Los Rosseliu, Maylor.
El pasado le pedía que regresara a aquel lugar que había abandonado, donde su corazón había encontrado un nuevo camino. Triztan Talin regresó a la que por muchos inviernos fue su casa; estaba parada en el recibidor, todo estaba tal y como lo recordaba. De pronto pudo ver escenas de su pasado que le gustaría volver a vivir. Su memoria había vuelto y el problema es que con ella había regresado el dolor y la desesperación por no tener a su lado a Lukyan Slavik.
—Ahora entiendo por qué no utilizaba el control del tiempo a voluntad —pensó Triztan con calma viendo la puerta de la sala, esperando a que esta se abriera y detrás de ella saliera él.
Pero esto nunca pasó. Volvió su rostro a la biblioteca; como atraída por la habitación caminó hasta ella, la luz dentro estaba encendida. La puerta estaba casi cerrada; se acercó con cautela, con la mano derecha abrió un poco la puerta y con la mano izquierda colocada sobre el maneral de la espada. Abrió la puerta lentamente, escuchando el rechinido de las bisagras de metal. El ruido pudo escucharse en toda la casa, rompiendo el abrumador silencio.
—Pensé que no regresaría nunca a este lugar —dijo la dulce voz de una joven desde el interior de la biblioteca, una voz familiar, pero desconocía de quién se trataba.
—¿Quién eres tú? —interrogó Triztan viendo a una mujer de larga cabellera roja como el fuego, de piel dorada, con un atuendo un tanto extraño en colores amarillo, rojo y naranja, que asemejaban plumas de una hermosa ave.
—Bien sabes quién soy —respondió la mujer dejando ver sus extraños ojos amarillos, como los de un fiero halcón.
—Siempre creí que solo eras una ave, que se quemaba a sí misma una y otra vez —dijo Triztan un tanto desconcertada acercándose a ella, sintiéndose un poco más tranquila.
—Puedo tomar cualquier aspecto que amerite la ocasión —corrigió la mujer con una sutil sonrisa viendo a Triztan, con una mano en su cintura.
—¿Qué te ha traído a este lugar, Maylor?
Interrogó Triztan con cautela parándose frente a ella, imaginando cómo sería ser un ave como ella y escapar de ese mundo.
—Me han traído las cenizas de tus ancestros, y un presente de tus hermanos —respondió Maylor con un atisbo de nostalgia, sintiendo un poco de pena por ella—. De algún modo todos los que has amado ahora son polvo.
—Esa es una historia muy vieja.
—Debes saber que en ocasiones no hay manera de regresar a alguien a este mundo, aun cuando tengas el poder para hacerlo —dijo acercándose más a Triztan.
Las palabras de Maylor la tomaron por sorpresa; se preguntó a qué poder se refería exactamente.
—Él vivió su vida como deseó hacerlo; fue traicionado y traidor, cambió el rumbo de su propio destino, fue bendecido con un don único y por ello condenado, arrastrando consigo a todos y cada uno de sus descendientes —explicó con calma.
Triztan la observaba de un modo un tanto extraño; lo que ella estaba relatándole no le era familiar hasta el momento.
—Él dio su vida por mí —dijo Triztan interrumpiéndola, después de que comprendió a quién se refería, sabiendo de quién era esa pequeña historia.
—Él dio su vida incluso por sus enemigos, pero aún hay algo que ignoras de él… en realidad él controla su propio destino, él ha decidido cómo será el curso de su vida y su propia muerte, su poder está más allá de todos... Fue elegido por su sacrificio —explicó Maylor viéndola a los ojos y colocando sus manos sobre los hombros de Triztan.
—¿Él controla su propio destino?
—Fue él quien forjó la primera prisión; fue el único con la fuerza necesaria para hacerlo.
—Es él a quien he estado buscando —murmuró Triztan con lágrimas en los ojos, pues había encontrado una de las piezas claves de ese inmenso rompecabezas, pensando en que nunca imaginó que en este encontraría lo que había estado buscando.
—Él algún día ya no será uno de nosotros —dijo Maylor transformándose en una hermosa ave con su plumaje de fuego; sus bellos ojos negros la observaban.
—Él está muerto —susurró en un suspiro. Lo último que lograba recordar de este fue el momento mismo en que lo atacó—. Creo que yo provoqué su muerte.
—Le salvaste, como debías hacerlo; le ayudaste a renacer —respondió Maylor. De las plumas de sus alas caía un fino rocío de fuego cada vez que aleteaba.
Hizo una reverencia de respeto con su cabeza desapareciendo en un tornado de fuego. Triztan se quedó sorprendida con la mano en el corazón en medio de la habitación con lágrimas en los ojos.
—Dijiste que regresara aquí y así lo hice —dijo una voz muy familiar para ella a su espalda.
—¡Domenicus! —murmuró dándose vuelta esbozando una tierna sonrisa y se acercó a él con rapidez.
Muchas veces había repasado lo sucedido aquel día con la esperanza de que no hubiese fallado y estuviese con vida.
—Jamás te dejaría sola en estas horas tan oscuras.
—Creí haber fallado…
—Ese truco fue excelente —respondió Domenicus con una sonrisa en los labios y lágrimas en los ojos—. No sabía que un Didrak podía usar la magia de ese modo —concluyó con sarcasmo viendo los ojos de su hija, limpiando los ojos de esta con sus pulgares.
La observaba con detenimiento y, pese a lo diferente que era, en su mirada encontró la dulzura de aquella joven que tanto amaba.
—Te observo y me doy cuenta de que eres mucho más fuerte.
—Debe ser la espada —respondió Triztan esbozando una sonrisa, sintiendo que quizá todo sería un poco menos difícil estando él junto a ella.
—No, esa eres tú… ¿Puedo preguntar algo?
—Sí, claro.
—¿Tu memoria, cómo sucedió? —interrogó Domenicus en un susurro. Ella había vuelto a ser la misma mujer que recordaba y reconocía.
—Un oráculo, el último —respondió Triztan con cautela. Pero ambos sabían que ellos no tenían el don de hacer recordar a quien lo necesitara—. Él me ayudó.
—Pero ellos… en este mundo ya no hay más —reprochó el Hasselvi con una voz amable, rozando la mejilla de su niña.
—Encontré al último; este me permitió usar su poder para ver qué había detrás de mi historia —respondió Triztan esbozando una tierna sonrisa parada frente al Hasselvi—. En tu ausencia han pasado demasiadas cosas, padre.
—Pero Triztan —reprochó Domenicus con ternura en su voz y una lágrima en el rabillo de su ojo.
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Editado: 15.08.2026