Once, Los Rosseliu, Onix Jahel
Había pasado mucho tiempo desde que Triztan Hawthorn había decidido buscar respuestas, había viajado a la ciudad de Balbek, una de las pocas ciudades que se encontraban enteramente en pie. Aún que no entendía porque muchos de los que la reconocían la observaban con odio. Nadie paresia querer responder a sus interrogantes.
Siguió caminando con calma por las calles de aquella ciudad preguntándose, la razón que la había llevado hasta allí. Ni siquiera le importaba las miradas de odio, de los que estaban ahí presentes. Llego al final de la calle principal, donde estaba un cementerio muy antiguo.
—¿Qué es lo que estoy buscando?—Interrogo Triztan entre dientes observando el viejo cementerio. —¿Tú pasado quizá?—Dijo una voz muy extraña de un ser que estaba parado a su izquierda. —¿Quién eres tú?
Interrogo Triztan volviéndose a verlo con rapidez, reconociéndolo rápidamente, gracias a los recuerdos de padre y madre.
—Uno de los 13 Rosseliu que aún caminan por este mundo, lleno de caos—respondió él.
Triztan ni siquiera se sorprendió, todo aquello que había leído sobre él y lo que recordaba, de este lo único que sabía es que habían desaparecido sin dejar algún rastro.
—¿Cómo puede ser Rosseliu si he visto más pegasos como tú?—Interrogó Triztan sin acercarse al pegasos de color negro, con presunción este estiro sus alas sacudiendo las un poco y volviendo las a acomodar en su lugar. —Porque yo fui el que los creó—respondió el Pegaso extendiendo sus alas una vez más —Mi nombre es Onix Jahel—concluyó haciendo una reverencia con su cabeza, doblando una de sus patas y estirando la otra, con el único fin de inclinar su cuerpo un poco. Era una reverencia de respeto. —Mi nombre es…—dijo Triztan tratando de recordarlo, que aun cuando la llamaban así todo el tiempo, no lo recordaba con facilidad. —Triztan Talin Hawthorn, te conozco desde el inicio de tu tiempo—respondió Onix Jahel interrumpiéndola, tomándola por sorpresa, ella no esperaba un nombre que incluyera el apellido Talin. —¿Talin? ¿Tiene relación con Domenicus Talin?
Onix Jahel la observo con detenimiento, pensando en si debía o no responder esa interrogante, después de todo él no había ido con ella a hablar de su familia.
—¿Porque tengo el presentimiento de que ahí algo que vas a decirme, pero que no tiene relación con él?—Dijo Triztan ocultando su furia detrás de una amable sonrisa. —Tienes razón, yo quiero hablarte de un amor tan antiguo como el tiempo mismo—respondió Onix Jahel con calma, acercándose a ella, la cuidad estaba tan silenciosa que podía escucharse el casco de las patas del pegaso sobre el suelo. —Ellos murieron hace tiempo y su recuerdo vive en mi—reprocho Triztan molesta tocando su cabeza con un dedo como si entendiera lo que Onix Jahel estaba por decirle. —¿Y quién te dijo que es de los padres de los seres mágicos de quién voy a hablarte?
Interrogo el pegaso caminando en dirección a cementerio.
Triztan lo siguió con cautela observándolo con curiosidad, éste la guió hasta el final del cementerio a una tumba muy hermosa y que se notaba era reciente a comparación con el resto de las tumbas que estaban en el lugar.
—¿Sabes quien reposa ahí?—Interrogo él pegaso volviendo la mirada a Triztan, ella leyó el nombre en la lápida. —No le conozco—respondió Triztan desconcertada pues el nombre lo había leído en un libro apenas hacia un par de horas, además que sabía de él, pero no el porque era importante, en todo eso. —Su nombre era Lukyan descendiente de Slavik, un Zelldre puro, que fue seducido por un amor prohibido... dejo su mundo, su raza, su familia, su hogar por seguirlo, caminó por lugares donde no era bienvenido... peleó por ser aceptado en un mundo donde no era aceptado, hasta que logró ser respetado. Logró incluso que ellos olvidarán sus orígenes al igual que el mismo.
La explicación del pegaso era tranquila y simple, solo estaba acentuando los precedentes de lo que iba a decir.
—Esa es una tierna historia—comento Triztan con desinterés, sin entender una sola de las palabras del pegaso. —Y no es todo—respondió Onix Jahel —Alguien a quien ya conoces. Elaboro todo el plan para hacerlo caer, asegurándose de que regresará a la inmundicia de donde había nacido, solo ahí encontró la fuerza para pelea de nuevo y vivir solo por vivir... hasta que te encontró a ti.—concluyó con calma, Triztan volvió la vista a la lápida con lágrimas en sus ojos, recordando el sueño que había tenido, algo en su interior se rompió. —¿Quién fue él en mi vida?
Interrogó Triztan confusa casi a punto de llorar, entendiendo que ella misma lo había llevado a donde se encontraba ahora.
—Eso ya lo sabes… lo que ignoras, es que para él lo eras todo. Él te amo desde antes incluso de que existieras, ha sacrificado mucho de su vida, por mantenerte a salvo. Es por él y solo por él... que este mundo no se ha perdido, pero no es por que él haya sido uno de los seres más poderosos, por lo que es importante... Pero creo que eso no lo es todo, el dio su vida para salvarte, en más de una forma… solo tú puedes salvarlo... y salvar a lo que ahora es un solo mundo—respondió Onix Jahel extendiendo sus alas, y sacudiendo un poco la tierra de sus patas. —¿Como puedo salvarlo, si ni siquiera creo poder salvarme?
Interrogó Triztan con temor en su voz por la por simple respuesta de Onix Jahel. —Ni siquiera se quien soy...
—Eso sólo lo descubrirás continuando tu búsqueda, sigue buscando tu destino, recupera tu memoria—respondió el Pegaso extendiendo sus salas y despegando sus patas del suelo alejándose un poco de ella. —Espera—pidió Triztan tratando detenerlo con un tono amable en su voz. —Me estas diciendo que Zardok Torbal me mintió. —Mi tiempo se terminó, pero se que harás lo correcto. Escucha bien, lo que tu corazón te dice, la razón es guiada por el mal—respondió Onix Jahel con un tono de voz un tanto dulce.
Triztan lo observó partir, sabiendo que el dolor que su corazón sentía constantemente, era por la perdida de Lukyan Slavik.
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Editado: 15.08.2026