventaban nuevos juegos entre la desesperanza y la inmundicia del mundo. Las fronteras entre naciones habían desaparecido, en los rostros de cualquier humano podía verse la desesperanza y el temor, familias enteras habían sido desaparecidas o separadas a causa de esa guerra, una guerra a la que sentían que no pertenecían. Pero como podrían creer otra cosa, si desconocían parte de su magnifica historia. Las cosas eran peores que cuando las guerras humanas, y todo se resumía a una sola cosa, magia.

Ni siquiera aquellos que caminaban por los parajes ocultos de la magia, podrían haberse imaginado que su vida cambiaría de ese modo. Ambos mundos se habían fusionado de un modo tan rápido, que la única forma que los mortales tuvieron para reaccionar fue con sus armas.

Los heroicos ejércitos de todas las naciones, salieron a las calles para tratar de proteger a su país y a su gente. Muchos no tuvieron la oportunidad, siquiera de disparar su arma, o de salir de los transportes militares. Muchos, demasiados inocentes murieron en aquella difícil transición, los días se habían vuelto noches, cada puerta que se habría era un portal a la oscuridad, a la desesperanza. Cada vida segada, mortal o inmortal, creaba un lugar de maldición, dolor y caos.

Si algún día el mundo llegase a levantarse de todo ello, seria casi imposible reconstruir todo como estaba. Pocos eran los que se sentían capaces, y en la obligación de hacer lo que fuese para proteger a los inocentes. Estos fueran humanos o no.

—Ven hija—decía Laura Preston a su hija Christine de seis años de edad, bajando las escaleras del sótano, de su casa para ocultarse del caos infinito, en el que su vida se había convertido. —¿Dónde estas Wayat?—pensaba ella angustiadas abrazando a su hija, estaba sentada en una esquina en medio de las sombras, esperando a que todo el caos se terminará y el mundo regresar a su calma habitual.

Aún que en su corazón, Laura sabía que eso jamás pasaría pues una venda había caído de los ojos de la humanidad.

—¡Aquí huele a carne fresca!—gruñía una voz que sonaba un tanto grotesca —Todos los humanos deben morir—concluyó apareciendo frente a ellas, ambas gritaron asustadas al ver al Wizdart, que lucia aterrador.
—¡Silencio!—gritó el Wizdart oscuro haciendo un ademán con su dedo.
—¡Por favor no nos dañe!—pidió Laura entre sollozos, abrazando con mas fuerza a su pequeña.
—Claro que no voy a lastimarte... mucho—respondió con una sonrisa macabra, Laura abrazaba a Christine tratando de calmarla, le tapaba el rostro para que no pudiera ver a su verdugo.

Él Wizdart apuntó su báculo hacia ellas cuando lanzó un rayo que rebotó en un campo de fuerza.

—¿Qué demonios?
—Estos humanos no te pertenece—dijo una voz en el viento que se escuchaba amenazadora, Laura se encontraba entre el terror y la esperanza.
—¿Quién eres tú?—Interrogo el Wizdart volviéndose a verlo furioso.
—Tu peor pesadilla—dijo Merrik Hawthorn apareciendo frente a él, congelándolo en cuestión de segundos. —Ya no dañaras a nadie—concluyó el golpeando el cuerpo congelado del Wizdart, este se rompió en miles de pedazos cayendo ruidosamente en el sótano.

Con calma se volvió a ver Laura y a Christine, quienes estaban notablemente alteradas. No podía volver a su forma humana, temía alterarlas más. Había estado rastreándolas por un tiempo, pues conocía a su esposo, y este alguna vez les había hablado de ellas. Pero tenia que llevárselas consigo, antes de que otra amenaza entrara en la casa.

—Por piedad, no nos haga daño—pidió Laura con lágrimas en los ojos tratando de ocultar el rostro de su pequeña Christine.
—Jamás lo haría, vine a ayudarte—respondió él acercándose a ellas, poniendo su mano en el hombro de Laura desapareciendo con ellas.

Las llevó a Codam, en el subsuelo de esa ciudad los híbridos habían construido una ciudad donde podrían refugiarse todos aquellos quién es lo necesitaran, era la única forma que tenían de proteger a la raza humana por el momento. Laura y Christine estaban sorprendidas, por vez primera habían respirado con tranquilidad desde que todo eso comenzó. Veían con calma aquella hermosa y oculta ciudad.

—Debo volver—dijo Laura casi en silencio viendo los ojos extraños de Merrik. —Tengo que buscar a mi esposo—su voz era casi en un murmullo, pensando en la posibilidad de que no volvería a ver a Wayat.
—Si vuelves memorias—opinó Merrik tratando de tranquilizarla observando a la pequeña Christine. —No debes dejarla sola.
—Mi esposo aún está en algún lado… tengo que encontrarlo—dijo Laura intranquila abrazando a su pequeña, esta había recargado la cabeza en el hombro de su madre, como si presintiera lo que estaba por venir.
—No te preocupes, yo mismo lo buscaré—propuso Merrik tratando persuadirla, ella no podría encontrarlo en medio de aquel caos. —Descansa—pidió él.

Antes de partir le mostró algunos de los apartamentos vacíos que estaban debajo de la tierra, en los cuales podrían tratar de rehacer su vida.

—Bien, creo que esto será lo mejor—dijo Laura tratando de calmarse, camino con calma hasta una de las viviendas, se detuvo en la puerta y se volvió para ver a Merrik, este la observaba con tranquilidad. —Gracias—murmuro en silencio, Merrik asintió esbozando una tierna sonrisa.

Laura Preston serró la puerta tras de si, Merrik se volvió, sintiendo que el trabajo que estaban haciendo era insuficiente.

—Debemos encontrar a Kira—sugirió Zoe acercándose a Merrik después de que Laura se había ido. Lo había estado esperando desde hacia rato, con todo lo que había por hacer no tenían tiempo de charlar.
—Lo sé, pero creo que ella no deseas ser encontrada—respondió Merrik volviéndose hacía Zoe Catbad.
—Entiendo, se dice que ella y esa espada son peor que él Grimma mismo, de ser así estamos perdidos—susurró acercándose más a él, Merrik la tomo entre sus brazos para tratar de tranquilizarla.
—Ella no se rendirá tan fácilmente, no es como los demás, además... nuestra sangre corre por sus venas—respondió Merrik Hawthorn con nostalgia en su voz atrayéndola más.




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