Recuerdos.
Triztan Hawthorn se encontraba en su habitación, sentada exactamente en el centro de la cama, las luces de la habitación iluminaban tenuemente, las cortinas de su habitación oscuras no permitían que la luz del sol penetrara. Estas contrastaban con las paredes y los pisos de madera clara. Cada día que pasaba trataba de recordar todo respecto a su vida anterior, se recostó en la cama y se quedó dormida en poco tiempo... sus sueños eran escenas de su pasado, solo que no reconocía a ninguno de los rostros que en ellos veía, comenzó a soñar con una de las tantas noches que compartió con Lukyan Slavik, solo que para ella no tenia nombre.
Ella podía verse así misma sentada en el centro de la cama, como había estado horas antes con las piernas cruzadas, con una pijama azul cielo y detrás de ella, el Zelldre de color cobre sentados cepillando su extraño cabello.
“—Este color de cabello, te queda mejor que el rubio que habías traído—murmuro con sarcasmo pasando el cepillo por el cabello de la Didrak. —Muy gracioso—decía ella volteando un poco el rostro, para verlo. —¿Qué le haces a mi cabello?
Interrogo con curiosidad, viéndolo con un mecho de cabello entre sus dedos.
—Te hago una pequeña trenza, pues si algún día por alguna extraña razón decides olvidarme, no lo logres—respondió él con una sutil sonrisa viendo los ojos plateados de ella. —¿Porque razón querría olvidarme de ti?—se dio vuelta sentándose frente a él, entre las piernas de Lukyan. —No lo sé, todo es posible—respondió con una extraña sonrisa, ella sonrió también, de algún modo se sentía feliz y tranquila.
De pronto su sueño fue oscurecido, llevándola a ese trágico momento que había vivido.
—Ni siquiera así podrás ganar—dijo Lukyan entre dientes, sabiendo bien lo que hacia sin poder detenerse. —No quiero… ganarte—respondió ella clavando una daga en el corazón de Lukyan —Ni siquiera quiero perderte.
Sintió cuando calló el suelo en con un golpe seco.
Él Zelldre se dejó caer sobre sus rodillas, el hechizo de Leyna se había roto. Ella en ese momento solo podía observar, sin hacer más que eso.
—¿Por… que?—Interrogo Lukyan observando la los ojos. —Era necesario—respondió con un nudo en la garganta, retirándola daga de Braxas de el cuerpo casi moribundo de el Zelldre. —No quiero dejarte sola—murmuro Lukyan recargándose en el regazo de ella con lágrimas en los ojos. —Jamás me dejarás... además siempre poder recuperarte—dijo rozándola mejilla de el Zelldre con una sonrisa que estaba muy lejos de sentir. Las lágrimas llegaban con rapidez a las comisuras de sus labios. —…Te amo—dijo Lukyan con dificultad respirando cada vez más forzadamente. —Igual yo—poco a poco Lukyan dejo de respirar, ella lo recostó en el suelo y lo vio por última vez.
Pese al sueño tan doloroso, no despertó, se quedo en el lugar observando el cuerpo del Zelldre.
—No dejes que la oscuridad te domine, ni que el Grimma se lleve lo único que nos une—decía Lukyan acercándose con calma, desde otro lado, el cuerpo de este seguía en el mismo lugar. —¡Estás muerto!
Dijo en grito ahogado, volviéndose a verlo.
—Solo tú puedes traerme de regreso, evita que el Grimma se a podré de mi—respondió él desvaneciéndose intentando rozar el rostro de ella. —¡No!—grito ella asustada, tratando de evitar que este desapareciera.”
Este gritó la despertó, cuando se dio cuenta estaba de pie en el centro de la habitación, su respiración era agitada. Con rapidez se llevó la mano a la nuca y entre el cabello descubrìo una pequeña trenza, sorprendida volvió haberse al espejo.
—Él dijo la verdad—murmuró observando la pequeña trenza, preguntándose quien era ese Zelldre. —¿Quién dijo la verdad?—Interrogó Zardok confuso entrando en la habitación, con rapidez. —Nadie—respondió Triztan soltando la trenza, volviéndose a verlo, respiraba con rapidez —¿Qué haces aquí?
Interrogo unos segundos después con furia en su mirada.
—Te oí gritar—respondió Zardok fingiendo interés, aún que en realidad lo movía la curiosidad de saber todo lo que era respecto a ella para descubrirse y si es que estaba recordando algo —¿Pasó algo amada? —Nada, ahí algo que debo hacer—respondió caminando hacia la puerta, tomando su chamarra del perchero que estaba a un lado de la puerta. —No tardes—pidió Zardok con amabilidad, cediéndole el paso, sintiendo como la frustración crecía, la observo salir casi en silencio.
Podía escucharse el rechinido de sus dientes, provocado por la ira. Triztan salió de la habitación alejándose de él rápidamente, tenia una ligera idea de que hacer, pero eran demasiadas interrogantes aun.
—¡Se me está acabando la paciencia Zardok!—decía el Zelldre con la voz extraña, clavando su mirada en el suelo. —Solos se paciente, solo un poco más—pidió asimismo. —¿No será que a quien debo poseer es… a ella?
Interrogo volviéndose al espejo observando su verdadero rostro, del otro lado, era el rostro del Grimma.
—No te fallado nunca, solo confía en mi.
Pidió Zardok viendo los ojos blancos del otro lado del espejo.
Triztan se guió por los vagos recuerdos que había recuperado, por las pocas cosas que había investigado. Logró regresar a su casa, esta lucia como si hubiera estado abandonada por mucho tiempo, el pasto estaba amarillento y muchas de las plantas se habían secado.
El polvo se había apoderado de todas las cosas en el interior de la casa, eso le daba un aspecto de abandono terrible, aun cuando solo habían pasado algunos años. Todo le parecía familiar pero no lograba reconocer absolutamente nada.
—Esto es frustrante—dijo para sí, entró a la casa con calma revisando cada una de las habitaciones, en la biblioteca encontró su viejo libro.
Lo tomo con cuidado comenzando a hojearlo. Se sentó en la vieja silla de su escritorio, un pequeño sobresalto le abordo cuando se encontró la foto de Domenicus Talin, estaba sentada en su diván observando la pequeña foto. Busco información sobre él, pero no encontró ningún indicio de que fuera su enemigo.
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Editado: 15.08.2026