Ayuda.
Tohund estaba sumergida en la oscuridad de media tarde, el frió era soportable y la soledad de la ciudad era aterradora. Wayat Preston y Gregor Dulac salieron del castillo negro, utilizando las sombras como les había dicho él Vigilante. Se sentaron en el césped, entre los árboles a esperar a que Alexander Bradford regresara. Deseando que no tardara demasiado.
—¿Como reuniremos algo de cada raza?
Wayat estaba sumamente preocupado observando a Gregor.
—Me preocupa más, aquel que controla su destino—respondió Gregor recordando las últimas palabras de Malaquias volviéndose a ver el castillo en silencio, a esperar al Vigilante...
Este se encontraba en una de las cinco torres del castillo, que formaban un pentágono, en la torre sur en el último piso de la torre, las ventanas estaban serradas evitando la vista desde el exterior, en el castillo eran pocos los que habitaban, la mayoría andaba por el mundo haciendo de las suyas.
—He venido por todo lo que esta ocurriendo—dijo Alexander molesto, abriendo una gran puerta de color marrón oscura. —Estoy aquí porque te necesito—concluyo tratando de calmarse acercándose a una joven muy parecida a él.
—No puedo ayudarte, no te das cuenta de que el mundo ya es un caos—respondió la joven con tranquilidad, volviéndose a verlo.
—¡Entonces todo lo qué me has enseñado son mentira!—protesto Alexander con sarcasmo acercándose a ella.
—No hermano, eso jamás—reprocho ella viendo a los ojos de Alexander Bradford rozando con su mano la mejilla de él.
—Por favor Trea—pidió tomando las manos de su hermana, ella había nacido el mismo día que él, solo que había nacido muerta y un Zelldre, la trajo a la vida, a ella nombraron Trea, ya que en lengua antigua es "la dama que pertenece a la muerte".
—¿Qué es lo que quieres?—Interrogo Trea sin querer hacerlo, sabía que ya no le quedaba otro camino por seguir.
La habitación dentro de la torre, podría haber sido la de un digno soberano, de la época de los reyes humanos.
—Los mapas de las ciudades oscuras, que resguardan aquí.
Pidió Alexander con amabilidad señalando un viejo ropero de color ocre, que estaba al fondo de la habitación.
—¿Qué es lo que buscas?—Interrogo Trea con cautela, soltando las manos del joven y cruzando sus brazos.
—Aún no lo sé, alguien me esta ayudando.
—¿Y crees qué ese alguien lo sepa?—Interrogo la Vigilante con tranquilidad observando los ojos azul grisáceo de su hermano.
—si Trea, se que uno de ellos dos sabe, pero aun no se cual—respondió Alexander muy seguro de lo que decía, aun desconociendo lo que había sucedido con los humanos.
—Tu amiga mató a mi huésped y la verdad vagar por este castillo sola es cansado, así que lo mejor será que vaya contigo... por si necesitas que te cuide—explicó Trea con sarcasmo y esbozando una tierna sonrisa en su rostro.
—Bienvenida hermana—dijo Alexander tomándola mano de Trea dándole un pequeño tirón para acercarla a él, abrazándola.
—Hace tanto tiempo, que no hacemos nada juntos.
Le comento Trea abrazando a Alexander, se habían separado desde que ella se volvió Vigilante de Ler Taranis, hacia mas de siete mil años y pocas veces coincidían en las reuniones en Tellmon.
—Es hora de trabajar—concluyó ella soltándolo unos minutos después, le dio una palmada en la espalda y se dirigió al viejo ropero de color ocre.
Abrió las puertas y en el último cajón tomo un libro muy antiguo, forrado de piel blanca.
—Creo que Ler, ya no va a necesitar esto—comentó con sarcasmo serrando el cajón, se puso de pie y cerró las puertas de el pequeño ropero color ocre.
Camino con su hermano hasta la puerta de la extraña habitación, ella se volvió a ver por última vez ese lugar que para ella había sido tan especial. Salieron juntos del castillo, al valle que le rodeaba. Con cautela se acercaron a Gregor y a Wayat, que los esperaban sentados en el césped de un color oscuro indefinido.
Trea Bradford vio algo familiar en Gregor Dulac pero no pudo descifrar a ciencia cierta que era.
—Chicos ella es mi hermana Trea—presentó Alexander con calma, Gregor se sintió apenado cuando sus ojos se encontraron con los de ella. —Ellos son Gregor y Wayat—. Señaló respectivamente.
—Un placer—dijo Wayat con una amable sonrisa.
—Mucho gusto—respondió Trea con calma.
—Bienvenida—continuo Gregor con la seriedad que lo caracterizaba, viéndola con curiosidad.
—¿Lo encontraron?
Interrogo Alexander atrayéndola atención de Wayat y Gregor.
—Si... y era el padre de Torrenz—comenzó a explicar Wayat, dándose cuenta que Gregor no quería hablar —De acuerdo con lo que nos dijo, todo lo que su hijo predijo era en mucho una mentira… él nació con ese don, lo heredo de Malaquias... de algún modo se las arregló para que todos olvidarán el nombre de su padre y temo que quizá él esta involucrado en todo esto—concluyó Wayat sintiéndose un tanto triste, por lo que le había tocado a su amigo, enterarse de que el era el ultimo de su especie.
—Este mundo se creó sobre mentiras y traiciones—dijo Alexander desilusionado a recordar todo lo que había vivido a lo largo de sus más de diez mil años de vida.
—Él no, nos dijo más, pero creo que debemos encontrar el libro de Malaquias—opinó Gregor rompiendo el silencio incómodo que se había cernido sobre ellos, unos segundos después.
—Quizá el padre de Kira.
Murmuro Wayat con cautela, poniéndose de pie.
—Claro, él es de los más antiguos—dijo Alexander meditándolo un poco —Pero temo que, al igual que Kira está desaparecido.
—Creo que estamos solos—apremio Trea con desilusión viendo a los tres hombres, su sentido del humor era demasiado negro.
—Debemos reunir un objeto de cada una de las razas de ambos mundos... y acudir con aquel que controla su destino... solo él podrá formar la caja que contendrá al Grimma—explicó Gregor con cautela tratando de entender quién podría ser aquel que controlar su destino, se puso de pie a un lado de la Vigilante.
—¿Aquél que controlar su destino?
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Editado: 15.08.2026